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domingo, 23 de enero de 2011

La poesía social que no toleraba el franquismo


He de confesar que, para lo único que sirvió la fastidiosa “mili”, fue para joder quince meses de mi vida, a una edad convulsa y arrolladora, importante y definidora, ideal para programar y encauzar al hombre que, sin darte cuenta, va contigo. Aún hoy me chirría oír a individuos que comentan, lo importante que fue en su existencia dicha etapa, y, a la menor oportunidad que tienen, darte la coña con su experiencia militar.

Debo reconocer que soy bastante “rarito” y que cualquier cosa de las que circulan como normal no me motivan, pero tener que aceptar esta evidencia, me resultar triste y decepcionante. En las situaciones límite es donde se conoce, verdaderamente, las deficiencias humanas y la podredumbre en la que nos hayamos inmersos, y en un cuartel militar, en época franquista, ¡por desgracia!, descubrí el abismo donde puede llegar a caer la perosna y la fragilidad de la condición humana.


Además de esto, gracias al “exilio” impuesto en estos meses por las autoridades militares del franquismo (hay que decir a la juventud actual que, durante aquellos años, a los “fichados” por rojos, cuando tenían que realizar el periodo militar obligatorio, se les “deportaba” lejos de sus ciudades, ya que por lo general, se solía hacer en ella), tuve tiempo sobrado para organizarme dentro del acuartelamiento y aprovechar para leer y reclasificar cientos de documentos que andaban traspapelados y revueltos.
De esta iniciativa surgió, entre otras actividades, un pequeño libro (sin editar) donde recogía una serie de poemas que habían llegado a mis manos a través de ejemplares clandestinos, o folios que me pasaban los colegas. De este trabajo resultó “Vamos...”, una antología de la poesía molesta para el antiguo régimen, confeccionada en el glorioso año de 1975, de tan buen recuerdo para los demócratas españoles. Transcribiré sólo algunas de ellas, ya que, por fortuna, hoy se pueden conseguir todas.
Ya no hay locos (Leon Felipe)

Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos.
Se murió aquel manchego,
aquel estrafalario fantasma del desierto y …
ni en España hay locos. Todo el mundo está cuerdo,
terrible, monstruosamente cuerdo.

Oíd … esto,
historiadores … filósofos … loqueros …
Franco … el sapo iscariote y ladrón
en la silla del juez repartiendo castigos y premios,
en nombre de Cristo, con la efigie de Cristo prendida del pecho,
y el hombre aquí, de pie, firme, erguido, sereno,
con el pulso normal, con la lengua en silencio,
los ojos en sus cuencas y en su lugar los huesos …
El sapo iscariote y ladrón repartiendo castigos y premios …
y yo, callado, aquí, callado, impasible, cuerdo …
¡cuerdo!, sin que se me quiebre el mecanismo del cerebro.
¿Cuándo se pierde el juicio? (yo pregunto, loqueros).
¿Cuándo enloquece el hombre?


¿Cuándo, cuándo es cuando se enuncian los conceptos
absurdos y blasfemos
y se hacen unos gestos sin sentido, monstruosos y obscenos?
¿Cuándo es cuando se dice por ejemplo:
No es verdad. Dios no ha puesto
al hombre aquí, en la Tierra, bajo la luz y la ley del universo;
el hombre es un insecto
que vive en las partes pestilentes y rojas del mono y del camello?
¿Cuándo si no es ahora (yo pregunto, loqueros),
cuándo es cuando se paran los ojos y se quedan abiertos, inmensamente abiertos,
sin que puedan cerrarlos ni la llama ni el viento?
¿Cuándo es cuando se cambian las funciones del alma y los resortes del cuerpo
y en vez de llanto no hay más que risa y baba en nuestro gesto?
Si no es ahora, ahora que la justicia vale menos, infinitamente menos
que el orín de los perros;
si no es ahora, ahora que la justicia tiene menos, infinitamente menos
categoría que el estiércol;
si no es ahora … ¿cuándo se pierde el juicio?
Respondedme loqueros,
¿cuándo se quiebra y salta roto en mil pedazos el mecanismo del cerebro?
Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel manchego,
aquel estrafalario fantasma del desierto
y … ¡Ni en España hay locos! ¡Todo el mundo está cuerdo,
terrible, monstruosamente cuerdo! …
¡Qué bien marcha el reloj! ¡Qué bien marcha el cerebro!
Este reloj …, este cerebro, tic-tac, tic-tac, tic-tac, es un reloj perfecto …,
perfecto, ¡perfecto!


Con nosotros (Blas de Otero)

En este Café
se sentaba don Antonio
Machado.

Silencioso
y misterioso, se incorporó
al pueblo,
blandió la pluma,
sacudió
la ceniza,
y se fue ...


Testimonio (José Agustín Goytisolo)

Quiero dejar
escrito
lo que pasa.
Voy al balcón,
asomo
la cabeza.
Veo crespones,
lanzas,
rodeando el atúd
en donde yace
la alegrçia.
Un hombre
levanta
la bandera
terrible.
Suena su voz
como un tambor
oscuro.
Luego,
silencio.
Sólo
un niño
llora.
Son las exequias de la libertad.


Canción para dormir a un niño pobre (Victoriano Crémer)

Ángeles con espadas
custodian el aire.
Un toro de sombra
mugiendo en los árboles.

—Madre, tengo miedo
del aire.

Mira las estrellas.
Aún no son de nadie;
ni son del Obispo
ni son del Alcalde.

—Madre, quiero una
que hable.

Patitas de cabra
siguen vacilantes
al osito blanco
de la luna errante.

—Madre, quiero un oso
que baile.

Pandero de harina:
luna en el estanque.
Las cinco cabrillas
sin cesar, tocándole.

—Madre, se me hielan
las carnes.

Floridas de escarcha
ya son como panes.
La aurora las dora
y acorteza el aire.

—Madre, no te oigo.
¡Tengo hambre!

¡Uuuuuuuh...! Duerme, mi niño;
que viene el aire
y se lleva a los niños
que tienen hambre.


Ese hombre (Heberto Padilla)



El amor, la tristeza, la guerra
abren su puerta cada día, brincan
sobre su cama
y él no les dice nada.
Cogen su perro y lo degüellan, lo tiran
a un rincón
y no les dice nada.
Dejan su pecho hundido
a culatazos
y no dice nada.
Casi lo entierran
vivo
y no les dice nada.

¿Él qué puede decirles?
Aunque lo hagan echar espuma
por la boca,
él lucha, él vive,
él preña a sus mujeres,
contradice la muerte a cada instante.


Madrid 1936 (Pablo Neruda)

Frente a vosotros he visto la sangre
de España levantarse
para ahogaros en una sóla ola
de orgullo y cuchillos!

Generales
traidores:
mirad mi casa muerta,
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo
en vez de flores,
pero de cada hueco de España
sale España,
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,
pero de cada crimen nacen balas
que os hallarán un día el sitio
del corzón.


Remember (Antonio Agraz)

Recordad bien: era julio
y era noche de verano.
Por las calles, asfaltadas
de golfas y de noctámbulos,
iban y venían hombres
con los trajes de trabajo,
hechas fiebre lass miradas,
hechos carrera los pasos.
¿Hacia dónde tan de tarde
van los que madrugan tanto?
Recordad bien: era julio...
y era noche de verano.
Por la Corrredera Baja,
Tudescos y el Desengaño,
a la callle de La Luna,
do estaban los sindicatos,
con violencia de torrente
caminaba río humano.
¡Armas!, pedían, nerviosos.
¡Armas!, pedían airados.
¡Armas!, para sujetar
a los canallas del fascio.

Como no les daban armas,
a la lucha se lanzaron,
la mitad medio desnudos,
la mitad medio descalzos,
y al amanecer el día
comenzaron el asalto.
¡El Cuartel de la Montaña
se entregó a los Sindicatos!
Recordad bien. Era julio
y era noche de verano.
Luchaban los hombre libres.
Los hombres libres ganaron.


El crimen fue en Granada (Antonio Machado)

I
El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.

II
El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

III

Se le vio caminar...
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!


La batalla del verso (Julio Fausto Aguilera)

Con un verso,
es verdad,
no botas a un tirano.
Con un verso no llevas pan y techo
al niño vagabundo,
ni llevas medicinas
al campesino enfermo.
Sobre todo, no puedes
hacerlo ahora mismo.

Pero… vamos a ver:

Un verso
bien nacido y vigoroso,
y otro más encendido,
y otro más desvelado,
y otro más fuerte y más veraz,
le dan vida
a un sueño que recogieron tierno,
y este sueño de muchos, ya nutrido,
se vuelve una conciencia,
y esta conciencia, una pasión, un ansia…
Hasta que un día,
todo
–sueño, conciencia, anhelo–,
compacto se organiza…
Y entonces
viene el grito,
y el puño,
y la conquista…

En la esfigie de la conquista
brilla una diadema: el verso.

Confío en que os animéis a buscar más material. El esfuerzo merece la pena.







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