Federico García Lorca: "Vuelta de paseo"
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*VUELTA DE PASEO*
Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cab...
Fue una de las voces del antifranquismo y contra el apesebramiento socialista.
Leonardo da Vinci en un país en el que no estamos acostumbrados a parir figuras semejantes, Luis puso letra y música a nuestras vidas en tiempos difíciles como la dictadura, y también -por qué no recordarlo con tristeza-. cuando muerta ésta llegó la decepción "democrática".
Descansa en paz y gracias por dejarnos tu música para aliviar nuestras cuitas.
El pasado martes murió Elisa Serna, cantautora y símbolo social de los años
70 del pasado siglo. Con ella, la canción "protesta" alcanzó una
posición de calidad, nada frecuente hasta el momento. Su voz, el mensaje de sus
letras hizo que en cada recital que oíamos nos ratificara más en lo que creíamos
y hacíamos los jóvenes de aquellos años. Fue un dolor de cabeza para el
franquismo y la posterior seudodemocracia que la falsa izquierda y los
militares nos colaron.
Tenía 75 años y ha muerto con las botas puestas, ejemplo contundente que
destruye esa manida y reaccionaria frase que dice que "el que a los 18
años no es de izquierdas, es que no tiene corazón, y si a los 40 sigues
siéndolo, no tienes cabeza". El próximo lunes tenía previsto un concierto
en el "Café Libertad" de Madrid. Todo un ejemplo de compromiso
social. Descanse en paz.
Hoy
es noticia este cantautor por algo ajeno a su producción artística:
ayer se le rompió el corazón y está hospitalizado a la espera de
recuperarse de ese enemigo mortal llamado infarto.
Confío
en el pronto restablecimiento de este atípico renacentista
del siglo XX y que, contradiciendo la letra de su canción, siga viviendo,
aunque sea "terriblemente absurdo" hacerlo.
Creo en el hombre. He visto espaldas astilladas a trallazos, almas cegadas avanzando a brincos (españas a caballo del dolor y del hambre). Y he creído.
Creo en la paz. He visto altas estrellas, llameantes ámbitos amanecientes, incendiando ríos hondos, caudal humano hacia otra luz: he visto y he creído.
Creo en ti, patria. Digo lo que he visto: relámpagos de rabia, amor en frío, y un cuchillo chillando, haciéndose pedazos de pan: aunque hoy hay sólo sombra, he visto y he creído.
Ismael Serrano, madrileño criado en Vallecas,
forma parte de la nueva cantera de cantautores españoles que surgió en la década de los 90, al
rebufo de esa otra de los años 60 y 70, que tan prolífera fue y de la que aún
quedan algunos “dando la lata”.
Influenciado por uno de los grandes, Silvio Rodríguez, y apadrinado por otro no
menos, Luis Eduardo Aute, este nuevo músico de voz inquebrantable y dulces
palabras, toma el relevo a la vieja guardia para denunciar injusticias sociales
y cantar, también, bellas y dulces baladas.
Chicho Sánchez Ferlosio es un
cantautor que ha pasado casi desapercibido para un amplio número de
personas que consumían este producto musical, y al que no identificarían con
hermosas y oídas canciones que popularizaron otros cantantes, entre ellos,
Víctor Jara, Quilapayún, Amancio Prada, Joan Baez, Soledad Bravo, Joaquín
Sabina, etc. Algunos de sus temas han pasado a formar parte de la tradición
popular y a ser cantado por el “rojerío” de los años setenta, allá donde
hubiera una reunión, una guitarra, una botella de vino y unas ganas locas de
que cambiara la situación política.
Canciones como A la huelga,
Gallo rojo, gallo negro, La hierba de los caminos, La quinta brigada, El cantar tiene sentido, etc.,
son algunos de los temas -más otros muchos que creemos anónimos o tradicionales- que se hicieron populares en labios de otros, pero que
fueron compuestos por este prolífero compositor que murió cantando y recitando
allá donde le llamaran para hacerlo.
Su sentido crítico y su actitud
crítica respecto a la política –y hacia determinados partidos políticos-
hicieron que le “cerraran” el camino hacia el circuito artístico donde otros
cantautores mediocres triunfaran, no sin dejar una profunda huella profesional
y humana entre aquellos que lo trataron de cerca. Hora es de reivindicarlo
también, ahora que debe de estar de juerga allá en el Infierno, con su otro
viejo amigo ácrata, Agustín García Calvo.
Los solidarios:historia de tres amigos
Historia de tres amigos, de la dulce
libertad, si se hicieron anarquistas, no fue por casualidad. Buenaventura
Durruti, Ascaso y García Oliver, llamados los solidarios que desprecian al
poder. Buscados y perseguidos, por el campo y la ciudad, si acabaron
en la cárcel, no fue por casualidad Buenaventura Durruti, Ascaso y García
Oliver, tres hojas de trebol negro, contra el brillo del
poder. Siguiendo con su costumbre de burlar la autoridad, si cruzaron
la frontera, no fue por casualidad. Buenaventura Durruti, Ascaso y García
Oliver, la negra sombra del pueblo contra el brillo del poder. Después
de una temporada se volvieron para acá, si temblaron los burgueses no fue por
casualidad. Buenaventura Durruti, Ascaso y García Oliver, tres balas
negras de plomo, apuntando hacia el poder.
Para cerrar esta semana de desapariciones irrecuperables, en
las que han subido al Cielo de la Acracia, dos místicos libertarios (Agustín
García Calvo y Juan Pérez Silva), nada mejor que escuchar –una vez más-, la voz
intensa y melodiosa de uno de los mejores trovadores que tiene la música
española, Amancio Prada, que junto a Chicho Sánchez Ferlosio, han sabido
ponerle sonido y música a los mejores versos de Agustín. Para ello, nada mejor
que el poema y la canción “El mundo que yo no viva”.
El mundo que yo no viva
El mundo que yo no viva
lo pensé como cosa extraña,
como arca de maravilla.
Ay de mi vida..
Allí ¿sonará la lluvia
junto al fuego las noches frías?
¿Tendrá Agosto en el río barcas?
Y tú ¿la gentil sonrisa?
¿Durará en el papel que siembro
la negra flor de la tinta?
Ay de mi vida.
¿Será posible que vengan
los amigos y que "Era" digan
"un hombre, y te quiso mucho"
y "Mucho" llorando digas?
Es el mundo que no conozco,
Atlántida sumergida.
Ay de mi vida.
Allí las palmeras echan
esmeraldas. Allí las crías
del delfín esmeraldas pacen.
Allí no hay noche ni día:
cuando ordeñan a los rebaños,
de púrpura el mar se agría,
Ay de mi vida.
Más limpio que agua de oro
es el mundo que yo no viva:
no hay naves de arar espumas
ni arado para las viñas;
el gran árbol le da su fruto
al que el nombre del fruto diga.
Ay de mi vida.
Ese mundo no es el mío:
es el tuyo: el que en tus pupilas
hundido está desde siempre
y no lo alcanza mi vista.
A ese mundo quisiera entrar,
antes que suene la hora
—ay— de mi vida.
Agustín García Calvo
Y en este video cantan Amancio y Chicho: ¡Inmejorables!