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miércoles, 17 de agosto de 2011

10.400 trabajadores del campo andaluz para la vendimia francesa




A partir del próximo veinte de agosto, 14.500 trabajadores del campo español irán a la vendimia francesa, de ellos, 10.400 son andaluces (algo más del 70%).

Cada verano, este tipo de noticias nos retrotrae a épocas que creíamos superada, donde una parte de la población tenía que acudir a otro país en busca de las habichuelas que no encontraba en el suyo, y rompe la interpretación que realizan políticos interesados, periodistas que no saben lo que es currar -y mucho menos, hacerlo en las condiciones que imponen los empresarios españoles-, y, por supuesto, las declaraciones de alarmismo que realizan estos últimos. Porque esto de que “los inmigrantes son necesarios para que realicen el trabajo que los trabajadores españoles no quieren hacer”, no es más que una falacia, otra más del conjunto de mentiras que esgrimen el capital y sus “mantenidos”, para ocultar la auténtica verdad del caso: la vuelta a la esclavitud del trabajador y, sobre todo, el del campo.


¿Quién de los que abogan porque los parados trabajen “en lo que sea, como sea y por el jornal que sea”, sería capaz de atarse los machos y venirse al campo andaluz a soportar a un cacique medio analfabeto, que te obliga a trabajar por 36 euros al día, realizando una jornada laboral más larga de la estipulada, sin permitir que pares a comer el bocadillo, no te entretengas mucho en beber agua, etc., además, de tenerse que pagar el sello agrario (está en 86 euros, el mes que no trabaja, cuando lo hace, el empresario se lo descuenta del jornal) para tener derecho a la Seguridad Social?
¡Nadie que tenga dignidad y pueda!, porque, algunos trabajadores agrícolas que yo conozco, ni siquiera aceptando estas condiciones lo admiten, y si no, que nuestros magníficos periodistas que opinan tan cómodamente en las tertulias radiofónicas y televisivas, se atrevan a realizar verdadero periodismo y bajen al sur a conocer la situación extrema en la que están los trabajadores del campo: en el más humillante y vergonzoso paro forzoso, mientras miles de inmigrantes están trabajando. ¿Y saben por qué? No es que los andaluces no quieran realizar ese trabajo. Sencillamente es que el empresario agrícola prefiera a un marroquí, a un rumano, y también, por qué no decirlo, a un subsahariano indocumentado, que éstos, ni protestan por el dinero que les pagan, ni por las horas que trabajan, y mucho menos, por las condiciones en las que realizan su trabajo.


¿Saben la diferencia entre un empresario francés y otro español? Mejor sería decir, entre un empresario y otro que no lo es. En que el primero no es un negrero. Si no, analicen las condiciones en que se van nuestros emigrantes y comparen con la realidad de aquí. Los vendimiadores en Francia recibirán 9 euros por hora (unos 1.365 euros al mes), frente a los 6,20 de España (unos 860 al mes), además de contar con una paga por vacaciones de un 10% del salario bruto, y ayudas familiares. La jornada laboral es de 35 horas semanales y las horas extraordinarias tienen una mejora del 25%, hasta las 43 semanales, y del 50%, superadas las 43, con lo que los ingresos que percibirán al final de la campaña son impensables en España. Además, el alojamiento y el desplazamiento es por cuenta del empresario.

¿Ven la diferencia entre un empresario (que, por supuesto, gana dinero) y un explotador?

Esa es la cruda realidad. El que no quiera verla, o es que desconoce el tema, o –lo que es bastante peor-, miente, para ocultar el verdadero objetivo: la vuelta a la esclavitud laboral en Andalucía, donde por un mendrugo y un trozo de tocino, te tenían trabajando todo el día. Pero llegó la democracia y cambiaron los tiempos. Por ese motivo, a los caciques, a los malos empresarios, a los especuladores, les gusta tan poco este sistema político y no hay un instante en que no intenten derribarlo. A este ejemplo de hoy me remito.






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