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jueves, 27 de enero de 2011

Educar en Valores: Una inversión de futuro




Pocas son las veces en que un hecho “irrelevante” sea noticia y ocupe un espacio considerable en las hojas de un periódico, aunque este sea local. Yo la traigo, como destacada, a mi Rincón diario, por varios motivos:

1. No es frecuente que sucesos como este sean, por lo general, noticia.
2. La importancia que tiene el que, proyectos como estos, sean reconocidos por la clase dirigente, y premiados.
3. Colaborar, en la medida de lo posible, en que la población conozca que hay miles de personas que están volcadas en transformar el mundo, desde las raíces: los niños.
4. Dar la enhorabuena al centro educativo que puso en pie esta empresa, y al equipo colaborador que la hizo posible.
5. Y por último, y para mí, lo más significativo, porque la coordinadora del ambicioso proyecto, Escuela: Espacio de Paz, es mi hija.

Este trabajo se ha desarrollado en el IES Padre José Miravent, en el bello pueblo costero onubense de Isla Cristina. En él se ha trabajado con los alumnos en conceptos tan necesarios e importantes – y devaluados por las sociedades actuales- como la solidaridad, la igualdad, el reciclaje, la reciprocidad, el internacionalismo, el mercado justo, etc., con el objetivo de formar a estos jóvenes para que el día de mañana, cuando sean mayores, sean capaces de transformar y vivir en un mundo donde destaquen estos preciados valores.
Con él han logrado que la Junta de Andalucía, a través de la Consejería de Educación, les haya concedido el primer premio a la Promoción de la Cultura de la Paz y la Convivencia Escolar en Andalucía, y es digno de resaltar que el jurado haya valorado “su profunda implicación en la coeducación, la interculturalidad y la inyección de valores a su alumnado a través de un suculento catálogo de actividades con capacidad para hacer que los chavales se sientan a gusto, se impliquen en el centro y lo vean como algo más que un lugar al que se viene a estudiar”.

Invertir en valores
, es el mejor “negocio” social que se pueda hacer en estos momentos, sobre todo, en una época tan difícil para la convivencia como la que estamos atravesando, pero sobre todo, porque estos conceptos comienzan a ser casi olvidados por un gran sector de la población, además de estar ínfimamente devaluados por una sociedad harto egocéntrica, donde lo que más se estima es la acumulación de riquezas, el individualismo y los objetivos materialistas.
Si lo que pretendemos es que esta sociedad no llegue a autodestruirse por las contradicciones internas que está generando; si queremos que conceptos como el amor, la solidaridad, la entrega, la comprensión, la tolerancia, el compromiso, etc., no desaparezcan y pasen a engrosar el libro de las palabras perdidas y huecas, hay que desarrollar y fomentar este tipo de actividades, y también, difundirlos con profusión, para que la población tenga conocimiento de su existencia.
El futuro de nuestra sociedad está en juego, y el resultado de lo que ocurra más adelante, depende bastante de este tipo de trabajos que preparan a los jóvenes, no sólo en una educación que posibilite su integración en el mudo del trabajo, sino que los habilite para una convivencia social dinámica, dentro de unos referentes justos y solidarios.
Lograr que el hombre deje de pensar por un rato en él y le preocupe lo que le pueda estar ocurriendo al que tiene al lado, es un objetivo envidiable que sólo proyectos como los que ha emprendido este centro educativo de Isla Cristina, pueden lograr: convertir al Joven de hoy en el Hombre del futuro.
Hoy tengo doble motivo para estar satisfecho. El reconocimiento concedido a un ilusionador trabajo, y que en él haya participado, como decidida activista, mi hija. Mis felicitaciones a todos los que lo han hecho posible, desde el profesorado hasta el alumnado.






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