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lunes, 14 de noviembre de 2011

El otoño






El otoño, esa mágica y lírica estación, nos inunda los sentidos y nos desborda de belleza. La luz rivaliza con los colores, jugueteando entre los árboles, revelando asombrosas tonalidades. La tierra se convierte en teñidas y crujientes alfombras que nos invitan al paseo y a la contemplación de desnudos e implorantes árboles que, mirando al cielo, sueñan primaveras.
Festival de colores, bosque encantado, gnomos y hadas brincan alrededor de sus nuevas casas resurgidas, las setas. Los madroños presumen de rojo y las piedras de musgo.  Olor a castañas, a nueces y a olvido. Caen las hojas de los árboles como las del almanaque de nuestra vida. El sentido entierra pasiones, arranca olvidos, que el corazón vuelve a desenterrar. El aire, ocre y limpio, impone nostalgias en la mirada y estertores en el alma, que se niega a morir, apasionada. El otoño nos envuelve con sus colores, sus aromas y su magia, y nos hace soñar, por un corto espacio de tiempo, que somos capaces de reconciliarnos con la vida, y sentirnos agradecidos por poder ser, un año más, afortunados espectadores del mismo milagro.


Texto: Carmela

 








miércoles, 9 de noviembre de 2011

Dos azulejos con dos sentencias lapidarias











La curiosidad me atrajo a fotografiarlos. Hay miles de azulejos donde los “pensadores” anónimos dejan impresas sus modestas frases que, con el transcurrir del tiempo y la evidencia de los acontecimientos, se convierten en un auténtico reflejo de la actualidad.
Estos que se muestran aquí –y algunos más que he guardado para otra ocasión- los encontré en la bella Guadalupe, en la provincia de Cáceres, mientras disfrutábamos de sus deliciosas calles detenidas en el tiempo, y su magnífico monasterio.

Vaya mi enhorabuena a éstos artistas populares.


martes, 8 de noviembre de 2011

La sociabilidad nos convierte en seres domesticados



El pato que sale a mi encuentro es una de los que hace tan sólo unos meses –antes de que el parque se abriera al público- se mantenía silvestre, algo más adelante en el arroyo, en una isleta existente en el mismo, poco antes de que sus aguas abandonen el espacio reservado. En ese hábitat vivieron durante bastantes meses, asustadizos, esquivos, fugaces, incluso fotografiarlos resultaba harto complicado: la genética les informaba de qué animal debían cuidarse.
Hasta hoy, no había observado la mudanza que habían realizado. Bien es cierto que por motivos climatológicos (el implacable calor de mi tierra), hacía algún tiempo que ya no paseaba por el parque, a no ser a visitar a los colegas de los huertos, pero esto último lo hacía directamente, sin necesidad de pasar por el lugar donde habitaban últimamente.
Ha sido esta tarde, después de que las fuertes lluvias hayan dejado la tierra empapada y el olor de éstas -y la de los cientos de árboles que hermosean el paisaje- nos ha llamado a arrebato, cuando hemos paseado, relajadamente, por sus prados y sendas, tratando de recuperar el tiempo transcurrido. De pronto, cuando ya casi finalizábamos nuestro paseo, al pasar cerca de la laguna donde moran otros tipos de ánades –éstas auténticas libres y salvajes- descubrimos que de su orilla salía un pato que se acercaba, raudo, hacia nosotros. Es de los denominados “caseros” -esos que de pequeñitos compramos como juguetes a nuestros hijos, y luego, cuando han crecido lo bastante y ya no nos resultan graciosos, lo largamos-, que al oír el ruido de la bolsa de plástico que llevábamos, se acercó a toda velocidad, y sin temor, hacia nosotros.
Es curioso la capacidad de adaptación de los animales. La necesidad de satisfacer sus necesidades estomacales les ha hecho perder el miedo que en un principio les protegía. Me recordaba el capítulo del libro del Principito, donde el zorro le rogaba a éste que lo domesticara. La cercanía a los hombres los ha convertido en unos patos domesticados, dependientes, adaptados. A cambio de compañía y de alimento, han renunciado a su libertad y a sus orígenes. Los otros, los patos salvajes, asilvestrados, llevan más tiempos que estos en la laguna y jamás han cedidos en sus costumbres. Es una lección que nos ofrece la naturaleza. A semejanza de los patos, hay hombres que nacieron para ser libres y hombres que lo hicieron para ser domesticados.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Debate electoral: La constatación del bipartidismo en España


Yo seré uno de esos indeseables que esta noche, repitiendo lo que ya se ha transformado en una tradición en Noche Buena, apagarán la tele y la radio para no ver ni escuchar el fraude de debate electoral que pretenden colarrnos. Por narices quieren convertirnos en un remedo de la política que se desarrolla en EE.UU, o sea, la alternancia en el poder de dos partidos similares, uno, de centro izquierda (el PSOE, que no entiendo por qué continúa insistiendo en “apellidarse” como socialista y, peor aún, obrero), el otro, de centro derecha (el PP), estas escasas diferencias sólo en el argumento, en el palabrerío, pero semejantes en la practica.
“Por sus hechos los conoceréis”, y nunca estuvo más acertada la expresión porque, en definitiva, las actitudes, los resultados, las obras, son las que específicamente nos califican. Que Rajoy y Rubalcaba son la misma cosa, está más que demostrado. Ninguno está por calar, son melones dados a probar. El primero hace algunos años, cuando ocupó varias carteras ministeriales en los gobiernos de Aznar, y el segundo, como ministro de todas las cosas en los gobiernos de Felipe González y hace poco, en el del “iluminado” Zapatero.

Otra razón, determinante, para no colaborar en este esperpento antidemocrático, es el ninguneo y desprecio que se le hace al resto de formaciones políticas que tienen un fuerte respaldo electoral y mucho que contradecir a las propuestas que ofrezcan estos dos partidos de derechas. El debate quedará convertido en una retahíla de falsas alternativas económicas y sociales y de insanas acusaciones, pero se echarán de menos las alternativas que, desde la izquierda, pueda realizar algún miembro de ésta, y cuando digo de izquierdas, no me estoy refiriendo al PSOE.
Llevamos casi dos años de precampaña electoral, precampaña que se ha intensificado desde que, a finales de julio, Zapatero anunció –después de haber negado mil veces (igual que hizo con la crisis) que no adelantaría las elecciones- la fecha del 20 de noviembre para la nueva cita con las urnas. Desde entonces, la contaminación televisiva, radiofónica y de prensa escrita sobre los dos candidatos de la derecha es alarmante. España se ha convertido, por arte de los “periodistas” a sueldo de los dos grandes partidos, en un estadio de fútbol donde solo juegan dos únicos equipos. Da miedo abrir el periódico, ver la televisión o escuchar la radio, por temor a que estos alienígenas que pululan por los “desinformativos” y tertulias, terminen contagiándote su malaleche, porque al principio de este invento (las tertulias), hace ya unos buenos años, aún sabían comportarse y aparentar como que eran independientes, pero de un tiempo acá, ya ni se molestan en guardar las formas. Todas las tertulias están constituidas de la misma forma: un moderador que no modera, que participa más que los propios tertulianos, y que, dependiendo de la desviación lateral que padezca, así arrimará el ascua a la sardina que le paga; dos o tres tertulianos del bando de centro derecha y otros dos o tres del bando de centro izquierda, y a publicitar todas las bondades que poseen sus líderes y sus partidos, algunos con tanta vehemencia que ponen en peligro la integridad física del contrario.

Pero si hay una razón de peso para apagar todos los aparatos, ella es que ya estoy “jarto”. “Jarto” de ver con qué impunidad nos mienten (Rubalcaba es un capeón. ¡Mira que proponer ahora cosas que votó en contra en el Parlamento, hace tan sólo unos días! Rajoy un zorro. Calla, esperando la victoria, para multiplicar por dos, por tres, los recortes sociales que tanto ha criticado que impusiera su partido hermano), y el pueblo sin un gesto de rebeldía. Me desanima comprobar cómo cada día, cada mes, cada año, son más los trabajadores que se desclasan y defienden a estos partidos antisociales y antiobreros. Jamás he logrado comprender cómo un currante puede votar a un partido de derechas. Pasan del PP al PSOE, del PSOE al PP, como quien va de "viacrucis" bodeguero.
Por desgracia, es algo que está ocurriendo cada vez con más frecuencia. El trabajador solo se acuerda del partido de izquierdas cuando tiene conflictos laborales, es cuando recurre a él para que lo “salve”, luego, cuando ha salido del agujero, cuando sus problemas se han resueltos, a votar otra vez a los que lo ha puesto en esa tesitura.

Y para aumentar la “jartura” –y ya acabo-, los casi 500.000 euros que va a costar la fiesta. La verdad es que muchos no lo entendemos. Los artistas (Mariano y Rubalcaba) actúan gratis; el moderador, Manuel Campo Vidal (hablando de periodistas, aquí tenemos un buen ejemplo de apesebrado: de maoísta en los tiempos de militancia en Bandera Roja, miren ahora qué buenos platos le sirve a la élite “socialista” cuando la entrevista), tampoco cobra; los cronometradores del tiempo, tampoco, son voluntarios del baloncesto; los técnicos de cámaras, sonido, iluminación, etc., pertenecen a TVE; el espacio -el Palacio de Congresos de Madrid- está cedido, con lo cual ¿alguien me puede aclarar en qué se van a gastar esos más de 80.000 de pesetas? Para los tiempos que padecemos, en verdad que es otra más de las contradiciones de nuestros políticos: mientras que ellos nos exigen apreturas, por otra parte despilfarran el dinero que nos quitan a nosotros.

Como pueden comprobar, tengo razones justificadas para que esta noche, nada más que acabe de tomarme el yogur, me meta en la camita, coja un buen libro y estaré leyendo hasta que Morfeo acabe con mi intransigente resistencia. Mañana, pasado, y el otro, como en el fútbol, nuestros mortificantes periodistas nos darán su parcial cuenta de los resultados. Los dos habrán ganado. Los dos estarán convincentes. Y es que, cuando la masa se deja transportar, se diga lo que se diga, se mienta lo que se mienta, el éxito está asegurado. Que ustedes lo digieran bien.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Rafael Lozano: "Hay un mar y un cielo"










Sé bien que no derribará barreras, ni servirá para consolar a una dolorida mujer en sus ratos de soledades. Tampoco animará a un pueblo a destronar a sus tiranos, ni a recomponer las tristezas de los corazones rotos. Sé que no llenará las barriguitas vacías de los niños desfallecidos de hambres, ni servirá para curar a los desafortunados en amores. Tal vez sea una cursilada. Quizás una arrogancia desmesurada, un adorno innapropiado, pero es que, cuando algo sale del interior, de ese apartado lugar que sulen mal llamar, alma, aunque sea el acto más desastroso y abominable del mundo, para el que lo da a luz, para el que lo escribe, es el hijo más bello y querido. Así, el poema más terrible, más detestable, peor construido, menos sonoro, para su autor, el poema más horroroso del mundo, se puede convertir en la cración más perfecta del universo.
Y es que, el otoño, incita a estos menesteres. Uno no acaba de superar el gran espectáculo que supone observar, tras las ventanas, los grandes nubarrones grises que se abrazan al horizonte, ni la sonora sinfonía que produce, las gotas de lluvia golpeando los cristales. ¡Ese si que es todo un poema de otoño!

 


Hay un mar y un cielo

 

Hay un mar y un cielo, donde se recogen las almas doloridas.
El mar son tus ojos,
el cielo, mi angustia.
Hay una estación, vacía, sin trenes ni pasajeros,

un andén, una maleta y mil anuncios en las paredes.
El sol ha salido lleno de encono,
pero los graffitis colorean las jornadas de los obreros
para hacerles más llevadera su joroba,
pero en las noches, cuando el cuarto menguante aparece,

las tabernas rebosan de espantosos deseos evanescentes.
No hay lagartos por la calle.
Tampoco se atreve a salir la salamandra.

Todo está lleno de quinquis y de grises,

de putas hambrientas por contagiarte el sida,

de amores esquemáticos y carias huecas.
La inmensidad del mundo

no es más que la imposibilidad de mis deseos,
la escasez de tus caricias,
la exigencia de tu sufrimiento.

Hay un mar de propósitos

y un cielo de quieturas,
un halo de ternuras insufribles

y un camastro desvencijado donde me deshilacho.

Entre los cuatro me desenvuelvo,
a un paso de cada uno me encuentro.
El mar, es un precipicio de deseos,

el cielo, una nube donde cabalgo,
el halo, el vestido con el que me disfrazo,
y el camastro, el hueco tibio de tus brazos, donde me refugio.







martes, 1 de noviembre de 2011

Halloween entierra a nuestros muertos



La idiotez invade el país. Cada día compruebo con más estupor, cómo las cosas más absurdas y frikis nos invaden. No es que hayamos destacado por ser excesivamente ingeniosos durante la historia, pero al menos, antes de que las películas norteamericanas nos invadieran y los “modernísimos” se pusieran manos a la obra, el país conservaba casi intactas las tradiciones centenarias. Y no es que yo sea un intransigente conservador al que le enloquece revolcarse en las viejas costumbres, pero puestos a escoger, uno prefiere celebrar el día de Navidad, antes que el día de acción de gracias; prefiero que sigan trayendo los juguetes los Reyes Magos, a que lo haga el gordito de la Coca-Cola; y, por supuesto, prefiero llevarle flores –aunque sea sólo una vez al año- a mis queridos muertos, que vestirme de payaso y salir a la calle a pedir caramelos.

No sé qué le ocurre a esta sociedad. La noto cada día más superficial y vacía. Todo lo que suponga cachondeo es acogido al momento. Nada importan los cinco millones de parados, el millón y pico de familias que no ingresan ni un euro en la casa, el peligro que se avecina con la victoria electoral de Rajoy. Nada duele. Nada nos detiene.

Así, poco a poco, nos vamos hundiendo. Nos vamos convirtiendo en seres comatosos que sólo necesitamos para sobrevivir, sabernos vivos. Lo demás es superfluo. No sirve para nada profundizar, la ordinariez es el alimento que nos mantiene calamitosamente en pie.

En este momento, cuando el sol acaba de hundirse por occidente, la noche pacífica de otros días está siendo adulterada por el estallido de petardos y cohetes. No sé de donde ha venido esta moda. Desde hace un tiempo, a falta de originalidad para mostrar tu contento, el sucedáneo es el petardazo. Incluso en Navidad, ha sido el sustituto de la pandereta y la zambomba. Ya no suenan los coros de campanilleros por las calles de mi Andalucía, ni huelen las casas a los dulces que las madres hacían para la ocasión. Ya no se escuchan villancicos y los pocos que se oyen, mejor no hacerlo: son ñoñas canciones norteamericanas.

Mañana, nuestros muertos, estarán un poco más muertos. Pocos serán los que acudan a limpiarles la tumba, cambiarles las flores secas, quitarles los jaramagos que en los extremos han crecido y, de paso, contarles, en voz baja, cómo van los asuntos de la familia. ¡Hace tanto frío allá abajo, que no les vendría mal un poco de ternura! Por un día les hará bien que les miremos, fijamente, a los ojos de esa fotografía que depositamos hace bastantes años sobre su tumba.
Recuerdo, cómo el cuarto de mi madre se transformaba en noviembre en una capilla. Sobre la mesita de noche, junto a las fotos de los seres desaparecidos, un pequeño vaso de agua, con algo de aceite, contenía la luminaria que desprendían varias mariposas encendidas. Aquella luz se mantenía viva –siempre me pareció un milagro- durante todo el mes noviembre. Jamás la vi por un instante apagada. Daba la impresión que de su luz dependía la conexión extraterrenal con los seres desaparecidos, los parientes queridos que se fueron.


Y hoy ¿qué tenemos? No nos queda casi nada. Estamos tan menguados, tan vacíos, tan huecos, que celebramos una fiesta extranjera, lejana, carnavalesca, chirriante, de mal gusto y payasa. Son cosas de la “modernidad”, imitaciones sociales de la cinematografía. Como somos tan supermodernos y estamos tan escasos de personalidad, llegará el día en que –a imitación del Gran Imperio- acabemos celebrando –también- el día de acción de gracias, aunque la mayoría no sepa qué celebra.

Y los petardos siguen tronandos. ¿Es que son necesarios?
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