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lunes, 31 de octubre de 2011

Nacionalistas, insolidarios y mosqueones


Uno, a pesar de que llegue a cumplir dos mil años, no dejará de sorprenderse un solo día. En esta ocasión, mi perplejidad ha sido motivada por la reacción que el nacionalismo catalán ha tenido ante las palabras pronunciadas por Gregorio Peces Barba, persona que, hasta la presente, siempre se había caracterizado por la mesura y el respeto por los demás, pero se ve que ya, hasta las rocas más sólidas del espectro terráqueo, se están reblandeciendo y no pueden permanecer inalterables ante los envites verbales a los que nos tienen acostumbrados desde hace algún tiempo, los catalanes insolidarios.
Resulta paradójico, pero, aunque no lo parezca, el surrealismo existe. Llevan toda la vida insultando a las comunidades del estado menos favorecidas económicamente, y mire usted por donde, en cuanto los que están hartos (¿tendría que escribir “jartos” para que los Léridas de turno supieran que nosotros también escribimos y hablamos de manera distinta a los castellanos, y no se nos considera idioma?) les propinan un piropo, van los tíos y se cogen un rebote de mil demonios. ¡Vaya si son susceptibles! ¡Habráse visto la piel tan sensible que tiene el oso! Entérense de una vez, señores insolidarios. Lo que ha dicho Peces Barba no es más que la punta del iceberg de lo que muchos pensamos. Ya podrían haber formado parte de Francia, de Bélgica, de Rusia o de China, que al resto de los territorios de la península nos hubiera sido más beneficioso. Así, no tendríamos que habernos visto obligados, cientos de años, a tener que comprar los tejidos que vuestras industrias textiles fabricaban, a pesar de que los procedentes de los países bajos resultasen más baratos. Ni tener que financiar, nuestras Cajas de Ahorros, la creación de vuestro tejido industrial, mientras que el resto de regiones eran condenadas al atraso tecnológico. Tampoco habríamos tenido que soportar la “colonización” comercial de que somos objeto. Habéis extendido sucursales de vuestras empresas –sin que os produjera ningún ataque de repugnancia- por todo el territorio ibérico, centrando la facturación en Barcelona, con lo cual, el IVA que genera esta actividad, os lo apropiáis para vuestro beneficio. ¿Es que creéis que los demás nos chupamos el dedo y no nos damos cuenta de la jugada? Queréis –como el resto de los buitres- el reparto insolidario de las riquezas que genera el país, pero sin renunciar a instalar vuestros chiringuitos empresariales más allá de vuestras fronteras.
Miren, señores nacionalistas sensibleros, vuestro ingenio productivo lo tememos bastante calado. Vosotros (Cataluña, Euskadi, Madrid) no es que produzcáis más que el resto de los territorios, entérense de una vez, por favor, lo que ocurre es que tenéis la suerte de tener en vuestras capitales, la mayoría de las centrales de esas empresas (BBVA, Caixa, Endesa, Nutrexpa, Bankia, etc.).
Todas ellas hacen “el negocio gordo” fuera de la comunidad en la que facturan, cosa que antes no tenía importancia, ya que el que recogía los beneficios producidos, era el gobierno central, el cual los repartía equitativamente, según el número de población de cada comunidad, con lo cual se producía un reparto justo y equitativo de la riqueza del país, riqueza que era posible gracias al esfuerzo y a la colaboración del conjunto de la ciudadanía, unos produciéndola, otros consumiéndola.

Ahora, el nacionalismo trasnochado, pretende cambiar estas reglas de reparto solidario. Están tan salidos de órbita, que hasta llegan a creerse sus propias mentiras. El nacionalismo, además de haber sido siempre peligroso para la estabilidad del resto de los países, y ser un instrumento de derechas, es insolidario, avaro, rapiñador, excluyente, poco respetuoso con los demás y levitante. Nada tiene que ver esto con el respeto que debemos mostrar hacia un pueblo que tiene la suerte de poseer diferencias históricas específicas: lengua, costumbres, cultura, etc. De todos es conocido cómo fueron “unificados”, por el envidioso y agresivo nacionalismo castellano, los distintos pueblos de lo que hoy llaman España: a sangre y espada. No hay nada más que echar una ojeada al mapa autonómico y observar lo poco que tenemos en común los habitantes de una región con los de otra, si no, baste analizar las coincidencias de un gallego con un andaluz, la de un extremeño con un catalán, o la que hay entre un valenciano con un vasco, por citar sólo una cuantas de ellas.

Basta con escarbar un poco y, al momento, comienzan a brotar los elementos diferenciales de cada una. Ninguna de ellas mejor que la de al lado, que quede claro. Este es un concepto que, por lo visto, se emperran en obviar el nacionalismo manipulador. Pero una vez abocados a las consecuencias históricas, la realidad es como es, lo que no es lógico, a estas alturas, es empeñarse en empeorarlas. Porque –pregunto yo-, ¿qué sentido tiene hoy la desmembración del estado, cuando el perfil de los acontecimientos nos encaminan a una globalización total? ¿O es que a esta derecha nacionalista recalcitrante lo único que le escuece es pertenecer a España? Lo que ocurre, después de decir tantas mentiras e idioteces, es que uno corre el riesgo de creérsela.
Me viene a la memoria una anécdota que sucedió en un viaje donde el guía –argentino- acompañaba a un grupo de hispanohablantes (lo componíamos andaluces, madrileños, castellanos, vascos, catalanes, argentinos, chilenos, ecuatorianos, etc.), y cual no fue su sorpresa –y a la vez la de todo el grupo- cuando el guía fue “abordado” por una pareja de catalanes que le preguntó que si las explicaciones no las podía dar, también, en catalán. ¡¡¡¡¡ No se puede levitar más!

Sería arriesgado asegurar si con la incorporación de Portugal al estado español, en lugar de Cataluña, hubiésemos ganado algo. No seré yo quien se arriesgue a pronosticar un acontecimiento que entra más dentro de la predicción adivinatoria que de la realidad histórica. Judíos hay en los dos sitios –quizás algunos más en Cataluña que en Portugal-, pero es innegable que, los que se asentaron en el noroeste de la península son, más insolidarios y avaros que los del oeste.
El nacionalismo catalán sólo piensa en él, sin importarle las consecuencias que produce su actitud individualista. Por mí pueden tener la independencia cuando les plazca, pero que quede claro, como andaluz exijo que, el IVA que se recaude por las actividades que sus empresas realicen en mi comunidad, se queden en la Hacienda Andaluza, como ocurre con las demás extranjeras. Que no nos vengan con monsergas de independencia, SI, para algunas cosas, e independencia, NO, para la “pela”.

En fin, que debemos tener cuidado con lo que opinamos del nacionalismo y los nacionalistas, ya que, como ha sucedido esta pasada semana con las declaraciones del viejo político, estas sensibles criaturas, que se llevan todo el día ofendiendo a los demás, por desgracia, tienen la piel muy fina y cualquier cosa que se les diga, le escuece.
Pues saben lo que digo: que si les pica lo que ha dicho Peces Barba, “po´que s´arrasquen” y prueben de su propia medicina. ¡Faltaría más!


4 comentarios:

  1. Anónimo18/3/12 9:21

    Curioso lo que dice de la pareja de catalanes turistas, muy curioso, porque yo cuando viajo con mi mujer nunca le he dicho a ningún guía argentino que cambie de idioma, y tampoco lo he visto hacer. Haré un seguimiento por la red a ver si los encuentro y les diré, mira que conociendo el español, pedir que os hablen en catalán....como se os ocurre ser tan egoístas, solo para tocar los bemoles...

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  2. Espanyolista fastigós! Independència, i ja n'ho ha prou de criticar els catalans i Catalunya! A veure a qui busqueu com a bèstia de càrrega! //*//

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  3. Si tanta independencia solicitáis, lo primero que deberíais hacer -sólo por coherencia- es "sacar" vuestras empresas de los territorios que tanto odiais. "Teta y sopa" es contradictorio.
    Un saludo.

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  4. La intervención de este ciudadano catalán confirma lo que expone el administrador del blog. ¿Qué trabajo le cuesta expresarse en español para que todos nos entendamos?
    El infantilismo es una enfermedad que sólo se cura con los años. Seguro que si el idioma hablado fuese el inglés, francés, u otro cualquiera, no tendría escrúpulos en emplearlo.
    ¡Así no puede hacerse creíble sus justas demandas!

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