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domingo, 23 de mayo de 2010

SÍMBOLOS INTOLERANTES EN UNA TOLERANTE DEMOCRACIA


Placa colocada en la iglesia de Liencres (Cantabria)





Torre de la iglesia de Liencres donde la santa madre iglesia tiene colocada una placa en memoria de "sus héroes".



Los que en tiempos del dictador peleábamos contra él, tratando de hacerle la vida un poco más incómoda y creíamos que, tras superado este fatal periodo, vendría una ruptura política y la instauración de una verdadera democracia, no podemos dejar de sorprendernos al observar cómo hoy –después de treinta y cinco años de la desaparición de Franco- aún se exhiben, en determinados lugares del estado, símbolos que representan aquella terrible dominación y que atentan contra los más elementales principios democráticos, además de ser una descarada afrenta contra los ciudadanos que perdieron su vida defendiéndola.

Cuando una democracia nace cautiva, jamás llega a situarse en los niveles mínimos que la ocasión requiere, y esto es lo que ocurre con la nuestra. Primero atemorizada por las botas de los militares que la vigilaban impacientes. Más tarde, por la dirección que imprimían a ésta una serie de políticos responsables de gobernarla y que creían bien poco en ella, con lo cual, el tiempo fue transcurriendo sin que se prodijera en el país un verdadero cambio. Los responsables de la terrible dictadura quedaron impunes y, desde organizaciones políticas, instituciones militares y jurídicas, etc., siguieron y continúan conspirando contra todo lo que supone un avance en la consecución de un verdadero sistema democrático.

¿Culpables de esta situación? Sin duda alguna, los políticos responsables de la dirección del país, sin olvidar la culpa que nos atañe a nosotros por la tolerancia que mantenemos hacia estos símbolos que nos pueden parecer, en principio, insustanciales, pero que para los que nos gobernaron a base de cárcel y muerte, significan mucho, si no, intentemos eliminarlos, veremos cómo saltan sobre nosotros como leones hambrientos. La otra culpable de esta provocación es la santa, piadosa y sufrida iglesia española, responsable en un 50% del mantenimiento de estos ultrajes en las fachadas de sus templos, sin que se les remueva en lo más mínimo la conciencia, ni entrar en la contradicción espiritual que tanto le exigen a sus fieles.

Hoy es imposible encontrar en Alemania algún resto que recuerde al nazismo. Cuando los traidores se levantaron contra la República, lo primero que hicieron fue eliminar símbolos que representaran a ésta y depurar a militares, policías, jueces, maestros, etc., que tuvieron una significada actitud hacia ella. Nuestra democracia -en un estado de tolerancia ridícula- no les tocó ni un pelo a ningunos de ellos, sino que permitió y consiente que las calles aún estén llenas de placas y monumentos que ensalzan “el nuevo imperio”, con la lista de los “héroes” que la hicieron posible, mientras que, en un estado de enajenación irracional, ataca al juez que ha querido poner nombre a los desaparecidos de la otra parte: los defensores de la legalidad que aún andan tirados por las cunetas.
En pequeños detalles como estos es donde se calibra el nivel que tenemos de democracia.

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