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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Dos castaños para el parque






Esta semana hemos plantado dos arbolillos, dos pequeños castaños de no más de un año. Son como de la familia. Nosotros mismos recogimos las castañas - el pasado otoño-, en los alrededores de Fuenteheridos; las sembramos ilusionadamente en un par de macetas; con primoroso amor, las cubrimos con un plástico para que no les afectaran las heladas, hasta que, cercana la primavera, germinaron. Desde entonces, hasta que la llevamos a su definitivo emplazamiento, han estado conviviendo con nosotros y las demás plantas del patio. Su adaptación a la ciudad y al clima de Sevilla ha sido excelente –temíamos por ellos durante el tiempo del estío-, afortunadamente no les afectó y llegado el nuevo otoño, y las primeras lluvias que han reblandecido el terreno, hemos decidido llevarlos a un lugar más adecuado.

El lugar elegido ha sido el parque del Tamarguillo, cercano al pequeño lago que existe en él, para que de alguna manera puedan aprovechar la humedad que éste aporta y así les sea más fácil la adaptación al nuevo entorno. No hay que olvidar que la diferencia climática entre la sierra de Aracena y la parte este de Sevilla es bastante considerable.
Pero somos optimistas, los dos estamos convencidos de que con algo de cuidado al principio, los arbolillos prosperarán y una vez que consigan crecer y extender sus raíces por el interior de la tierra, lograrán encontrar el aporte líquido que el cercano estanque les proporciona.
Estamos ilusionados con la plantación. Ahora, cada vez que paseemos por el parque, tendremos una razón más para amarlo: allí se encuentra un trocito de nosotros, nuestro dos mimados y queridos castaños.

Hemos plantado nuestro correspondiente árbol. Tenemos varios hijos. Ya sólo nos queda escribir el libro. 



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