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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Que sus señorías me perdonen, pero os falta la estética


Nada asusta al desvergonzado, al revés, la desvergüenza es el arma que utiliza para aniquilar a sus contrarios. Igual que el cerdo (el de cuatro patas) vive en una complaciente tranquilidad, dentro de las inmundicias de la pocilga, así se desenvuelve en la sociedad el falto de escrúpulos, sin temor ni cuidado a mancharse de cieno.
Si esto es común entre la tropa de ciudadanos, no digamos hasta qué extremos llega dentro de la casta política pues -ya he argumentado en alguna ocasión que- para dedicarse a este ejercicio profesional, el individuo ha de estar despersonalizado, insensible a los sucesos traumáticos sociales, inmunizado contra cualquier atisbo de coherencia y, en fin, falto de valores éticos esenciales. Como dijo Francesc Margall, “las convicciones políticas son como la virginidad: una vez perdida, no vuelven a recobrarse”.

Desgraciadamente, el aserto del anterior pensamiento es la sintomatología que más caracteriza la política española. Día sí y el siguiente también -si uno tiene la extraña manía de estar informado-, hay evidencias concretas sobre estas prácticas indecentes. La que hoy traigo a colación –y que me ha forzado a tener que opinar, nuevamente, sobre política- es la designación -por parte del Partido de los 100 años de Honradez- como candidato a liderar la lista a la alcaldía de Benidorm, al actual alcalde, Agustín Navarro, tránsfuga que gobierna el ayuntamiento de esta localidad con el voto de los once concejales –también tránsfugas- del PSOE y la del otro tránsfuga del PP. ¡Toda una auténtica lección de ética y estética política!

La noticia no ha cogido a nadie por sorpresa. Los que conocemos los procedimientos de este partido, y por consiguiente, la actitud de todos aquellos que se cobijan bajo sus ramas para acceder al poder que los proyecte a la conquista de sus intereses económicos -fin, que en definitiva, es lo que justifica su entrada en el ruedo político- no nos extraña esta decisión. Todos sabíamos que no era más que una estrategia de despiste que, a decir verdad, el Honrado Partido maneja a las mil maravillas. A esta gente le importa un pimiento las desigualdades sociales, la degradación continuada de la vida social, el retroceso preocupante de los derechos laborales, el recorte del estado del bienestar, etc. A estos políticos solo los anima un pensamiento, una obsesión: medrar todo lo que se pueda y retirarse de la actividad pública con las espaldas bien cubiertas para no tener que trabajar doblando la cintura. Lo de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, jamás fue con ellos, por eso se dedicaron a la “política” entre comillas, como podrían haberse metido al tráfico de drogas o en el pelotazo inmobiliario, pero es menos arriesgado lo primero. En esta actividad, sólo tienes que llevarle la corriente a la la “familia que manda”, cambiar de opinión cuando ésta cambie, y tener suficiente paciencia para que te llegue la ansiada ocasión. Ya lo dijo nuestro maestro Antonio Machado: “en política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”.

Que sus señorías me perdonen por esta carga de negatividad, pero es que no puedo evitarlo. Son sus actitudes y su falta de sentido estético los que hacen que cada mañana amanezca, para mí, el cielo algo más negro. Sentenció otro desencantado de la sociedad que: “la ética es lo fundamental de la estética”, y se fue con su repugnancia metafísica a buscarle alguna explicación a sus males.


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