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lunes, 5 de marzo de 2012

La Ermita de Santa Brígida, en el cerro del mismo nombre, Camas (Sevilla)



El cerro de Santa Brígida, en el término de Camas, visto desde su vertiente este



El cerro de Santa Brígida, visto desde su vertiente sur


Se desconoce cómo llegó a Sevilla el culto a Santa Brígida, una santa caritativa nacida en Irlanda a mediados del siglo V y fallecida en el año 525. Como otras muchas cosas, se supone que llegaría a través del río, verdadera vía de comunicación para la entrada de mercancías e ideas en la Sevilla de aquella época.

Las primeras referencias que tenemos sobre ella la encontramos en el arrabal de Triana. Se sabe que la santa tuvo ermita en la Huerta de la Zanja, en plena arteria de comunicación con la zona oeste (Huelva, Badajoz, etc.), actual calle de Castilla, y en el mismo solar que ocupa la iglesia de la O.
Compartía espacio Santa Brígida con las santas Justa y Rufina, y más tarde, en 1566, con la virgen de la O, hermandad con la que terminaría fusionándose en 1572, acción que determinó el derribo de la antigua ermita en 1697 para levantar el templo que hoy se mantiene.

La primera noticia sobre el cerro de Santa Brígida -el punto más alto de la meseta del Aljarafe, 115 metros, y visible nada más cruzar el puente del Alamillo- no aparece hasta 1491, en la que un documento del Archivo Municipal de Sevilla nos informa del pleito que sostuvo la ciudad con el jurado Francisco Marmolejo, por haber ocupado éste algunas tierras que no le pertenecían, y por donde pasaba un camino que llevaba hasta el citado lugar.
De lo cual se deduce que el culto a la santa ya existía a finales del siglo XV en este emplazamiento de Camas y que, se sospecha, fuese la reutilización de un antiguo morabito musulmán, y a su vez, antes, un santuario tartésico que competía con el fenicio del próximo cerro de El Carambolo.
Otra referencia la encontramos en un texto del cronista de la ciudad, Juan Mal-Lara, donde nos narra que en una excursión realizada en 1570 por el rey Felipe II por los alrededores de Sevilla, sintiendo curiosidad por el cerro y la ermita que se encontraba en su cumbre, decidió subir a visitarla.
Más tarde, en los documentos de un Padrón realizado en la localidad de Camas, en el año 1636, aparece que en la citada ermita de Santa Brígida, “que está en lo alto de un cerro redondo, en el término de Camas, es ermitaño Pedro Gómez, que lleva los hábitos de señor San Pablo”, y una nueva noticia, en 1640, nos informa que el ermitaño Francisco Barbosa, procedente de la citada ermita, ha recibido sepultura en la iglesia de la localidad.

El cenobio estaba cuidado por estos eremitas y se mantenía sólo de la caridad popular, la cual era tan escasa que, a veces, apenas si daba para encender las velas del culto, y menos, para el aceite con la que poder iluminarla.
El cuerpo de la misma era de una sola nave. A la izquierda de la entrada principal se encontraba una sala que servía de aposento para los ermitaños; a la derecha estaba el altar, presidido por una imagen de la virgen de la Candelaria, de estatura normal y bello rostro, con el niño en los brazos y una vela en la mano derecha, signo de su advocación, vestida de tafetán azul muy usado, y una corona de corcho dorada.
Morgado afirmaba que esta imagen procedía de la capilla del Patrocinio, en el arrabal de Triana, trasladándose en 1792 a la ermita de Camas, sustituyendo a una anterior que se encontraba bastante deteriorada.
Acompañaba a la virgen de la Candelaria una imagen de madera de Santa Brígida, vestida con ropas doradas y de una presumible antigüedad. Pasado los años se incorporó un San Gregorio Papa y un San Blas, los dos de madera, dos candelabros del mismo material, pintados de jaspe, un atril y una cruz, también de madera blanca, además de una lámpara de azófar y un esquilón grande que colgaba de las vigas del techo.

Era tal la pobreza de la citada ermita que no tenía ni libros, ni misal, ni cáliz para el culto, viéndose obligados a pedirlos prestados a la iglesia de Camas cuando querían celebrar misa.
Esta pobreza también afectó a la construcción del edificio y a su mantenimiento, el cual siempre estuvo expuesto a la ruina, situación que llegó a ser de total deterioro a mediados del siglo XVIII, en el que la ermita quedó completamente destruida.
Pero quiso el destino que, una vez más, una nueva congregación se instalara en el lugar y emprendieran la rehabilitación del derruido edificio. A finales de este siglo, 1796, los ermitaños de San Antón Abad se harían cargo de levantar las nuevas paredes, y de recuperar los pocos bienes desperdigados fuera del santuario, al frente de los cuales se encontraba el hermano mayor -y verdadero artífice del proyecto-, José del Santísimo Sacramento y cinco ermitaños más.
Entre las reglas de estos anacoretas destacaba el estricto voto de pobreza, renunciando, por Cristo, a todas las comodidades que les ofrecía la vida terrenal. Así, entre sus haberes se encontraban:

  • Un cañizo para la cama.
  • Tres mantas.
  • Una almohada rellena de paja.
  • Una mesilla.
  • Un puchero.
  • Un candil.
  • Un cántaro para el agua.
  • Un jarrillo.
  • Un dornillo.
  • Las herramientas propias para el trabajo.
  • Algunos libros espirituales.
El vestido, pobre y tosco, se componía de dos túnicas de paño vasto y ordinario, una de color de lana, la otra, blanca, una camisa que no fuese de lienzo, un cinturón con el que poder ceñírselo, más un escapulario. El calzado se limitaba a unas simples alpargatas de cáñamo o esparto, en las que irían los pies desnudos, ya que no estaba permitido llevar ni medias ni calcetas.
Otras reglas a las que se acogían eran las de obediencia, abstinencia, ayuno y mortificación.

Entre rezos, meditaciones y esforzado trabajo, las vicisitudes de la ermita –y de los propios ermitaños-, transcurre entre grandes dificultades y estrecheces.
En 1804 se realiza una nueva reedificación del edificio, obra que no llegaría a concluirse debido a la ocupación napoleónica de la ciudad, y la utilización de éste, por los soldados gabachos, como enclave militar, debido a su situación estratégica sobre toda la vega de Triana.
Terminada la ocupación francesa, la ermita queda prácticamente destruida. En 1864, hay un nuevo intento de levantarla, pero a causa de los altos costes que suponía el acarreo de material hasta el cerro y, sobre todo, la disconformidad del propietario del terreno para que el proyecto se realizase, hicieron que no se llevara a cabo y la ermita, desde entonces, dejó de coronar el cerro al que le dio nombre.
Tras la destrucción de ésta, los vecinos de Triana recogieron la imagen de la Candelaria, pero más tarde, los habitantes de Camas la reclamaron y las autoridades eclesiásticas se la concedieron, pasando a formar parte de la iglesia de Santa María de Gracia, lugar en el que también se encontraba la imagen de Santa Brígida.
Durante los siguientes años, este cerro pasaría por diferentes propietarios, construyéndose, en el lugar que antes ocupara la ermita, primero, una casa para acoger las labores propias del campo, y más tarde, una vivienda que ha durado hasta el tercer cuarto del siglo XX, y que ha imposibilitado el hallazgo de restos de la citada ermita y de los posibles antiguos oratorios que se establecieron en la cima del cerro. Por último, para acabar con la última huella que quedaba del lugar, el actual Ayuntamiento de Camas ha construido un bello mirador sobre el cerro, teniendo la poca visión de no integrar en el mismo el suelo de la vivienda que aún era visible, el cual daría una pista de la ubicación de la citada ermita y de sus posibles dimensiones. También falta un cartel donde se nos dé una breve información sobre la historia del citado edificio y de los eremitas que lo habitaron.

Esta fue la última vivienda que hubo en el Cerro



Esta es, resumida, la escabrosa vida de la ermita de Santa Brígida y Nuestra señora de la Candelaria que fue refugio y lugar de meditación y reposo de un puñado de ascetas cristianos.
Las tallas de la virgen y la santa, se encuentran hoy en la iglesia de Santa María de Gracia, en la localidad de Camas, donde aún se le sigue realizando culto. Desde 1993 -el primer domingo de octubre-, se ha vuelto a recuperar la peregrinación que todos los años celebraban los fieles de la santa, los días uno y dos de febrero, a lo alto del cerro, un lugar cercano al cielo que utilizaban estos sirvientes de la Fe para la meditación y el recogimiento, antaño, y hoy, a los que se atreven a subir a su empinada sima, como balcón para la contemplación de la agitada y bella Sevilla.







Actual mirador en el espacio que ocupaba la antigua ermita




Romería de Santa Brígida. Se celebra el primer domingo de octubre



Romeros de la localidad de Camas, transportando la imagen de Santa Brígida a la cima del cerro.





4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias, Dan.



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    2. Hola Manuel, pues resulta que la Romería de Santa Brígida es el 1 de AgostO, yo y mi equipo iremos a hacer investigaciones de estudio de campo. Salú2

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    3. Buenos días Dan, si entos últimos años no la han cambiado, la romería se celebra el primer domingo de octubre, así que este año correspondería al domingo 6 de octubre, la zona es extraordinaria para tu propuesta aunque está bastante trillado ya, yo hice algunas búsquedas y encontré poco y de lo poco encontrado dudo de que posean algún valor, suerte y ya me contarás tu experiencia.

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