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martes, 31 de julio de 2012

Habana blues








Como si de una maldición se tratara, en Sanlúcar de Barrameda, los dioses enemigos de Baco han logrado crear las condiciones específicas para que clausuren otro Templo dedicado al culto de este divertido y marchoso dios: “La Habana”, en la calle Santo Domingo, frente al otro magnífico Templo -éste cristiano- que da nombre a la citada calle.

Después de 112 años, esta vieja taberna -perteneciente a la familia Vázquez-, en la que sus cuatro generaciones han servido dos de las más exquisitas manzanillas del lugar (la “E” y "Viruta”) ha dado el cerrojazo definitivo y dejado en la más absoluta indefensión a todos los parroquianos que solíamos acudir a aquel lugar para rendir culto al borrachín Dioniso.
Me cuentan que ha sido motivado por las desavenencias familiares, la crisis, la seducción inmobiliaria, etc., pero me atrevo a opinar que el trasfondo de la cuestión está en el desapego que mantiene la sociedad actual por los “caldos locales”, la falta de una publicidad extensiva por parte de nuestras autoridades andaluzas y la apuesta por una política comercial que incentive y fomente el consumo de los vinos producidos en la comunidad, y,  el más importante, hacer que la juventud se identifique y acerque más a la bebida fermentada de nuestras tierras y abandonen el consumo de las destiladas, sólo de esa forma se logrará que estos Templos del beber y la palabra no desaparezcan irremisiblemente. 

Cada vez quedan menos tabernas tradicionales donde, en compañía de un buen vaso de vino y la espontánea conversación de los distintos feligreses, "solucionabas" todos los problemas del mundo. 
Por esta que acaban de cerrar han pasado personajes tan importantes  como Diego Rojano,  Manuel Toribio, Juan Eslava Galán... pero sobre todo Caballero Bonald, quien, según advierte Salvador Daza,  “mantiene su gozosa salud gracias a los cuidados que le proporcionaron estos caldos, entre otros benéficos que le llevaron a recuperarse de sus achaques.”

Como las grandes desgracias -que siempre te asaltan de noche y desprevenido-,   este año, cuando hemos vuelto a “La Habana” a rendir culto a Baco, nos hemos encontrado con la desagradable sorpresa de que estaba cerrada, con un escueto cartel pegado a la puerta que decía: SE VENDE. 
¡Otro Templo más que nos cierran! Cada día nos ponen más difícil cumplir con nuestras necesidades religiosas.
















lunes, 30 de julio de 2012

Cita con el pasado






Hace poco, el Destino –esa abstracción psicocósmica que a diario anda cuestionada- hizo que reencontrara a un viejo y querido amigo del pasado.
Algo que siempre me ha intrigado es comprobar cómo somos capaces de seguir adelante en nuestro proceso evolutivo como persona, faltando algunos de aquellos elementos e individuos a los que tan ligados van parte de nuestra vida. Nunca he dado con la respuesta, pero el caso es que lo hacemos, y, a veces, sin ninguna dificultad.
Cuando ocurren estos acontecimientos, tu espacio, tu existencia, tus recuerdos, reciben un fuerte retroceso, puesto que la máquina del tiempo nos transporta a un mundo donde los fotogramas tienen un tono sepia y las escenas las revives en blanco y negro.  
Y es que los años no han pasado en balde, hablamos de más de treinta y siete, sólo interrumpidos en una ocasión -hace algo más de trece años-, donde las circunstancias nos limitaron bastante a la hora de ponernos al corriente: él estaba en su puesto de trabajo atendiendo a los clientes y yo, aunque iba sin prisas, no me pareció correcto abusar del momento y nos ceñimos a una breve e insuficiente puesta al día. Luego caí en la cuenta de que ninguno de los dos nos habíamos pedido el teléfono, ni otro tipo de contacto, todo fue tan rápido que la cosa quedó como estaba, hasta hace unas semanas en que, a través de otro viejo amigo que formaba parte “del equipo”  juvenil de aquellos lejanos tiempos, conseguimos volver a reunirnos nuevamente.
Como si se tratara de magia, de pronto, allí estaba otra vez el trío: Pepe, Paco y Manuel, que, aunque alternábamos con otros amigos más, lo cierto es que los tres conformábamos un fuerte y unido triángulo.
Pepe era el mayor del grupo, también era el más dinámico, el más juerguista, el más desprendido, y el más “ligón”. Le gustaba el buen vestir, el buen comer, la música, bailar, y las líneas modernistas de las niñas hermosas.
Lo conocí accidentalmente -y cuando digo accidentalmente no hablo de un suceso traumático, donde los huesos se hayan vistos involucrados-, en un guateque que otro amigo común celebraba.
Con el paso del tiempo esta incidencia siempre sirvió para que, al recordarla, nos rompiéramos de risa. Al final salimos ganando los tres: la causante del “accidente” se quedó planchada y nosotros logramos construir una sólida y envidiable amistad. 
No sé a qué será debido, pero lo cierto es que los acontecimientos vividos en la juventud dejan siempre una huella imborrable dentro de nuestra memoria, igual que le ocurre a éstos, porque cada vez que me topo con ellos -cuando alguna vez rebusco en el océano de mis recuerdos-, me llenan de dicha y satisfacción, y los percibo frescos y recientes.  
Pero todo lo bueno suele ser efímero, y nuestra amistad, después de muchos años compartida, comenzó a ser torpedeada por las circunstancias externas. 
Sin darnos cuenta, vinieron los años del desequilibrio -esa etapa vital en el crecimiento formativo personal del individuo-, donde a los jóvenes de aquella nefasta época le truncaban el futuro y la juventud. 
Como a otros miles de muchachos más, a nosotros nos llegó el tiempo de “cumplir con la patria”, de “hacernos hombres”, de “coger extraordinarias experiencias”, de "jugar a soldaditos", resumiendo, llegó la hora de aquel ineficaz, absurdo, brutal y deshumanizador servicio militar con el que la mayoría de los jóvenes teníamos que cumplir por ser miembros de un país que aún se consideraba en guerra consigo mismo.
Primero fue Pepe el que tuvo que acudir a su cita inexcusable. A su vez, Paco decidió marcharse a trabajar a Mallorca, con lo cual, el trío, de golpe se vio desintegrado. Continuamos el contacto a través de ese medio que hoy nos parece casi primitivo –la carta-, pero ya no era lo mismo, por muchos sentimientos que depositaras en ella, la cosa no era igual, la distancia impone su presencia, además, íbamos conociendo nuevas amistades, nuevas inquietudes, nuevos mundos, y al faltarnos el contacto, aquella amistad se fue enfriando.
Luego se complicó algo más, ya que poco antes de que Pepe terminara su infinita "mili", Paco fue llamado también a "filas", y nada más terminar él me llegó el turno a mí, con lo cual, el destrozo que provocó en nuestras relaciones fue mayúsculo, porque para quien no lo sepa o recuerde, en aquellos años, con un poco de mala suerte, el servicio militar te lo chupabas en otra localidad lejana a la tuya.

Así fue que, una vez que finalizamos nuestros compromisos patrióticos, y tras el largo periodo de años sin contacto,  los tres acabamos metidos en otros mundos -algunos  muy diferentes al anterior-, del que no quisimos renunciar. Nos vimos -no sé si un par de veces más-, pero la escasez de tiempo, las nuevas amistades, las novias y, esencialmente,  los compromisos individuales adquiridos por cada cual, hicieron imposible que se reanudara aquella vieja amistad que tan grata había sido. 
Y pasaron las semanas, los meses, hasta que estos se convirtieron en años, en décadas, y los alegres muchachos, sin darse cuenta, se convirtieron en maduros cincuentañeros que montaron una familia -y una nueva vida- al margen de aquellos recuerdos... Éstos sólo servían para poner una nota de nostalgia, cuando alguna vez repasábamos los acontecimientos de nuestra ya lejana juventud. 

Hoy nos hemos vuelto a reencontrar. Hemos tomado café, hablado de la familia –de los  nuevos componentes, de los ausentes-, del trabajo, de los tiempos pretéritos, de la situación actual, incluso hasta del futuro... pero sólo el Destino sabrá si este reencuentro con el pasado ofrece garantías de continuidad, teniendo en cuenta que lo único que nos une es la memoria común de un tiempo compartido hace ya bastantes años. ¡Ojalá fructifique! El tiempo lo dirá. 






  

jueves, 26 de julio de 2012

Rogelio Ramos Signes: "De la importancia de algunas tareas hogareñas"






(Para nuestro amigo Paco, con el ánimo de provocarle una sonrisa que le haga más llevadera su prisión dentro de una escayola)


Rogelio Ramos Signes (San Juan, Argentina, 1950) ha publicado novelas, cuentos, ensayos y poesía. 
Es autor, además, de un libro de microrrelatos, "Todo dicho que camina" (Universidad Nacional de Tucumán, 2009). 
El juego que propone es la reescritura de proverbios, a los que se ha despojado de su carácter metafórico para enfrentarlos con la realidad del absurdo.









"De la importancia de algunas tareas hogareñas"


“¿A qué hora conversa el ciprés con los duendes que habitan en el aire?” le pregunté a Mahadevi Brahmapundra, reclinando levemente mi cabeza en señal de humildad.

“El ciprés conversa con los duendes que habitan en el aire -me respondió el maestro entrecerrando los ojos- cuando los grillos llámanse a silencio y las últimas fogatas se extinguen en el pedemonte”.

Neranjira Pakarinki, que estaba escuchándonos mientras preparaba un impenetrable café para la sobremesa, se secó las manos con fastidio y nos enfrentó: “¡Cómo les gusta complicar las cosas con argumentos sonsos! ¡Se nota que les sobra el tiempo!”.

Y el maestro Mahadevi Brahmapundra, encomendándose al abandono existencial de Gotama el Buddha, se puso a lavar los platos.”
 






miércoles, 25 de julio de 2012

Carmen Ruf: Poesía










Si me envolvieras tenuemente con una caricia,
y recorrieras el misterio de cada uno de los silencios de mi alma,
yo desaparecería calladamente entre tus brazos.




                          
                             



Y me desnudaré lentamente como pétalos de rosa blanca,
e iré deshojando mi cuerpo como fieltro de amor soñado,
y llegaré sin saber cómo
a oler tus huesos,
a lamerte todo,
a conquistar tu espacio un segundo,
a oír las notas de tus silencios profundos,
para caminar contigo sobrevolando mi imagen de garza.














martes, 24 de julio de 2012

Frigiliana: En la Axarquía malagueña





Algunos lugares se reivindican por sí mismos. Ese es el caso de Frigiliana, en la sierra de Málaga; su fisonomía andalusí la delata.
Encaramada sobre el “Balcón de Europa”, Frigiliana es un bello exponente de los pueblos que, a semejanza de un collar de finas perlas, hermosean la Axarquía malagueña.
Paseando por sus empedradas y empinadas calles, observando los rincones, pasadizos y callejas que su dificultosa orografía impone, uno piensa que se ha transportado en el tiempo y ha venido a caer en la añorada y cantada Al-Andalus, que un día dio luz con su grandeza a una parte de la empobrecida Iberia.
Aún hoy –a pesar de los años de castellanización y avalancha turística-, en estos pueblos malagueños se respira un aire con aromas lejanos que te hacen creer que, en una de las muchas revueltas que presentan sus calles, te vas a encontrar con un habitante de aquellos tiempos que, al cruzarse contigo, saludará deseándote la paz: “Salam Aleikun”, te dirá, y tú, admirado por el espejismo, responderás, también, en un idioma que ahora no es el tuyo: “Aleikum Salam”, pero al llegar a la plaza y ver la hermosa iglesia renacentista que ha sustituido a la vieja mezquita islámica, despiertas del ensueño y te aprestas a quitar el mal sabor de boca con una buena copa de vino de estas tierras, una manera como otra de endulzar el regreso al presente.
Y un aviso a viajantes: los pueblos de Andalucía no se parecen  a los del norte de África –como tantas veces he tenido que oír-. Son ellos, los africanos, los que se asemejan a los andaluces, ya que fueron una fiel reproducción de la arquitectura urbana andalusí en ese continente, llevada a cabo por los miles habitantes de este territorio, que se vieron obligados a huir tras la invasión castellana.



















 




Esto es Frigiliana, un trocito del pasado colocado en el siglo XXI.




lunes, 23 de julio de 2012

Análisis del 19-J en Sevilla: 40º y presencia masiva






Costó llegar al lugar de la cita. Autobuses, metro, las calles y avenidas iban abarrotadas. Por un momento  me recordó aquella grandiosa manifestación del 4 de diciembre de 1977, cuando los sevillanos salimos a exigir nuestros derechos históricos.
Nada ha podido con los manifestantes: ni el calor (los casi 40º grados que marcaban los termómetros, convertían la marcha en un soporífero paseo dentro de una sauna), ni la difícil accesibilidad al lugar de la convocatoria, ni las vacaciones veraniegas, ni siquiera -esta vez- la apatía del que no cree "que manifestándose se consiga algo", consiguió que la protesta se convirtiera en un fracaso que hoy, el PP y sus adláteres, refregaran por los ojos de aquellos que no aceptan sus indiscriminados recortes.

Y allí nos dimos cita lo más variopinto de la fauna. No faltaban los que siempre colorean el ambiente: CC.OO. y UGT -sonrientes y festivos-, porque trabajaban –esta vez sí- a favor, y no en contra de su amo, que es como las reglas naturales ordenan.
También se veía a muchos  funcionarios, un importante sector de la sociedad -por su actividad y su número- que algunos creíamos ya extinguidos por su ausencia en otras convocatorias. Parece ser que los últimos recortes han influido de manera decisiva en su ánimo movilizador. Confío en que este paso sea una actitud a mantener en adelante y no un hecho aislado, de todas maneras, siempre es alentador volver a reencontralos

Otra parte importante de la marcha lo componían personas que habían ayudado, con su voto, a que Rajoy consiguiera su mayoría absoluta, individuos que creyeron las promesas que el PP les hacía en periodo electoral, comprueban ahora que todo fue un engaño y que una vez instalados en la Moncloa, se olvidan de lo que prometieron hacer y en su lugar están aplicando impuestos y recortes que antes con tanta violencia criticaron.

Pero los que más proliferaban entre la multitud eran unos seres extraños, semejantes al resto de los mortales, pero tirando  un poco a “colorao”, que se desgañitaban lanzando lindezas a Rajoy. Lo culpaban de todo: de haber provocado la crisis, de no reconocer y gestionarla a tiempo, de malgastar el dinero de los españoles sin ningún miramiento, de ser el autor de todos los recortes a los ciudadanos –incluidos los aplicados por Zapatero-, hasta la catástrofe de la Armada Invencible, por adjudicarle algo.
Uno que caminaba a mi lado y –por lo que pude comprobar- sabía bastante de animales carroñeros, me explicó, de una manera muy didáctica, “que esta especie, aparece y desaparece, según marchan los acontecimientos. Tienen un gran olfato para encontrar la sangre, y siempre que detectan una presa enferma, la hostigan, la atacan, la asfixian, y si no ven posibilidades de derribarla solos, se alían con otras especies, aunque éstas hayan sido enemigas hasta ese momento”.   

Parados, la verdad, vi pocos. Como no sé el aspecto que tiene un desempleado, y como tienen el buen gusto de no disfrazarse –por eso de no incomodar a los que nos cruzamos por la calle con ellos-, me vi obligado a calcular y no me salían las cuentas. Algo fallaba en mi ensalada de números. Me dije: “si la cifra de parados en Sevilla y provincia suman  250.000, algo no encaja, porque aquí, entre todos, no llegamos ni a los 50.000”. Luego me aclararon que no había realizado bien las cuentas, porque “a esa cifra –para que te cuadre-, hay que restarle los que están de vacaciones o trabajando”. Dicho y hecho, y las cuentas salieron al instante.

Los pensionistas andaban en otro mundo. La cosa no iba con ellos. Mientras le sigan ingresando cada mes la paga –aunque ésta sea exigua-, el problema es de otro. Están en otra dimensión, quieren –¡como si fuera posible!- recuperar el tiempo perdido, pelillos a la mar, y desgastar las suelas a base de batirse el cobre bailando un cha-cha-cha o  un tango, que no sé de donde han salido tantos bailarines en tan pocos años. 
Creen que si la economía se va al garete, a ellos no les va a afectar. Que tienen patente de corso y que ningún gobierno se atreverá a quitarles algo que les pertenece, que conquistaron a base de muchos años y duro trabajo. Confiemos en que no se equivoquen y les suceda como a los funcionarios, que la cruel realidad les ha hecho salir de la burbuja en la que se hallaban aislados.

Como he dicho, la cosa estuvo bastante bien. Hubo gente –que es el dato concreto para calificar a una manifestación de exitosa o no, al margen del análisis de los resultados obtenidos-, bastante gente, muchísima gente, y fue todo un ejemplo de respeto. 
Reunió a sectores de todo el entramado social, y sobre todo, rompió con la apatía participativa que se estaba imponiendo últimamente en la ciudad, a pesar de la fecha en que se celebraba la manifestación. No recuerdo –hasta donde me llega la memoria- otra anterior en un mes de julio. Algo que objetar: el recorrido fue corto -demasiado-, tanto es así que cuando los líderes habían terminado de soltar su rollo acostumbrado, la cola aún no había podido llegar al punto de partida, e inadecuado, ya que ésta terminaba en un espacio angosto donde no cabía ni una parte mínima de los participantes, otro debe en la cuenta de los organizadores.
Miren si ha sido un éxito, que hasta el desarrollo de la misma ha cambiado. Antes, en tiempos de Cascorro, siempre ibas receloso con todo aquél que marchaba junto a ti y te era desconocido, por temor a que fuese un miembro de “la Social”, en cambio, el jueves 19, íbamos “escoltados” por maderos indignados que hace unas semanas te habían majado a golpes, pero –cosas del destino-, ese día caminaban junto a ti, porque el Gobierno les iba a quitar la paga de Navidad y no podrían comprarles a sus cachorros los juguetes de Reyes.

Es innegable el efecto sociable de una manifestación. ¿Quién me iba a decir a mí que marcharía en una donde tuviera como compañero de fatiga, al que hace unos meses me corrió a palos y que, probablemente, dentro de poco, lo volverá a repetir gustoso?
¡Las vueltas que da la vida y lo inescrutable que es el destino!
Y al final, una duda: ¿Caerá Rajoy, y, en caso afirmativo, el nuevo gobierno que salga de las urnas –que no será otro que del PSOE (la gente tiene poca memoria)- restablecerá los derechos amputados, y lo que es más importante, dejará de imponer otros nuevos?
La respuesta la dejo en el viento, como hizo mi colega Bob Dylan.

    




jueves, 19 de julio de 2012

Viñetas de humor: ¡Va de recortes!




Todas estas viñetas han sido "prestadas" por Alfons López quien las publicó en Público.es









miércoles, 18 de julio de 2012

Que se oiga en todas partes; "¡Por mentiroso,Rajoy dimisión!"




Hoy voy a pedir imaginación, desprendimiento, empuje, osadía, convencimiento... o sea, ganas de girar el mundo hacia el lado de los perdedores.
Si nos lo proponemos, podemos lograrlo: sólo es necesario creerlo a pie juntillas, como creíamos aquellos cuentos fantásticos que en la niñez nos contaban nuestros padres.
Para ello, es necesario que invirtamos los términos, que no nos demos por vencidos, que aceptemos que una persona, cogida de la mano de otra persona que camina asido a los brazos de la persona que lleva a su lado, pueden llegar a sumar un océano inmenso de arrebato, un huracán impredecible de justicia, una espoleta artillera, socialmente hablando.
Entonces, si uno dice : “Yo puedo”, y otro dice: “Yo puedo”, ya son dos quieros, que sumado a los puedos y quieros de miles de “insignificantes” más, nadie podrá detener.
Y así, si a partir de hoy nos decimos –y le decimos al que tenemos al lado-: “Rajoy debe dimitir, por ineficaz y mentiroso”, iremos vertiendo en el agua de la sociedad, esa gota de aceite que, con el paso del implacable tiempo, se extenderá hasta ahogarlo.
No se nos puede gobernar desde la impostura, la mentira, sobre todo, cuando lo que está haciendo es desmantelar un estado del bienestar que tanto nos costó levantar.
Quien quita el dinero a los parados, es un ratero.
Quien abusa de su mayoría parlamentaria, es un tirano.
Quien no se atreve a convocar un referéndum que legimite sus engaños, es un cobarde.
Por eso, a partir de hoy, vamos a ser convincentes, optimistas, atrevidos, y tratemos de invertir la rotación de este asqueroso mundo.
De momento, pidamos la dimisión de Rajoy, y creámonosla, no esperemos hasta el 2015 para que abandone la Moncloa,  a la velocidad que se precipitan los acontecimientos, hasta mañana podría ser demasiado tarde.  
   







martes, 17 de julio de 2012

Begoña Abad: "Parchís"








Los políticos juegan al parchís,
juegan a la oca, al ajedrez,
juegan.
Sacrifican peones, damas,
tiran otra vez
y se comen una roja
mientras la azul se cuenta veinte.
Repiten la tirada.
Del laberinto al treinta, se aseguran
y a río revuelto ganancia de pecadores.
Desde sus torres de marfil
viven como reyes
y nunca caen en la cárcel.
De puente a puente
cabalgan sus caballos,
esquían en Baqueira
y si alguna vez caen en el pozo,
aún les quedan peones para rescatarlos.
Los políticos, ya se sabe,
tienen mal perder,
por eso, de vez en cuando,
hacen trampas para seguir ganando.

-o-o-o-o-o-

 Sin comentarios ...




lunes, 16 de julio de 2012

Rajoy debería dimitir, o bien, convocar un referéndum que avalara sus recortes





Si es cierto que el Infierno existe -y no es éste que habitamos-, la verdad es que vamos a estar algo estrechos  cuando esta gente del PP la espiche, debido a que han infringido el octavo Mandamiento.
Si Mariano Rajoy tuviera decencia y valor –algo inusual entre los políticos actuales-, debería dimitir, o en su caso, convocar un referéndum donde preguntara al pueblo si aprueba los recortes que está aplicando, ya que estas medidas son todo lo contrario de lo que llevaba en su programa electoral y proponía en cada mitin que realizaba, antes de las elecciones del pasado 20 de noviembre de 2011.

Pero además, el Parlamento -si de verdad cree en la Democracia-, debería promover una Ley que garantizase que un partido político en el poder no pudiera aprobar lo contrario de lo que prometió en su programa, o sea, que fuese factible un procedimiento institucional que castigase con la dimisión a todo aquel Gobierno de la nación o Comunidad Autónoma que mintiera.
Sólo de esa manera se protegería el resultado electoral producido, y a su vez, la Democracia -señora que en estos momentos se encuentra gravemente secuestrada por estos dos partidos que se alternan en el timón de la gobernación-, pero que sin una fuerte presión del pueblo en las calles, exigiendo la implantación de estas medidas correctivas, las mentiras continuarán produciéndose, es más, irán en aumento, y los políticos, los gobiernos de este país, harán del engaño el más eficaz instrumento para instalarse en la Moncloa.

A nosotros corresponde cambiarlo. De nada sirve votar y tener secuestrado el voto durante cuatro años. Debemos exigir a los gobernantes que cumplan sus promesas, y ser capaces –y autónomos-  para echarlos de sus sillones si llegan a mentirnos. Sólo así se protege y potencia la Democracia, lo contrario, el escapismo, la aceptación, el pasotismo, no es más que legalizar este estado de “Dictadura Democrática”.



 

miércoles, 4 de julio de 2012

Rafael Lozano: "Te espero"






TE ESPERO


Puede ser que hasta te marches,
que me dejes abandonado
cuando las maletas estén medio hechas,
aunque confío
–cuando las nieves cubran mis miedos-,
que regreses un momento antes
de que la tristeza teja sobre mí su telaraña,
poco antes de que se amustie mi esperanza.

Por si acaso,
dejaré entreabierta las puertas de mi alma,
y una llave debajo del felpudo,
por si un relámpago de aire
hubiera cerrado mis ojos.

Te espero.
Ya sabes en qué butaca te sueño.










martes, 3 de julio de 2012

Rafael Lozano: Aforismos (1)









  1. El blues es la música que creó el hombre negro para adormecer los dolores del alma.

  1. Como Norte América nos cogía algo lejos, en Andalucía, para ahuyentar la pena, ideamos la Seguiriya y la Soleá, dos tipos de blues con compases arábigos.


  1. Queremos cambiar el mundo, cuando apenas somos capaces de cambiar, siquiera un poco, el que tenemos más cercano.

  1. Quizás –en su inconsciencia-, el ser humano sea el animal más irracional que pisa la tierra: es el único capaz de matar sin sentir hambre.


  1. La tristeza es una telaraña emocional que coloca la diosa Alegría en nuestras vidas, para que jamás osemos olvidarla. 



    lunes, 2 de julio de 2012

    El más grande jardinero del reino: Leyenda







    Como a la mayoría de los mortales, a este que está detrás de la pantalla, le apetece -de vez en cuando-, hacer un alto en el camino, procesar datos y, una vez elaborados, archivarlos. También le place detenerse -cuando asciende por una empinada escalera de caracol-,  a contemplar la distancia que le separa del suelo, conseguido peldaño a peldaño, vuelta tras vuelta, sin darme cuenta, apenas con un leve esfuerzo. 
    Siempre he tenido presente en mi vida el símil de la escalera con el acontecer diario de nosotros: los días, no son más que los pequeños escalones de mármol que subimos cotidianamente y que superamos sin apenas enterarnos; los años, son un descansillo para el largo trecho, y donde, por toda lógica, nos deberíamos detener a tomar aliento.
    No es verdad que sea muy estricto en el cumplimiento de esta norma; quizás, como le ocurrirá a la mayoría de ustedes, recurro a ella en ocasiones intranscendentes o de conflictos existencialistas, pero nunca en el momento programado. 
    Cuando el nubarrón me atrapa, la buhardilla de la casa suele ser el lugar elegido para este cometido; ella se presta con su espacio elevado, su destino final de todo cachivache descartado, su utilización como aparcamiento provisional de todo lo "inserveble", lo supuestamente reutilizable: papeles, revistas, folletos, catálogos o libros que no encuentran alojo abajo. 
    Ella es, repito, el santuario pagano donde me refugio para esta actividad semiclandestina. Allí, clavado de rodillas, cual si de una prosternación se tratase, o sentado en una banqueta, ejerzo la labor suprema de rebuscar -entre los montones de cajas apiladas-, secuencias de mi ayer que quedaron archivadas en esta serie de objetos, y que -de vez en cuando-, suplen la ingrata actitud que contra nosotros ejerce la memoria.
    Y fue en una de estas cajas donde encontré tan valioso tesoro: dos páginas –no recuerdo si eran centrales o no- de la revista semanal de “El País”, no sabría concretar la fecha; sería, tal vez, por el mes de abril de 1991. 
    Lo que puedo asegurar es que formaba parte de la publicidad que hacían sobre una determinada marca  fotocopiadoras, en la que solían introducir todas las semanas una historia o  leyenda, y cual no fue mi sorpresa y satisfacción al leer la de ese día. El tiempo andaba bastante nublado y aunque no llovía en la calle, por dentro estaba completamente mojado. 
    Hoy, recalando en los recuerdos que este hallazgo me reporta, paso a transcribírsela a ustedes, en la creencia de que le sea tan reconfortante como a mí. Es toda una lección de filosofía y de inteligente actitud ante la vida  .



    LA LEYENDA

    Hace años, en un lejano país, había un rey
    que amaba las flores.

    Un día llegó a palacio un viajero que le habló de un jardín
    tan bello que no podía describirse con palabras.

    El Monarca, que buscaba la perfección por encima de todo,
    pensó que nunca sería feliz si no contemplaba ese jardín
    con sus propios ojos.

    Así, pues, decidió ir a visitarlo y envió mensajeros para que
    anunciaran su próxima llegada.

    El jardinero, hombre humilde y sabio, no se consideró
    merecedor de tal honor aunque, por amor a su Rey, preparó el jardín
    para que pudiera ser digno de tan alto personaje.

    El día señalado se levantó antes de amanecer y cortó todas las flores
    excepto una, la más perfecta.

    El Rey, al llegar, se postró ante la única flor
    de todo el jardín y, demostrando su gran sabiduría,
    lloró de felicidad y le dijo al jardinero:

    “Tú sabes que en una sola flor está
    la perfección de todas las flores, realmente eres
    el más grande jardinero de todo mi reino.”








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