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viernes, 9 de septiembre de 2016

Franquistas recalcitrantes




La democraciano no cala en estos individuos, por eso ellos solucionaron la imposición de su régimen con la efectiva "terapia" de los fusilamientos. 







Han pasado casi cuarenta y un años de la muerte del dictador. Los políticos dijeron que entrábamos en una nueva etapa y que si queríamos la democracia, todos teníamos que ceder para conseguirla. Y los familiares de las víctimas se lo creyeron y escondieron sus pañuelos para que nadie se sintiera ofendido por su llanto. Los represaliados ocultaron sus heridas para que la visión de las cicatrices no imposibilitara la empresa.
Y así, día tras día, mentira tras mentira, la democracia se fue levantando sobre la espalda de los “perdedores”, a costa de dejar tirado en el camino montones de ilusiones. Algunos de los “vencedores” entendieron que para seguir mandando era necesario aceptar "algún cambio", y se apuntaron al circo de la democracia y –¡paradojas de la vida!-, a dar lecciones de ella.
Con el paso del tiempo se vio que el invento fue un engaño: la democracia falló y –como Lampedusa predijo-, prácticamente siguen mandando los mismos y recordándonoslo de vez en cuando.
Este es el ambiente en un nostálgico restaurante  de la muy franquista Galicia. ¿Consentirían algo semejante en Alemania?   
Lo peor de todo es que mientras estos seres antidiluvianos se llenan de ácido úrico atiborrándose de mariscos, los huesos de los defensores de la democracia siguen pudriéndose en inmerecidas cunetas.   El cuento de la democracia es muy bonito, pero yo sigo sin creérmelo





          

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Playa de María Trifulca



Playa de María Trifulca en la orilla izquierda del río







El calor parece no querer marcharse, así que vamos a tener que ir a darnos un chapuzón a una de las muchas zonas de baño que tuvo Sevilla años atrás: la playa de María Trifulca, donde la mansedumbre de las aguas de la finalizada Corta de Tablada permitían que determinadas zonas del canal acogieran estos espacios playeros donde los sevillanos menos pudientes pudieran  mitigar las calores del terrible verano sevillano.
El nombre del lugar no está claro. Unos dicen que lo recibe de una tal María que regentaba uno de los muchos tenderetes donde se vendían bebidas y comidas, y que, por su carácter cuartelero, montaba de vez en vez “unas trifulcas” para enmarcar, mientras otros comentan que el nombre le vino “por las muchas broncas que en el lugar se originaban”.  

  Nueva imagen de la misma playa con el embarcadero que servía de trampolín: en la parte superior derecha se puede ver los "hotelitos" del recien creado barrio de Heliópolis.

Habría que especificar que la playa, en concreto, eran dos: la “Familiar”, donde acudía el ciudadano “normal”: familias, parejas de novios, niños –despistando a sus padres-, etc., que estaba situada en la orilla izquierda del cauce del canal,  al final de la reciente construida  barriada de Heliópolis, a la altura del antiguo cauce del río Guadaíra, después que desviaran su curso para que desembocara pasada la esclusa.
La “otra”, justo enfrente, en la orilla derecha, próximo al cortijo del Batán, y se accedía a ella a nado, en barca o cruzando por el puente de Alfonso XIII. Ésta segunda playa no tenía buena reputación porque por  allí “comerciaban”  prostitutas y homosexuales que, en improvisados chozos y tenderetes, “refrescaban” los ardores de los clientes que acudían al lugar, por lo que el “sevillano de bien” se cuidaba mucho de no dejarse ver por allí.
La dos playas estuvieron bastante concurridas, la Familiar, como es obvio, más. El lugar contaba con innumerables ventas donde comer y beber, tenderetes de frutas y bebidas, fotógrafos, barqueros, etc., con lo que el éxito del día de baño estaba garantizado.     

     

Para que nos hagamos una idea más precisa de su localización, las dos playas vendrían a coincidir –más o menos-, con la situación del actual puente del V Centenario, y estuvo activa desde finales de 1920 hasta principios de los 60, donde la aparición del 600 y la mejora de los ingresos familiares, hicieron que el destino de los domingueros sevillanos se encaminara hacia las playas de Huelva y Cádiz, que hasta entonces había estado “vetada” para ellos.  






 Imagen aérea de la Corta de Tablada; el círculo indica el lugar donde estaba la playa; en la parte superior se ve el barrio de Heliópolis y el desafortunado devío de 9oº del cauce del río Guadaíra.

Y esta otra actual para que nos podamos hacer una idea más exacta de dónde se ubicaba la famosa playa de María Trifulca.




       









martes, 6 de septiembre de 2016

Las cosas de Sanlúcar de Barrameda








Uno está acoplado en la playa tranquilo, despreocupado, descansando del “duro” peregrinar de la mañana por bares y tabernas de Sanlúcar, sin más mundo que sufrir que el que te enmarca el horizonte, y de pronto se cruza entre tu inane cuerpo y Doñana, la silueta de un pequeño crucero que baja de Sevilla con un buen puñado de aguerridos pasajeros que han optado por torrarse un poco por las calurosas y desiertas calles de una ciudad que, en esta época de canícula, sólo son capaces de recorrer ellos, los guiris, y los sufridos currelas que no han podido marcharse por razones laborales, en el mejor de los casos, o económicas, que ya es peor.




O el trasiego de cargueros repletos de contenedores que suben y bajan, todos con destino o procedencia del único puerto fluvial de España, a más de 80 kilómetros de la costa, puerto que ya fue utilizado al inicio de nuestra Era por los colonizadores romanos para abastecer de vinos, aceites, granos, etc. a la Roma Imperial, testigo que recogió la Castilla imperialista allá por el siglo XVI, para el tráfico comercial con las nuevas tierras que ocuparon en América. 





 
Y es que el Guadalquivir siempre fue la “autopista” que, desde el Atlántico, comunicaba a Sevilla con el mar. De hecho tiene comandancia de Marina y, en tiempo pretérito, los nacidos en esta ciudad de interior estaban obligados a “servir a la Patria” en éste cuerpo, igual que un donostiarra, onubense o santanderino.
Pero volviendo al principio, Sanlúcar depara estas pintorescas sorpresas. Son el colofón a una serie de atractivos que bien poseen y que nunca se agotan, y que confirman que a la hora de elegir un lugar donde escapar del insufrible verano, esta ciudad es un destino acertado: su monumentalidad, el ambiente, la inabarcable ruta vinatera y gastronómica, la hacen ideal para pasar unas inmejorables vacaciones... Y a una hora de Sevilla, auque “nuestras orientales” autoridades andaluzas tengan castigados a los sevillanos sin autovía, que esa es otra para contar más adelante y con más detenimiento.          



















lunes, 5 de septiembre de 2016

Visita a la Bodega Otaosan, de Sanlúcar de Barrameda









Aprovechando la estancia en Sanlúcar de Barrameda, y siguiendo las reglas por las que nos regimos cuando acudimos a una zona de vinos, hemos visitado una bodega. La elegida en esta ocasión ha sido, Bodega Otaosan, una bodega pequeña  y relativamente nueva (unos 20 años de existencia), próxima a la desembocadura del Guadalquivir y cercana a la mítica Bonanza, donde nos atendieron amablemente.
No poseen viñedos propios, con lo que han de adquirir el mosto a un tercero para la elaboración de sus caldos, circunstancia que nunca ha sido óbice para la obtención de extraordinarios vinos, siempre que se elija y adquiera un mosto de calidad, o sea, que proceda de unas uvas criadas en unas buenas tierras albarizas y a las que se le haya realizado un correcto prensado. 
Para ello cuentan con cuatro bloques de barricas dispuestas como es tradicional en el Marco de Jerez, o sea, mediante el sistema de soleras y criaderas, las dos centrales con tres andanas de botas y las laterales, con dos, de las que, transcurrido el tiempo requerido, salen los apreciados vinos generosos de la zona: Manzanillas (finas y pasadas), Olorosos, Amontillados, además de unos agradables Pedros Ximenes y Moscatel.
Reconforta encontrar pequeñas bodegas como ésta, lo cual es un indicativo de que el interés por estos vinos no decae, sino  todo lo contrario, aumenta. Que cunda el ejemplo


   












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