Sígueme también en este otro blog:

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Las acciones del SAT ¿Asaltos o actos de justicia?











Vivimos momentos de intensa confusión. A los ladrones de guante blanco,  a los parásitos antisociales (lease políticos, curas, militares, policías, etc.), a los saqueadores de las arcas del estado que no tienen ningún recato en tirar millones de euros por las alcantarillas, se les justifica, ensalzan, absuelven y, más de uno, los comprenden y envidian, mientras a los actores de simples acciones testimoniales -que sólo tratan de llamar la atención de una narcotizada sociedad a la deriva-, se les calumnia, recriminan, ofenden y  llaman lo que callan de los otros.
Llamar bandoleros, asaltantes, cuatreros, chorizos, rufianes, y otro montón de lindezas a los activistas del SAT, por "apropiarse" de unos cuantos carros de alimentos y otros tantos de material escolar, que luego repartirían entre la gente necesitada, es el eufemismo más cínico y repugnante que esta sociedad enferma se puede permitir. 
Después de saber cómo nos saquean los políticos; lo que nos cuesta mantener la casa real; o a un ejército y policía que no nos sirve para nada y que cuando actúan, ya sabemos para qué; después de los muchos Bárcenas que sufrimos, de los muchos Urdangarín que padecemos, de los casos Gürtel, Palau de la Música y Filesa,  para la financiación ilegal de los partidos, de la desvergüenza de los ERE, del golferío de los dos sindicatos mayoritarios, que se inflan de mariscadas con el dinero de los parados, etc., llamar delincuentes, bandidos, truhanes, etc. a los miembros del SAT, es para arañarse hacia arriba... Por no soltar una palabrota que llene de inmundicia toda la página del blog.
¿Habráse visto mayor hipocresía? ¡Qué fácil es descalificar con el estómago lleno! 
Yo comprendo que quienes hacen ésto deben de tener contento al amo que los "mantiene" porque todos los meses tienen que  pagar la hipoteca del par de viviendas que poseen,  el buen colegio de sus hijos, las actividades extraescolares, la tarjeta de El Corte Inglés de la santa, el pisito y los antojos del querido o la querida, etc., pero de ahí a lo que llegan a escupir desde las páginas del periódico que casi nadie lee, o desde esas tertulias radiofónicas o televisivas que me recuerdan más a un lavadero de pueblo que a una opinión ecuánime y seria, va un largo trecho. Después que no se quejen cuando algunos les llamamos sicarios, mantenidos, voceros, mamporreros, lameculos, peseteros, etc. Después que no se quejen y soliciten el respeto que ellos no tienen hacia otros.       







martes, 17 de septiembre de 2013

Bodega ecológica "Cortijo el Cura", Laujar de Andarax (Almería)





 Un buen recibimiento, con la Sierra de Gádor al fondo



Desde hace tiempo teníamos pendiente una visita a la Alpujarra almeriense –menos conocida que su hermana granadina, pero con un encanto y una peculiaridad propia-, así que nos armamos de valor y realizamos el deseo aplazado.
Eran bastantes los factores que nos impulsaban a ello (tranquilidad, paisaje, contacto con la gente del lugar, gastronomía, etc.), pero lo que más nos motivaba era la enológica, debido al alto reconocimiento que están alcanzando los vinos de la  comarca, en especial los del municipio de Laujar de Andarax, hermoso paraíso a casi mil metros de altura, enclavado entre la Sierra de Gádor y Sierra Nevada.


Vista panorámica de la bodega y parte de la finca


Visitamos varias bodegas y dejamos para el final la que más interés nos despertaba: la Bodega Ecológica “Cortijo el Cura”, perteneciente a la familia Sánchez, en la que además de producir cinco excelentes vinos, también comercializan aceitunas, aceites, frutas y algún que otro producto deshidratado (higos y tomates).



La finca consta de 25 hectáreas, 14 de ellas dedicadas al cultivo de la vid (entre las que hay que destacar algunas variedades autóctonas como la Bobal y la Jaén blanca y negra), y las 11 restantes a olivos y frutales.





Cuando llegamos estaban en pleno proceso de envasado del tinto joven de 2012, pero esto no fue obstáculo para que al instante se pusieran amablemente a nuestra disposición, tanto la madre –una octogenaria con más vitalidad que cualquier mocita de veinte años-, como los dos hermanos encargados de la bodega, dándonos una breve información sobre la historia de la finca, después de la cual pasamos a visitar la parte de la bodega donde se procesa y fermenta la uva vendimiada. 




Luego pasamos a la zona que acoge las barricas de roble americano para el envejecimiento del mismo, y donde también reposan las botellas. 






Después a la pequeña tienda donde exponen los productos que tienen a la venta, y al final, a la sala de catas, momento culmen de cualquier acto amoroso que se precie.





Una vez en ella, degustamos cuatro de los cinco vinos con los que cuenta la bodega:

  • primero el Oro del Llano, un blanco joven seco, afrutado y con sabores florales y frutos secos.
  • luego pasamos al Sierra de Gádor, un tinto joven del 2011, rojo intenso, suave, limpio, con sabor a frutas recién cortadas,  y una graduación de 15º que quitaba el sentido.
  • el siguiente fue el Jáncor, tinto crianza de 2007, un vino redondo, donde están presentes los aromas a madera,  almendras y la frescura de las frutas del bosque.
  • y finalizamos con el Sánchez Vizcaíno, un tinto reserva rojo ciruela, con sabores a madera y frutos secos tostados, y un pequeño toque suave afrutado. Deja en los laterales de la copa abundantes muestras de lágrimas, aviso del alto porcentaje de glicerol y la alta graduación alcohólica del mismo. Todo un logro.
Para los que se pregunten en qué se diferencia un vino ecológico de otro que no lo es, decir que el resultado de estos que hemos probado radica en:

  • ausencia de abonos químicos y tratamientos fitosanitarios.
  • la vendimia es manual y selectiva.
  • introducción de los racimos en pequeñas cajas, para evitar el deterioro del producto en el transporte.


  • traslado inmediato del mismo al lagar para evitar fermentaciones perjudiciales, oxidaciones o infecciones microbiológicas.
  • eliminación de los raspones de los racimos (despalillar) antes del prensado, para evitar la astringencia de los mismos y el gusto herbáceo.
  •  reducción de la temperatura de fermentación (de 40º a 20º/25), con lo que se retarda este proceso a un nivel más armonioso y natural.
  •  no clarifican y apenas filtran; tampoco se utiliza clara de huevo en la clarificación (con lo que se evita posibles reacciones alérgicas), por la que estos vinos cuentan con un alto porcentaje de sustancias nutritivas naturales de la uva.
  •  la producción es pequeña y limitada.
  •  ausencia de añadidos químicos que después del consumo produzcan dolores de cabeza.
  • máximo respeto a las normas europeas sobre productos ecológicos. 


Este es el secreto para elaborar un vino como la Bodega “Cortijo el Cura” consigue, además del interés y empeño que todos ellos ponen en el proyecto. Felicitaciones a los artífices de este buen producto con el que tratan de armonizar el mercado de los vinos. 



  Parte del viñedo, con Sierra Nevada al fondo


 Las viñas a punto para la vendimia


Relación de vinos que se elaboran en esta bodega:

  • Infante: Rosado joven seco (Garnacha) Afrutado con color a cereza claro.
  • Oro del Llano: Blanco joven seco (Jaén Blanca y Chardonnay). Afrutado con aromas a hierba cortada y frutos secos. Sabor muy agradable.
  • Sierra de Gádor: Tinto joven (Garnacha, Cabernet Sauvignon, Syrah y Merlot). Aroma a fruta con un terminado suave, limpio y elegante aroma. Color rojo intenso.
  • Jáncor: Tinto crianza (Garnacha, Cabernet Sauvignon, Syrah y Merlot), con 12 meses de envejecimiento en barrica de roble americano, más otros 12 meses de reposo en la botella. Elegantes aromas dejando un fondo a minerales de la cepa de donde proviene.
  • Sánchez Vizcaíno: Tinto reserva (Garnacha, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot y Tempranillo), envejecido en barrica de roble americano durante 24 meses, más 18 meses de reposo en botella. Vino color cereza; nariz aromática a ciruela; toques de roble ahumado y tabaco y una boca fina y abierta con características organolépticas. 

















lunes, 16 de septiembre de 2013

Otra vez, ¡No a la guerra!






Manifestación en Sevilla en contra de la amenaza de bombardeo de Siria por los EE.UU.








Fuimos pocos, pero allí estuvimos. La ocasión lo requería y exigía, así que el pasado sábado, un puñado de nostálgicos que no se dan por vencidos, se pasearon por el centro neurálgico de esta Sevilla adormecida, para hacerles saber a esa población que no quiere enterarse de lo que pasa en el mundo, que mientras ellos, tranquilamente, realizan sus compras compulsivas, o se toman una copa en las terrazas de los bares, en Siria la gente está muriendo, y por si fuese poco, el Emperador del mundo (Obama) los amenaza con bombardearlos.
Como he dicho al principio, no éramos muchos, casi todos conocidos de batallas anteriores, pero los suficientes para poder denunciar el intento de agresión  imperialista yanqui. Poco más se le puede pedir a la gente. Si no se movilizan por la alta tasa de parados, contra la precariedad laboral, por la pérdida de capacidad adquisitiva de las pensiones, contra la corrupción política, contra el contínuo chorreo de deshaucios, ¿qué les va a importar la muerte de unos miles de "moritos" en un país lejano? 
Como en la época de Franco, ellos viven felices en su ignorancia, o al menos lo intentan, por eso no ven ni el "telediario"; otra cosa bien distinta es que lo consigan. Mientras tengan algo que llevarse a la boca y unos pocos euros para comprar, puede pararse el mundo que no les afecta.
¡Qué efectiva es la Democracia!
¡Cómo nos doma, cómo nos amansa, cómo nos modela, cómo nos vacía!
¡Bendita Democracia! 
¡Qué sería del capitalismo sin ella!












  

sábado, 14 de septiembre de 2013

Rafael Sánchez Ferlosio: "Campana Vespertina"















(Campana vespertina)



Vendrán más años malos
y nos harán más ciegos;
vendrán más años ciegos
y nos harán más malos.

Vendrán más años tristes
y nos harán más fríos
y nos harán más secos
y nos harán más torvos.






viernes, 13 de septiembre de 2013

Eduardo Galeano: "Los derechos de los trabajadores: ¿Un tema para arqueólogos?"

















Más de noventa millones de clientes acuden cada semana a las tiendas Wal-Mart. Sus más de novecientos mil empleados tienen prohibida la afiliación a cualquier sindicato. Cuando a alguno se le ocurre la idea, pasa a ser un desempleado más. La exitosa empresa niega sin disimulo uno de los derechos humanos proclamados por las Naciones Unidas: la libertad de asociación. El fundador de Wal-Mart, Sam Walton, recibió en 1992 la medalla de la Libertad, una de las más altas condecoraciones de Estados Unidos.
Uno de cada cuatro adultos norteamericanos y nueve de cada diez niños engullen en McDonald's la comida plástica que los engorda. Los trabajadores de McDonald's son tan desechables como la comida que sirven: los pica la misma máquina. Tampoco ellos tienen el derecho de sindicarse. En Malaisia, donde los sindicatos obreros todavía existen y actúan, las empresas Intel, Motorola, Texas Instruments y Hewlett Packard lograron evitar esa molestia. El Gobierno de Malaisia declaró union free (libre de sindicatos) el sector electrónico. Tampoco tenían ninguna posibilidad de agremiarse las 190 obreras que murieron quemadas en Tailandia, en 1993, en el galpón trancado por fuera donde fabricaban los muñecos de Sesame Street, Bart Simpson y los Muppets.
Bush y Gore coincidieron, durante la campaña electoral del año pasado, en la necesidad de seguir imponiendo en el mundo el modelo norteamericano de relaciones laborales. 'Nuestro estilo de trabajo', como ambos lo llamaron, es el que está marcando el paso de la globalización que avanza con botas de siete leguas y entra hasta en los más remotos rincones del planeta. La tecnología, que ha abolido las distancias, permite ahora que un obrero de Nike en Indonesia tenga que trabajar cien mil años para ganar lo que gana en un año un ejecutivo de Nike en Estados Unidos, y que un obrero de la IBM en Filipinas fabrique computadoras que él no puede comprar.
Es la continuación de la época colonial en una escala jamás conocida. Los pobres del mundo siguen cumpliendo su función tradicional: proporcionan brazos baratos y productos baratos, aunque ahora produzcan muñecos, zapatos deportivos, computadoras o instrumentos de alta tecnología, además de producir, como antes, caucho, arroz, café, azúcar y otras cosas malditas por el mercado mundial.
Desde 1919 se han firmado 183 convenios internacionales que regulan las relaciones de trabajo en el mundo. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de esos 183 acuerdos, Francia ratificó 115; Noruega, 106; Alemania, 76, y Estados Unidos... 14. El país que encabeza el proceso de globalización sólo obedece sus propias órdenes. Así garantiza suficiente impunidad a sus grandes corporaciones, lanzadas a la cacería de mano de obra barata y a la conquista de territorios que las industrias sucias pueden contaminar a su antojo. Paradójicamente, este país, que no reconoce más ley que la ley del trabajo fuera de la ley, es el que ahora dice que no habrá más remedio que incluir 'cláusulas sociales' y de 'protección ambiental' en los acuerdos de libre comercio. ¿Qué sería de la realidad sin la publicidad que la enmascara?
Esas cláusulas son meros impuestos que el vicio paga a la virtud con cargo al rubro relaciones públicas, pero la sola mención de los derechos obreros pone los pelos de punta a los más fervorosos abogados del salario de hambre, el horario de goma y el despido libre. Desde que Ernesto Zedillo dejó la presidencia de México, pasó a integrar los directorios de la Union Pacific Cor-poration y del consorcio Proc- ter & Gamble, que opera en 140 países. Además, encabeza una comisión de las Naciones Unidas y difunde sus pensamientos en la revista Forbes: en idioma tecnocrático, se indigna contra 'la imposición de estándares laborales homogéneos en los nuevos acuerdos comerciales'. Traducido, eso significa: arrojemos de una buena vez al tacho de la basura toda la legislación internacional que todavía protege a los trabajadores. El presidente jubilado cobra por predicar la esclavitud. Pero el principal director ejecutivo de General Electric lo dice más claro: 'Para competir, hay que exprimir los limones'. Los hechos son los hechos.
Ante las denuncias y las protestas, las empresas se lavan las manos: yo no fui. En la industria posmoderna, el trabajo ya no está concentrado. Así es en todas partes, y no sólo en la actividad privada. Los contratistas fabrican las tres cuartas partes de los autos de Toyota. De cada cinco obreros de Volkswagen en Brasil, sólo uno es empleado de la empresa. De los 81 obreros de Petrobrás muertos en accidentes de trabajo en los últimos tres años, 66 estaban al servicio de contratistas que no cumplen las normas de seguridad. A través de 300 empresas contratistas, China produce la mitad de todas las muñecas Barbie para las niñas del mundo. En China sí hay sindicatos, pero obedecen a un Estado que, en nombre del socialismo, se ocupa de la disciplina de la mano de obra: 'Nosotros combatimos la agitación obrera y la inestabilidad social para asegurar un clima favorable a los inversores', explicó recientemente Bo Xilai, secretario general del Partido Comunista Chino en uno de los mayores puertos del país.
El poder económico está más monopolizado que nunca, pero los países y las personas compiten en lo que pueden: a ver quién ofrece más a cambio de menos, a ver quién trabaja el doble a cambio de la mitad. A la vera del camino están quedando los restos de las conquistas arrancadas por dos siglos de luchas obreras en el mundo. Las plantas maquiladoras de México, Centroamérica y el Caribe, que por algo se llaman sweat shops (talleres del sudor), crecen a un ritmo mucho más acelerado que la industria en su conjunto. Ocho de cada diez nuevos empleos en Argentina están 'en negro', sin ninguna protección legal. Nueve de cada diez nuevos empleos en toda América Latina corresponden al 'sector informal', un eufemismo para decir que los trabajadores están librados a la buena de Dios. La estabilidad laboral y los demás derechos de los trabajadores, ¿serán de aquí a poco un tema para arqueólogos? ¿No más que recuerdos de una especie extinguida?
En el mundo al revés, la libertad oprime: la libertad del dinero exige trabajadores presos de la cárcel del miedo, que es la más cárcel de todas las cárceles. El dios del mercado amenaza y castiga; y bien lo sabe cualquier trabajador, en cualquier lugar. El miedo al desempleo, que sirve a los empleadores para reducir sus costes de mano de obra y multiplicar la productividad, es, hoy por hoy, la fuente de angustia más universal. ¿Quién está a salvo del pánico de ser arrojado a las largas colas de los que buscan trabajo? ¿Quién no teme convertirse en un 'obstáculo interno', para decirlo con las palabras del presidente de la Coca-Cola, que hace año y medio explicó el despido de miles de trabajadores diciendo que 'hemos eliminado los obstáculos internos'? Y en tren de preguntas, la última: ante la globalización del dinero, que divide al mundo en domadores y domados, ¿se podrá internacionalizar la lucha por la dignidad del trabajo? Menudo desafío.







Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...