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jueves, 15 de julio de 2010

Haciendo méritos para bajar a los infiernos


Para cuando muera, elegiré el infierno como última residencia, estoy convencido de que será el lugar del hiperespacio donde menos incómodo me encuentre. Creo que será un sitio atractivo y divertido para pasar el resto de la existencia: confortable, bien acondicionado, con todos los adelantos terrenales de los que hacen soportable este mundo de los vivos, puesto que al haber tanta gente destinada a esa penitenciaría, cualquier inversión ejecutada en ella se rentabiliza con facilidad.

El caso es que me motiva la elección del averno como final a mi trayectoria terrícola. Desde que conocí quiénes eran los recomendados para la gloria, decidí de inmediato una huída hacia atrás en mi camino de persona buena y sensata, y me entregué con desenfreno al culto de la maldad, ayudando a cruzar las calles a invidentes que, más tarde, abandono en medio de ellas; robo las pensiones de primero de mes, a todas las ajadas viudas que van a cobrarlas a las Cajas de Ahorros; doy caramelos, refregados con una buena guindilla, a los inocentes niños que desobedecen las advertencias de sus padres, etc.

Lo cierto y definitivo es que, sabiendo quienes suben al paraíso, prefiero arriesgarme a bajar a los infiernos. En el primero –me han dicho, de buena tinta- la temperatura es bastante similar a la de Sevilla: inviernos húmedos y fríos y veranos tórridos y secos. El personal que lo frecuenta es de lo más soso: mujeres viejas y enlutadas, siempre con una Biblia y el rosario en la mano, murmurando letanías en agradecimiento por el bien concedido; franquistas recomendados por el cura de su parroquia; explotadores arrepentidos diez minutos después de muertos; banqueros engominados; especuladores; etc. No hay música (me refiero a rock, blues, jazz, folk, etc.), tampoco tienen calefacción ni aire acondicionado, porque, argumentan los mandamases, “que para los pocos que son, no merece la pena gastarse los eurocielos".



Mientras que en el segundo, todo son ventajas. Como está a rebosar, calorcito en invierno, refrigeración en verano, instalación musical por todos los túneles, cerveza a raudales, malas mujeres (amantísimas madres que dedicaron su vida a la cría de sus retoños y no sacaron un rato para ir a la iglesia), aborrecibles hombres (a todas horas trabajando, intentando llevar a casa la mayor cantidad de dinero, cuando no, metido en huelgas y pegando pasquines, o al frente de una irreverente manifestación), gente que no sabe decir siquiera “un padre nuestro”, y que no tuvieron tiempo, al morirse, de arrepentirse, preocupados –egoístamente- por el futuro incierto de sus seres queridos.

En este lugar –dicen los que han estado allí- todo es juerga, diversión y alguna que otra vez, movida social. Porque aquello -comentan- está todo lleno de rojos obreros, comunistas, anarquistas, ateos, agnósticos, libre pensadores, que se niegan a seguir los ritmos de trabajos que imponen los adjuntos del diablo, por lo tanto, semana sí, la siguiente también, es un continuo circular de huelgas de brazos caídos que amenaza con convertir la caldera infernal, en un simple hornillo, lo suficiente para tener a punto el ponche.

Por tal motivo, estoy haciendo méritos para ganarme un puesto en esa residencia infinita. Desde que actúo de esta nueva manera, el mundo me sonríe diferente. La depresión ha desaparecido de mi cabeza, soy cada día más optimista y sonriente, la primitiva me suele tocar de vez en cuando, y es que la vida que llevaba antes, no merecía la pena. Me entristecía ver a un negro tratando de vender pañuelos en un semáforo; me rompía el alma el naufragio de una patera y las consecuentes muertes de subsaharianos; las imágenes de niños desnutridos en África me quitaban el apetito; cualquier atentado terrorista me deprimía, cuando no, las incomprensibles guerras entre hermanos. Aquello no era vida, os lo garantizo, y cuando me enteré de la recompensa que se obtenía a cambio, lo tuve perfectamente claro: Yo, desde ahora mismito, hago votos para ganarme el infierno. Confío en que cuando muera, me lo adjudiquen y no me jodan, mandándome al cielo.

miércoles, 14 de julio de 2010

La roja, el pulpo y el caballo de Calígula


No pretendo ser un aguafiestas, pero lo del fútbol, opino que se sale de lo mínimamente racional. Ya sé que toco un tema conflictivo, y que existe una gran mayoría de la población que se siente identificada, pero, antes de continuar, quiero aclarar que mi comentario de hoy no es un ataque a este deporte, ni a sus practicantes, ni muchos menos a millones de seguidores. En casa también se vieron los partidos que jugaba la selección y nos hemos alegrado con su merecida victoria, igual que cuando gana Nadal algún importante trofeo, o los tenistas españoles logran la copa Davis, o la selección de Waterpolo consigue el mundial, así como nos alegramos de las conquistas de nuestros ciclistas en el Tour de Francia, o de los grandes éxitos de nuestros motoristas en los circuitos mundiales, etc.

No es este el tema que abordo, ni el que me impulsa a escribir. Sencillamente, lo que lo hace, lo que me solivianta, lo que no deja quedarse quietas a las mil culebras que llevo dentro de la cabeza es, la desvergonzada utilización que se está haciendo del acontecimiento. Cada cual arrima el ascua a su sardina y, como si de unas elecciones se tratara, aquí todo el mundo ha puesto su granito de arena para lograr la victoria, y todos han ganado. Los fascistas arrinconados se frotan las manos al ver tanta bandera ondeando, y vuelven a creer en el sueño imperial enterrado.
Me enoja que por más de quince días nos hayamos olvidado de la crisis, de las agresiones sociales de Zapatero y su ineficaz gobierno, que, con alevosía diurna, aprovechando el despiste de la gente, nos han metido un nuevo gol de derechas: la destrucción del carácter social y territorial que hasta ahora mantenían las cajas de ahorros en España. A partir de hoy, las cajas dejarán de serlo, se dará entrada al capital privado, la dirección estará, también, en manos privadas, y, como consecuencia, perderán el carácter filántropo que las definían: cero reparto de dividendos y la utilización de éstos para financiar actividades sociales.

Mientras los españolitos nos despreocupábamos de los trapicheos del gobierno, éstos, que son remalos, no han parado de estudiar nuevas medidas para jodernos. Durante estos días de jolgorio, nuévamente se ha vuelto a hablar del retraso de la jubilación, esta vez de manera más osada, a los setenta años. Todo debido al despiste que ha producido el mundial y, por qué no decirlo, a la buena mano que les han echado los estómagos agradecidos de la “desinformación”, o sea, los Ramón Lobo, Iñaki Gabilondo, Carles Francino, etc., los cuales han llenado sus páginas diarias de pulpitos brujos que nos retrotraen a la Roma de Calígula con su caballo, de lo “roja” que es esta selección, del recuperado espíritu patriota y del carácter “reconciliador” de la pelota. Los informativos abrían con cuarenta y cinco minutos dedicados al fútbol, cinco más a un repaso veloz de noticias, el tiempo y, a vivir la vida. El mundo, de repente, se ha convertido en una balsa de aceite donde no ocurre nada que merezca la pena reseñar. Las pateras siguen hundiéndose en el estrecho y ahogándose las madres que venían en ella con sus niñitos agarrados en el pecho, pero como estamos tan acostumbrados, esta información no merecía quitarle un minuto al circo. Los primeros siete días del mes produjeron cinco víctimas de terrorismo machista, pero al convertirse en habitual, esta información tampoco merecía la pena que le robara un minuto a la gran noticia del fútbol.

La masa se mueve por estímulos. Esto es algo que saben a la perfección los manipuladores de ésta. Cuando las cosas van mal para los emperadores y demás tipos de gobernantes, sabido es que no hay mejor estrategia a emplear que la que tan buenos resultados le dio a la Roma Imperial: el “pan y el circo”, aunque en el caso nuestro, sólo hay circo, como es natural, ya que el pan prefieren llevárselo estos mangantes. Como Roma, hemos montado grandes fastos para recibir al ejército vencedor y ocultar así, con esta teatralidad, las carencias que poseemos. Los ocho años de legislatura de Zapatero –contando que llegue al final- pasarán a la historia como el mayor atentado social que se haya cometido contra la población española desde hace bastantes tiempo, además de la puesta en práctica de una estrategia de manipulación desinformativa, cercana a las utilizadas por los regímenes nazis y fascistas. Quienes vivimos –y luchamos- en la dictadura de Franco, sabemos perfectamente a qué me estoy refiriendo.

Que la pasajera alegría no nos oculte el resto del campo. No hay que dormirse en las guardias, bien lo saben los que hicieron en su día la mili, porque por allí es por donde se cuela el enemigo, y en el mejor de los casos, te ganas un fuerte correctivo. El demonio no descansa nunca, siempre está a la espera de que nos descuidemos para colarnos un gol, y, sin previo aviso, como ocurre con Zapatero. El gol del triunfo, no nos equivoquemos, no es el que ha marcado Iniesta, sino el que nos ha metido a todos, el presidente del gobierno.



martes, 13 de julio de 2010

Clint Eastwood: "Invictus"





Ayer, tuve la ocasión de ver la película “Invictus”, del magnífico director de cine, Clint Eastwood. Tengo que decir que me había resistido a hacerlo, porque las críticas no habían sido favorables y porque su último film, “Gran Torino”, me decepcionó un poco en comparación con sus últimos trabajos. Pero he aquí que el Sr. Eastwood vuelve a sorprendernos con una obra impecable, al estilo de “Mistic River”, "Cartas desde Iwo Jima" o “El intercambio”, donde combina una magnífica realización, dirección de actores, y banda sonora que, por cierto, en esta ocasión es obra de su hijo, Kile Eastwoot, cuando, casi siempre, son compuestas por él mismo.
A destacar, la magnífica interpretación de Morgan Freeman en el papel de Nelson Mandela, papel que ha estado trabajando durante meses, hasta conseguir imitar a la perfección los gestos, las poses y hasta la mirada de éste.

En una Suráfrica que empieza a caminar por sí sola, y en la que el odio racial rezuma por todas partes, después de muchos años de dominación blanca, el rugby, deporte nacional al que todos seguían con igual pasión, consigue derribar barreras, uniendo a blancos y negros por igual, con el logro, en el año 1995, del campeonato del mundo que se celebró en este país.

Lo dicho, unos magníficos actores, una magistral realización y una banda sonora extraordinaria, hacen que esta vibrante película siga elevando el cine a la categoría de 7º arte.




Ficha técnica:

País: EE.UU.

Dirección: Clint Eastwood

Guión: Anthony Peckham

Reparto: Matt Damon, Morgan Freeman, Scott Eastwood , Langley Kirkwood, Robert Hobbs , Kgoroge Tony , Bonnie Henna , Roberts Grant, Holanda Patrick , Patrick Mofokeng

Fotografía: Tom Stern

Música: Kile Eastwood y Michael Stevens

Producción: Warner Bros. Pictures, Mace Neufeld Producciones , Producciones Malpaso , Revelations Entertainment , Spyglass Entertainment






Post creado por Carmela


lunes, 12 de julio de 2010

Atrapados en el tiempo

Me dice un amigo: “Manuel, observo, con temor, que las personas vamos perdiendo la sensibilidad humana que nos diferenciaba del resto de los animales”. La verdad, no he sabido qué responderle.
Primero, porque una pregunta, así, a quemarropa, sin haber digerido aún el delicioso desayuno de hace unas horas, cuesta responder.
Segundo, porque preguntas de esta índole, no se le hacen a los amigos, al menos, hasta que no se haya cargado uno de suficiente mala leche ciudadana.
Tercero –y entrando en la parte seria- porque qué puedo añadir yo a lo que es visiblemente evidente: el “ser perfecto” de la creación, se deshumaniza y retorna a sus orígenes de homínido. El hombre abandona la colectividad y se refugia en las cavernas, desde donde puede controlar, a la perfección, al congénere que se le acerca.
Evitamos el sanador abrazo –dicen, los que entienden, que en ocasiones, es tan curativo como cualquier medicamento-, no sé precisar si por mero escrúpulo, por tacañería, por temor al ridículo o por lo innecesario del gesto.
Cada día es más extraño el acto de estrechar las manos en lo que fue un ritual entre dos personas que se saludan. En principio fue la manera en la que dos “conocidos” que se encontraban por la calle, mostraban, al acercarse, que la mano derecha no empuñaba la espada con la que podía finiquitarlo, pero que con el paso del tiempo, se transformó paulatinamente, en una expresión de cordialidad y respeto. Hoy, también se está perdiendo. Da la impresión, que todo lo que supone un roce con tu semejante –exceptuando el revolcón momentáneo con la pareja- esté en vías de desaparecer y no hay organismo público, ni privado, ni ONG creada, que vele por la supervivencia de este gesto tan característico del ser humano.

El hombre se ha convertido en un ser solitario, en medio de un gran montón de personas más solitarias que él. Los adelantos técnicos, sólo han servido para retrotraernos a las cavernas. La televisión, la confortabilidad del hogar y, sobre todo, Internet, (la gran mentira del siglo, donde nadie es quien dice ser y aparenta, y las relaciones establecidas, son superficiales, ficticias y momentáneas), han hecho que la sociedad haya ido abandonando los espacios colectivos donde se organizaban y convivían. El asociacionismo, en la actualidad, resulta escaso y pintoresco. Preferimos funcionar por libres. Incluso, en un caso aún por resolver, como es el de la pareja, cada día está más en crisis y son más escasas las que aguantan –unos días mejor, otros no tanto- un largo período de tiempo. Nos hemos ido materializando con el paso del tiempo, creando una coraza de insensibilidad y autoprotección que nos impide aproximarnos al otro, nos relega a lo insustancial, lo efímero, lo vano, haciéndonos cada día más cobardes para afrontar las dificultades que plantean las relaciones humanas y el compromiso solidario.
Ya no emociona ver una puesta de sol en la costa de Huelva , ni la visión estrellada en las cimas de Grazalema, ni siquiera, la mirada enigmática y cargada de mensaje de la persona querida que vive a tu lado. Sólo nos motiva el automóvil de gran potencia –jamás su utilidad-, la buena pantalla de plasma –aunque se dé el caso de que no quepa en la casa-, los alejados viajes –aunque no conozcas nada de tu entorno más cercano- y una buena cuenta corriente. Lo demás, como que parece que estorba, que está desfasado, que nos produce urticaria.

Amar se ha convertido en un acto arriesgado. Nadie quiere enfrentarse a un monstruo desfasado. Ya no se lleva la pasión, es contraproducente y conflictiva, y como nos hemos convertidos en seres, eminentemente prácticos, huimos de ella como quien teme al diablo. Amar es combatir, arriesgar, entregar, compartir y, para los tiempos que vivimos, supone un atraso. Se impone lo práctico, lo fácil, el usar y tirar, la servilleta de celulosa, el terraplén como vía rápida de escape.
¡Qué voy a responder a tu pregunta, querido amigo! Tal vez, que sin darnos cuenta, nos hemos hecho algo viejos y nos hemos quedado atrapados en el tiempo.






domingo, 11 de julio de 2010

Alternativas para huir del calor


Han llegado las temidas –aunque esperadas- calores. Algunos confiados pensaban que con esto del cambio climático y el mes de junio que nos habían regalado, la terrible canícula, este año no nos visitaría. Pero ya sabemos que cualquier deseo agradable al que se pueda aspirar, la contundente realidad –que coloca todo en su sitio- llega y lo desmonta. Es curioso que los noticiarios no dejan de destacar diariamente como noticia relevante, que en pleno mes de julio, haga una “hartá” de calor, como si no fuera natural que en verano lo hiciese y que invierno nos helásemos de frío. Pero bueno, los muy profesionales deben rellenar las páginas de los periódicos y de los informativos con noticias “light” para hacernos más llevadera la canícula estival y las cargantes noticias del mundo.

Para escapar a esta maldición divina, los valientes sevillanos tenemos tres alternativas:

1.- Escapar a la playa.
2.- Subir en busca del frescor de la sierra.
3.- O la de refugiarse –con mucha paciencia- en el interior de la “caverna”.

Si tuviese que escoger, me inclinaría por la segunda. Hay lugares en la sierra norte de la provincia, donde aún es posible pasar un buen día de descanso sin tener que sufrir las inclemencias del tiempo.
Es el caso de la Rivera del río Huéznar, en el Parque Natural de la sierra Norte de Sevilla. 
Tiene su nacimiento este importante arroyo del Guadalquivir, en el pequeño pueblo de San Nicolás del Puerto, nada más entrar, si lo hacemos desde Constantina, frente a la gasolinera, donde podremos observar cómo cientos de burbujas emergen del rebosadero de un acuífero. También posee esta localidad una acogedora “playa” artificial donde podremos refrescarnos, con chiringuito incluido.

Pero mi opción pasa por seguir el curso del agua, dirección Estación de Cazalla de la Sierra, y por el camino encontraremos maravillosos espacios donde acomodarnos para pasar el relajante día. Durante el trayecto no podemos dejar de visitar la zona recreativa del Martinete, donde tendremos ocasión de disfrutar con la visión de la hermosa cascada que en ese espacio se encuentra (declarada Monumento Natural por la Junta de Andalucía debido a su extraordinaria belleza) y –si lo decidimos- instalarnos en la zona habilitada para ello y refrescarnos en sus heladas aguas. También cuenta con un pequeño restaurante donde podremos probar las delicias de la zona. Esta podría ser la primera opción.





La segunda podría ser, seguir carretera abajo, continuando dirección Cazalla, hasta llegar al área de recreo Isla Margarita –o como los habituales al lugar llamábamos: la Isla del Pescador- donde en un espacio formado por la bifurcación en dos brazos del citado río, al cobijo de un magnífico bosque de galería, tenemos una zona perfectamente equipada con mesas, asientos, agua potable de pozo, y lo más importante, un espacio preparado para bañarse los más calurosos y valientes, porque hay que serlo para sumergirse en estas aguas. El resto tendréis que ponerlo vosotros, así que valor, cargaros de ánimos, preparar una buena tortilla de papas y otras cosas que os gusten, algunos refrescos y cervezas, llenáis la neverita de hielo, y a pasar un buen día sin el agobio del calor, sin arena en los pies ni moñlestas quemaduras en el cuerpo, y, lo más envidiable, sin noticias por una horas. Es la alternativa para hoy. A pasarlo bien.






sábado, 10 de julio de 2010

Rafael Lozano: "Culpable" (Microrrelato)





Tras estudiar fría y metódicamente mi caso por un largo período reflexivo de 14 años, he llegado a la más firme y convincente conclusión: ¡soy culpable!. No sé de qué, pero acepto la comodidad que proporciona sentirte culpable y no estar en extrema lucha contra todo y todos.

Aún, después del tiempo transcurrido, desconozco de qué se me acusa. La lógica procesal exige que el fiscal informe sobre el acto delinquido, actuación que en mi proceso se ha omitido, pero esto no excusa que yo sea un reo peligroso, antisocial y desaconsejable para la gente de bien, pues la ignorancia no me exime de la responsabilidad que me cabe en la realización del delito, ni puede –eso, menos aún- poner dudas sobre el veredicto al que han llegado personajes tan nobles.







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