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sábado, 1 de enero de 2022

Felicitación navideña


 

 

Por si fuese poco lo que significan sus presencias, de vez en cuando nos recuerdan por quién estamos obligados a luchar.

 

 

 

domingo, 2 de mayo de 2021

¡Sólo hay una!

 

 
 
 
 
 
Aunque estén lejos, ellas siempre nos acurrucan en sus brazos, ¡qué pena el tiempo que perdemos en descubrilo!
 
 
 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Feliz encuentro con el pasado










Como adelantaba en mi anterior entrada, este pasado fin de semana fue dilatado y bien sustancioso. No sólo por los dos canastos de setas que logramos llenar, ni por la buena tarde que pasamos en la finca “El Decepo”, fue la culminación de la jornada la que dio la categoría de final espléndido a ese maravilloso día anunciado.

Ocurrió que, no contentos con lo que el día nos había deparado  –los dos nos reconocemos como unos insufribles transgresores de las “normas” cuando la cosa marcha bien-, quisimos alargar un poco más esta agradable jornada y nos dirigimos al pueblo a probar algún mosto más de los que elaboran en la localidad, y la verdad es que se cumpliría en todos los aspectos las previsiones que la mañana auguraba. En uno de estos "Mostos" que ya conocíamos de anteriores años, en una ráfaga de claridad que sólo unas veces nos ofrece la mente, reconocí a una persona de mi infancia que dejó una agradable huella en mi niñez, al cual hacía más de cincuenta años que le había perdido la pista: Manuel Rodríguez Carrillo, Jefe del grupo de Scout al que pertenecí cuando tenía diez u once años.

En Corteconcepción lo conocen como el “Bombero”, apodo nada original, ya que esta fue su actividad profesional hasta jubilarse. En este pueblo, Manuel es propietario de una casa y una viña con uvas de la variedad Bobal, de la que todos los años extrae un delicioso mosto que, por esta fecha, pone a la venta, hasta que los fieles consumidores de este producto lo agotan.

¡Es curioso cómo suceden los acontecimientos! ¡Varios años haciendo lo mismo (pasar por su taberna dos o tres veces en la época) y no ser hasta este día cuando lo reconozca! ¡Luego dirán que el mosto no hace milagros!

 Durante largo rato hemos hablado de “nuestras cosas”, del pasado, de los otros niños que conformaban el grupo y con los que casi tampoco tenemos contacto. Es el triste precio a pagar por haber vivido en un barrio de “tránsito”, en el que no quedaba alojamiento para residir la juventud que aspiraba a independizarse y la diáspora se imponía a rajatabla. Hoy andamos todos desperdigados por la ciudad, por eso nos será difícil llevar a cabo el proyecto que nos hemos propuesto: intentar contactar y reunir al mayor número de miembros del grupo para recordar los viejos tiempos. En eso hemos quedado. Confiemos en poder hacerlo un día de estos, yo soy optimista y desde ahora me pongo en marcha. 
Regreso a casa feliz y satisfecho, agradecido a los Hados por haberme hecho recuperar en un instante un trozo de mi infancia... Aunque al final no logremos nada, nadie podrá quitarme esta pequeña vuelta al pasado, un pretérito que llena esa bolsa de vivencias que es la Vida. 




    Departiendo con Manuel, poco después de habernos reconocido



En el tren, poco antes de partir hacia Valdelagrana. Al fondo, junto al sacerdote, Manuel Rodríguez con unos añitos menos



Aquí ya estamos en el campamento ¿Dónde andará todo este grupo?





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viernes, 25 de septiembre de 2015

Muere Carlos Álvarez-Nóvoa




Final de la representación donde el director de la obra, Carlos Álvarez, sale a recibir el aplauso del público




Lo conocí a principios de los setenta en el estreno de la obra de teatro “La casa de Bernarda Alba”, de Lorca, que se representaba en el Instituto Velázquez de la ciudad. Carlos era profesor de Literatura de mi novia y director del grupo de teatro del que ella formaba parte y que, a instancias de él, se había creado en dicho instituto.
Eran tiempos en los que la Cultura (con mayúsculas) estaba en ebullición -a pesar de la escasez de libertades y de medios-, y la Literatura, la Filosofía, la Historia, la Psicología, etc., se hallaban al orden del día y cualquier persona que medio destacase, era susceptible de irradiar una influencia decisiva sobre aquellos satélites insaciables de conocimientos que vagábamos a la caza de ello.
Así sucedió con Carlos: su profundo amor por las letras (oírlo hablar de Valle Inclán era todo un placer) y las tablas del teatro hicieron que mantuviésemos una relativa amistad que permaneció durante varios años, relaciones que yo –con el descaro y la naturalidad que proporciona la edad- aproveché para “servirme de él” y pedirle en varias ocasiones que viniese a dar alguna charla y recital de poesía al Centro Cultural que los jóvenes del barrio habíamos montado con nuestros escasos recursos económicos. Él jamás se negó, a pesar de lo cogido de tiempo en que siempre andaba. 
Han pasado cuarenta años y aún sigo recordando con placer aquél recital de poemas de Nicolás Guillén y observando las caras de satisfacción de los vecinos que oían extasiados aquellos versos declamados con esa voz de fagot que lo caracterizaba, y que parecía venir del interior de una mina. Y cómo aplaudieron con el poema, “Soldadito boliviano”, en el que aquel delgaducho y barbudo profesor asturiano, recriado en Sevilla, ponía todas sus fuerzas y entusiasmo.
Luego llegaron momentos difíciles y acaparadores que nos dejaron literalmente sin tiempo para encontrarnos, hasta que murió el pequeño dictador y se puso en marcha esa estafa que llamaron transición y más tarde democracia. Todos los partidos de izquierdas se lo creyeron –o más bien nos lo hicieron creer- y entraron al trapo pensando que podían competir con los poderes fácticos. Y en uno de esos esperpénticos mítines que montaron estos partidos nos encontramos a Carlos. No recuerdo bien si iba de candidato, pero daba igual, era generoso y optimista y quería poner sus cualidades personales al servicio de su partido.
No sé qué tiempo seguiría militando; conociéndolo, no creo que mucho porque ya no lo volvimos a encontrar hasta mediados del los ochenta, -lejana y aborrecida la transición-, en el Palacio Central -antiguo teatro convertido en cine y nuevamente reconvertido en Teatro-,  en el que el CAT (Centro Andaluz de Teatro) ofrecía una representación. Cuál no sería nuestra sorpresa al reconocer entre los actores a Carlos, metidito ya en años, pero tan soberbio como siempre. Después vino su introducción en el cine y ¡por fin! la grata noticia de la conquista del Goya en 1999 como mejor actor revelación en la película de Benito Zambrano, Solas, que acabó de mostrar a nivel estatal (un poco tarde) la calidad interpretativa de este actor ya metidito en años.
Hace poco estuve viendo una interesante entrevista que le hicieron en televisión. Me pareció bastante desmejorado, aunque no le di importancia porque siempre tengo la imagen de un Carlos mayor. Y hoy, miércoles 23 de septiembre, inaugurado el otoño, se precipita en los medios informativos su muerte a los 75 años, gran parte de ellos dedicados silenciosamente a lo que más le gustaba: la Literatura, el Teatro, el Cine, en definitiva, LA CULTURA.
¡Que Atenea lo acoja en su regazo!

    
      
Representación de la obra "La casa de Bernarda Alba", por el grupo de Teatro del Instituto Velázquez, que en aquellos "gloriosos años" era sólo para niñas








sábado, 19 de octubre de 2013

Fray Jesús Mendoza González: Muere un hombre bueno






Hasta luego, mi buen amigo, allá donde quiera que estés







Nos conocimos iniciada la década de los setenta, yo, buscando un espacio interior donde encontrarme, él, una causa firme donde asentarse. Aún no era sacerdote pero ya comenzaba a ser un cura molesto para los jerifaltes del arzobispado. Era Dominico del Convento de Nta. Sra. de la Candelaria y San Jacinto de Triana, aunque él y un elevado grupo de hermanos ocupaban la planta completa de un gran edificio, allá por la calle Venecia, que la Orden había adquirido para residencia y en la que se alojaban los miembros más activos y discrepantes con ella. 
Él me descubrió el humanismo de Thomas More y su “Utopía”; el mundo de la sencillez en la poesía y las leyendas de Rabindranaht Tagore; el misticismo que escondían los versos de Neruda; la profundidad resuelta de Amado Nervo; el laberinto espiritual de Unamuno y Antonio Machado; la literatura sacrílega y seductora de Pierre Louis, el colorido y la musicalidad de Alberti, etc., y me introdujo en el estudio de la humanidad del hombre a través de la mano de un “hereje”: Desmond Morris y su obra “El mono desnudo”.  

Nunca hablamos de Dios, a no ser que yo lo demandara, pero él siempre tenía la misma respuesta:  
 
-“¿Qué quieres que te responda, Mayco, si yo, a estas alturas, aún no he encontrado una explicación a la caída de mi sobrino a la alcantarilla?”
 
Tenía un magnetismo que irradiaba y atraía, un espíritu de quietud y paz  que nos servía para arrostrar nuestra conflictiva juventud, pero -sobre todo- cuando teníamos enfrente las cachiporras y los fusiles lanzapelotas de la policía que trataba de mantener "el orden" que imponía el franquismo
Recuerdo que siempre andaba cogido de tiempo. Todo el mundo quería estar con él, todo el mundo lo solicitaba, por eso nos sorprendía tanto que le quedasen tiempo y ganas para dedicárnoslo a nosotros. Dormía poco y las horas las estiraba de tal forma que parecía hacerlas de ciento ochenta minutos.

Como todo hombre, tuvo dudas, muchas dudas. Es lo que más recuerdo de él. A veces se preguntaba y me confesaba "qué hacía allí con aquel hábito cuando Jesucristo estaba frente a él, en la calle, apaleado sin contemplaciones por un “gris” que martirizaba a una persona indefensa".
O en los niños sin colegio de las Cuevas del Sacromonte, por los que todos los veranos -una vez acabada la Universidad-, se desplazaba, junto a otros compañeros, a la recurrida Alemania con el propósito de reunir dinero con el que poder adquirir ladrillos y cemento para levantar una escuela en ese lugar tan marginado.

 
Nada -nunca-, fue suyo. Sólo pensaba en la gente. Era como un niño grande al que todos querían y al que todos se arrimaban. Irradiaba paz y una energía vital que lograba transmitirnos. Por eso sólo deseábamos estar junto a él, junto al hombre, porque como un hombre se mostraba ante nosotros, lleno de sabiduría y dudas, como cualquier hombre de la calle. 
 
En la tarjeta en la que me anunciaba su ordenación decía:
 
-“Mayco: alguien ha escrito que la vida se va haciendo con verdad y error. Yo cuento mucho en mi vida con esto último: el error. Pero pienso que la vida del hombre, mientras vive, tiene posibilidad de rectificarse. Lo importante es buscar. No pararse. Seguir... Luchar, porque en la lucha se hace la luz y la verdad... etc.”
 
Y me quedo con el final: 
 
-“Pienso que la amistad no se apaga en una prueba, sino que en ella empieza.”

Y así ha sido. Al menos en cuanto a mí. En 1973 lo destinaron a Córdoba, donde tuve la ocasión de visitarlo un par de veces mientras hacía el campamento militar en Cerro Muriano. Había comenzado un proyecto sumamente ambicioso: la creación, dentro del convento, de una comunidad tipo "Utopía" compuesta por hermanos del mismo convento y personas (profesionales) de la calle, confesión que no me cogió por sorpresa puesto que la influencia de las ideas de More siempre estuvieron presente en su mente. 
Después de estas dos visitas no volvimos a vernos. El "cumplimiento del deber con la Patria" nos separó bastante y después, una vez finalizada mi experiencia militar, mi compromiso social con los los acontecimientos políticos del momento, me absorbieron durante algunos años, tantos que llegamos a perder el contacto definitivamente.
 
Después, cuando llegó la calma, no logré contactar con él. Yo lo hacía lejos de España, quizás en Latinoamérica, como otros muchos curas conocidos que habían cruzado el charco, sin sotana, padre de cuatro o cinco chiquillos, implementando en esas tierras lejanas la emancipadora "Teología de la liberación" ... Pero se ve que no. Como en otras muchas cosas, me equivoqué. 
Hace unos años localicé noticias suyas a través de Internet y descubrí, con gran sorpresa, que seguía donde lo dejé: de Dominico y ayudando a la gente, aunque implicado en algunas "empresas atípicas” que me entristecieron y descolocaron. Por ellas deduje que "Shangri-La" había fracasado y, lo que me resultaba más desconcertante, que su actividad en Córdoba sólo había girado en torno al mundo cofrade, el "capilleo", algo impensable y contra lo que tanto luchó el Jesús  de la etapa en Sevilla.
 
Me hubiera gustado hablarlo con él, conocer sus argumentos, seguro que tendría razones justificadas para obrar contrariamente a cómo pensaba y actuaba cuando nos tratábamos, pero no conseguí localizar ningún contacto y hoy ya es tarde, Jesús ha muerto dejándome nuevamente con la duda -ese gusano juvenil que no te permite dormir en paz-, que él me transmitió y que desde entonces me ha perseguido.
 
El jueves 17 de octubre murió un buen hombre, ha muerto un buen amigo, aunque "hayamos dejado crecer la hierba en el camino de nuestra amistad”.  
No acabo de acostumbrarme a la muerte, a pesar de que se me hayan muerto demasiadas personas muy queridas. Hay algo en mí que se resiste a admitir ese proceso que algunos llaman natural y que a mi me resulta cruel e injusto. Como escribía Simone de Beauvoir, "No hay muerte natural: nada de lo que le sucede al hombre es natural, puesto que su sola presencia pone en cuestión al mundo. Todos los hombres son mortales, pero para todos los hombres la muerte es un accidente, y aun si la conocen y la aceptan, es una violencia indebida."

Jesús Mendoza González, Rector de los Padres Dominicos y Prior de la Basílica de Candelaria, nació el 9 de agosto de 1944 en Gáldar (Gran Canaria). Ha estado vinculado a Candelaria desde la década de los 70, siendo ordenado sacerdote en la Iglesia de San Andrés Apóstol de Las Cuevecitas en 1972.
Posteriormente en 1986 -después de vivir algunos años en Sevilla y Córdoba-, fue designado Prior de la Basílica de Candelaria. El 14 de noviembre de 1998 fue nombrado Hijo Adoptivo de Candelaria, siendo en 2009 pregonero de las Fiestas de la Virgen de Candelaria. Además cuenta con una calle que lleva su nombre en este municipio desde finales de la década de los 90.
En la actualidad, era Vicario del Provincial en el Convento y Rector de la Basílica de Candelaria y párroco de Santa Ana. Recientemente había recibido la Insignia Especial a la Labor Humanitaria por parte del Centro de Iniciativas Turísticas de Candelaria (CIT) y el premio de Valores Humanos 2013 por parte del Cabildo de Tenerife.

Descansa en paz, viejo amigo, y échanos de vez en cuando un vistazo, ya sabes, para que no nos perdamos en este laberinto más de lo que ya lo estamos, y a la vez, cuídate tú también, porque lo que encuentro escrito sobre ti en Internet, obviando al hombre que vivió, padeció y luchó en Sevilla,  no le hace mucho bien al Jesús de mis recuerdos.




 

lunes, 30 de julio de 2012

Cita con el pasado






Hace poco, el Destino –esa abstracción psicocósmica que a diario anda cuestionada- hizo que reencontrara a un viejo y querido amigo del pasado.
Algo que siempre me ha intrigado es comprobar cómo somos capaces de seguir adelante en nuestro proceso evolutivo como persona, faltando algunos de aquellos elementos e individuos a los que tan ligados van parte de nuestra vida. Nunca he dado con la respuesta, pero el caso es que lo hacemos, y, a veces, sin ninguna dificultad.
Cuando ocurren estos acontecimientos, tu espacio, tu existencia, tus recuerdos, reciben un fuerte retroceso, puesto que la máquina del tiempo nos transporta a un mundo donde los fotogramas tienen un tono sepia y las escenas las revives en blanco y negro.  
Y es que los años no han pasado en balde, hablamos de más de treinta y siete, sólo interrumpidos en una ocasión -hace algo más de trece años-, donde las circunstancias nos limitaron bastante a la hora de ponernos al corriente: él estaba en su puesto de trabajo atendiendo a los clientes y yo, aunque iba sin prisas, no me pareció correcto abusar del momento y nos ceñimos a una breve e insuficiente puesta al día. Luego caí en la cuenta de que ninguno de los dos nos habíamos pedido el teléfono, ni otro tipo de contacto, todo fue tan rápido que la cosa quedó como estaba, hasta hace unas semanas en que, a través de otro viejo amigo que formaba parte “del equipo”  juvenil de aquellos lejanos tiempos, conseguimos volver a reunirnos nuevamente.
Como si se tratara de magia, de pronto, allí estaba otra vez el trío: Pepe, Paco y Manuel, que, aunque alternábamos con otros amigos más, lo cierto es que los tres conformábamos un fuerte y unido triángulo.
Pepe era el mayor del grupo, también era el más dinámico, el más juerguista, el más desprendido, y el más “ligón”. Le gustaba el buen vestir, el buen comer, la música, bailar, y las líneas modernistas de las niñas hermosas.
Lo conocí accidentalmente -y cuando digo accidentalmente no hablo de un suceso traumático, donde los huesos se hayan vistos involucrados-, en un guateque que otro amigo común celebraba.
Con el paso del tiempo esta incidencia siempre sirvió para que, al recordarla, nos rompiéramos de risa. Al final salimos ganando los tres: la causante del “accidente” se quedó planchada y nosotros logramos construir una sólida y envidiable amistad. 
No sé a qué será debido, pero lo cierto es que los acontecimientos vividos en la juventud dejan siempre una huella imborrable dentro de nuestra memoria, igual que le ocurre a éstos, porque cada vez que me topo con ellos -cuando alguna vez rebusco en el océano de mis recuerdos-, me llenan de dicha y satisfacción, y los percibo frescos y recientes.  
Pero todo lo bueno suele ser efímero, y nuestra amistad, después de muchos años compartida, comenzó a ser torpedeada por las circunstancias externas. 
Sin darnos cuenta, vinieron los años del desequilibrio -esa etapa vital en el crecimiento formativo personal del individuo-, donde a los jóvenes de aquella nefasta época le truncaban el futuro y la juventud. 
Como a otros miles de muchachos más, a nosotros nos llegó el tiempo de “cumplir con la patria”, de “hacernos hombres”, de “coger extraordinarias experiencias”, de "jugar a soldaditos", resumiendo, llegó la hora de aquel ineficaz, absurdo, brutal y deshumanizador servicio militar con el que la mayoría de los jóvenes teníamos que cumplir por ser miembros de un país que aún se consideraba en guerra consigo mismo.
Primero fue Pepe el que tuvo que acudir a su cita inexcusable. A su vez, Paco decidió marcharse a trabajar a Mallorca, con lo cual, el trío, de golpe se vio desintegrado. Continuamos el contacto a través de ese medio que hoy nos parece casi primitivo –la carta-, pero ya no era lo mismo, por muchos sentimientos que depositaras en ella, la cosa no era igual, la distancia impone su presencia, además, íbamos conociendo nuevas amistades, nuevas inquietudes, nuevos mundos, y al faltarnos el contacto, aquella amistad se fue enfriando.
Luego se complicó algo más, ya que poco antes de que Pepe terminara su infinita "mili", Paco fue llamado también a "filas", y nada más terminar él me llegó el turno a mí, con lo cual, el destrozo que provocó en nuestras relaciones fue mayúsculo, porque para quien no lo sepa o recuerde, en aquellos años, con un poco de mala suerte, el servicio militar te lo chupabas en otra localidad lejana a la tuya.

Así fue que, una vez que finalizamos nuestros compromisos patrióticos, y tras el largo periodo de años sin contacto,  los tres acabamos metidos en otros mundos -algunos  muy diferentes al anterior-, del que no quisimos renunciar. Nos vimos -no sé si un par de veces más-, pero la escasez de tiempo, las nuevas amistades, las novias y, esencialmente,  los compromisos individuales adquiridos por cada cual, hicieron imposible que se reanudara aquella vieja amistad que tan grata había sido. 
Y pasaron las semanas, los meses, hasta que estos se convirtieron en años, en décadas, y los alegres muchachos, sin darse cuenta, se convirtieron en maduros cincuentañeros que montaron una familia -y una nueva vida- al margen de aquellos recuerdos... Éstos sólo servían para poner una nota de nostalgia, cuando alguna vez repasábamos los acontecimientos de nuestra ya lejana juventud. 

Hoy nos hemos vuelto a reencontrar. Hemos tomado café, hablado de la familia –de los  nuevos componentes, de los ausentes-, del trabajo, de los tiempos pretéritos, de la situación actual, incluso hasta del futuro... pero sólo el Destino sabrá si este reencuentro con el pasado ofrece garantías de continuidad, teniendo en cuenta que lo único que nos une es la memoria común de un tiempo compartido hace ya bastantes años. ¡Ojalá fructifique! El tiempo lo dirá.  
 







  

jueves, 15 de septiembre de 2011

Conviviendo con un joven de los años setenta


Creía que había muerto, pero sólo estaba dormido, ese joven de los años setenta que un día fui. A veces, se remueve mi interior, estremeciéndome, desagradablemente, cuando contemplo en la actualidad las mismas injusticias que un día justificaron mi movilización.
De pronto, sin esperarlo, un pequeño detalle me retrotrae al pasado aún no muy lejano, a los años setenta, aquel tiempo donde intentamos cambiarlo todo, dar la vuelta al calcetín, desmontar lo viejo, pintar las calles con nuevos colores y escribir en las paredes los más terribles y tiernos versos.
Pretendimos hacer tantas revoluciones que, al final, no conseguimos ni siquiera una, la más asequible, la menos divergente, la más necesaria: la de la ruptura democrática con el pasado.
Nos utilizaron como sólo los políticos saben manipular a la masa: de manera cruel y sin escrúpulos, entendiendo que éramos el instrumento animal que desmontaría el pasado y les llevaría al gobierno.
Eran tiempos de luchas, de temores, de fantasmas con sombreros por las esquinas, de prisiones, de reposos sobresaltados, de gargantas resecas.
Poco tiempo nos quedaba para el estudio, las aficiones, los amores, la familia, ni siquiera el justo como para compartir los sueños.
Todo iba deprisa: a diez, a cien, a mil por horas, la tirada de panfletos, las pintadas, hasta en las huidas, delante de los “grises”, se batían auténticos record mundiales del olimpismo.
Lo cierto es que a los días le faltaban minutos, a las noches almohadas y a nuestros enflaquecidos cuerpos, descanso.
No se podía perder el tiempo: la revolución estaba por hacer y se trataba del futuro prometedor que mañana heredarían nuestros hijos.
Así pues, enfundados en nuestros vaqueros, camisas de franela a cuadros, medio desabrochadas, por fuera, botitas de piel vuelta por los tobillos, melenas por los hombros y emboscados en unas luengas barbas, nos lanzamos a conquistar el mundo, a sembrar la paz por todos los rincones de la tierra... hasta que llegaron las primeras elecciones, las segundas, las terceras, y vimos que aquí, en España, poco o nada había cambiado.
Estamos en el 2011. Padecemos una crisis económica –de la otra, mejor ni hablar-, el dios religioso que intentamos matar se ha transfigurado en uno mercantil, la cultura es una utopía, igual que el hombre libre e independiente, que ha dejado de ser un alucinante proyecto para convertirse en un desagradable resultado.
El paso de los años ha blanqueado el pelo, ha encallecido el cuerpo, nos ha hecho más incrédulos, más reflexivos, más pausados, menos entusiastas, por eso, nuestro entretenimiento favorito es, dedicarnos a ver puestas de sol, por lo que pueda pasar, por si el futuro nos alcanza de una maldita vez por poniente.
A pesar de todo, no han logrado cortarnos las alas, por eso, muchos de aquellos rebeldes de los setenta, confían –con la paciencia que adquieren los que algo importante esperan-, que la paloma de la ilusión se pose, al fin, entre nosotros.

Pero bueno, ¿Y cual es el detalle que ha producido esta sarta de recuerdos? ¡Perdón! Con tanta historia se me olvidaba.
El detalle, el chispazo ha sido, escuchar y ver un vídeo compuesto y realizado por un amigo de toda la vida, Paco Mejías, un cantautor sevillano –uno de los muchos que proliferaban por esa época que he rememorado-, que paseó sus canciones –y su grupo- por todos los rincones de la ciudad: allí donde hubiera un club cultural de barrio, se encontraba él. Con sus canciones, su poesía, ayudaba a que ciento de personas descubrieran que, tras las palabras cantadas, además de un mundo de belleza, existía también, un mundo de rebeldía, un inmenso mundo de solidaridades y compañías.
Creció haciendo música y en la actualidad sigue haciéndola. Nada le detiene. Son de los muchos que se quedaron por el camino, que no tuvieron suerte, o tal vez no la buscaron. Paco sigue componiendo, él disfruta, a pesar del anonimato de sus resultados. De vez en cuando sube algún que otro video a You Tube, por eso del morbo juvenil: You Tube debe recordarle los viejos garitos de los años setenta. La canción que presento, "El puente", pertenece a aquella época dorada. Ha pasado bastante tiempo desde entonces, pero lo que es innegable es que se trata de una excelente composición, buena música y una maravillosa letra que pertenece a un desconocido -en aquellos años- y gran poeta ruso: Evgueni Evtushenko.
He de agradecer a mi querido amigo, que haya hecho posible que retrocediera en el tiempo, sin necesidad de pagar peaje.
Que ustedes lo disfruten.




lunes, 29 de agosto de 2011

In Memoriam: Veinte años después



Como el Sol, cada mañana nacerás en nuestros corazones




Hoy, hace ya veinte años, se apagó una estrella. 
No era la más luminosa, ni la más atractiva entre todas sus competidoras, era, pequeñita y grandiosa, atrevida y atenuante, decidida y aplacable. 
De su semilla nacieron cientos de rosas, trigales de amapolas, y un pequeño lucero que reconfortara mi desvalida alma.
Cuentan por las tardes -a la puesta de sol en los pueblos-, que los niños recogen trocitos desprendidos de ella, para fabricarse vistosos y rudimentarios caleidoscopios con los que poder imaginar mundos soñados. 
Otros, que las resplandecientes y coquetas ninfas de los bosque iluminan sus delicados rostros, con el polvo desprendido de su intangible masa. Hay quienes, además, piensan, que el origen del arco iris fue producto de esta estrella, y discuten y apuestan, que la antigüedad de este coloreado fenómeno no va más allá de dos décadas.

Lo cierto es que tal día como hoy, de parece mil años, desapareció una estrella, y que algunos nos quedamos en penumbra.
La luz, sólo es un efecto evanescente de nuestro recuerdo.
Se secó el limonero
del patio, el jazmín dejó de florecer y, hasta el sonido ronco del viento, aprendió a aullar en silencio.
Desde entonces, las calles ya no huelen a azahar, y a los días, les falta ese tono celeste con el que ella los envolvía.
El sol, brilla, sí, pero cada vez con más tristeza.

En la plaza, ya no juegan a la pelota los chiquillos, ni las niñas saltan a la comba.
Todo ha quedado en silencio en los cerros.
La paz amenaza con pintar de amarillo las copas de los abigarrados árboles.
Está cerca el horizonte y, no obstante, el cielo se cae a pedazos.
Los manantiales se han secado.
Y una cabra remolona, acaba de comerse el último ramo de flores que depositamos. 

¡Todo es como el destino prescribe, nada como quisiéramos!
Sin ti, la vida no existe, aunque nos engañemos imaginando que vivimos. 
Desde entonces, los novios y las ninfas son algo más felices, pero otros, en cambio, se han convertido en viejos y recalcitrantes astrónomos. 
Cada mañana, el día acude a nuestras puertas para hacernos ostensiblemente visible tu ausencia. 
Nada detiene al tiempo. La realidad es implacable, por eso, nadie puede escaparse a su antojadizo destino.
Como dijo Simone de Beauvoir, "Todos los hombres son mortales: pero para todos los hombres la muerte es un accidente, y aun si lo conocen y la aceptan, es una violencia indebida".


      -o-o-o-o-o-


¡Abre la jaula, madre!
Aquel pajarillo que un día
recogimos a medias,
se nos ha marchitado
en las manos.

Ella no está
para darle su alpiste,
y yo, ni atino a poner
agua en su bebedero.

¡Abre la jaula, madre!
Ya
ni me parece bello.

     -o-o-o-o-o-

Sobre mis brazos
se ha tronchado una rosa.

Yo mismo ví
cómo caían los pétalos
hacia la parte huidiza de la vida.

Hoy está algo más vacío el mundo.

En mi regazo,
el polen de su flor marchita.


    -o-o-o-o-o-

Ven como sea, en la luz de la mañana, en el primer vuelo
de cualquier pájaro de los que ahora
mismo cruzan el cielo, o se levantan
de la tierra. Ven como sea,
que esta hermosura de la tarde
te necesita para su eternidad.

J.A. Muñoz Rojas


    -o-o-o-o-o-



Deja tu presencia
una leve huella. Se queda
como pasando, como sin estar,
como si siguiera estando sin estar,
como si no dejara de oprimir la mano,como si la mirada siguiera mirando.

J. A. Muñoz Rojas









miércoles, 27 de abril de 2011

Elecciones del 22 de mayo: La abstención como elemento correctivo







Lo siento profundamente: por razones estrictamente higiénicas, el próximo 22 de mayo -día en el que se elegirán los ayuntamientos de todo el país, y también, la mayoría de los gobiernos autónomos- no iré a votar. Numerosos son los motivos que me impulsan a tomar esta determinación y hacer que estruje la inmaculada papeleta entre mis manos y, una vez hecha un gurruño, la arroje al cubo de la basura donde reposan apestosamente el resto de desperdicios.
Acepto que es una actitud ácrata, incívica, carente de espíritu democrático, destructiva, pero por su contundencia -no me lo podrán negar-, sé que es el acto que más enfada a esta corrompida casta de políticos profesionales. Es como encajarles un buen puntapiés en sus partes más púdicas y dolientes. Por lo tanto, renuncio a ejercitar ese día el festejado acto cívico que todos los interesados proclaman, ese cuestionado “derecho participativo” que esta enferma democracia permite a todo español mayor de edad, supuestamente en posesión de toda su capacidad mental, y con toda la naturalidad del mundo, me abstengo de colaborar en ese vergonzoso circo que cada cuatro años se celebra para engañar a la gente y hacerlas sentirse importantes, sólo por el mero hecho de haber introducido una papeleta en la urna.

Las razones están claras. Votar PP o PSOE es la misma cosa, y como aún sigo -a mi abultada edad, ¡qué sonrojo!- creyendo en la Utopía –ese territorio que jamás logramos conquistar, pero que al menos sirve para que nos movamos-, me resisto a participar en ese absurdo juego bipartidista que sólo nos lleva a ser jodidos indistintamente, unas veces por la derecha confesa, otras, por esa pandilla de neoliberales, disfrazados de socialdemócratas, que pugnan con los primeros por arrebatarles es estatus reaccionario que, por tradición, les corresponde a éstos.
Descartadas estas dos perniciosas y similares opciones, sólo me queda, en el mundo de la izquierda donde me posiciono, Izquierda Unida, ese ilusionante proyecto que Julio Anguita, un día, puso en marcha para aglutinar a todo aquel ejército antiotánico que andaba disperso, con bastantes ganas de pelear, pero carente de una organización política en la que poder integrarse y confiar. Pero como tal, esta coalición ha demostrado ser un verdadero fracaso. La única perspectiva que persiguen la mayoría de sus dirigentes es la de medrar en el pesebre del PSOE, o en su defecto, proporcionar la gobernabilidad a éste partido a cambio de un par de sillones y algunos coches oficiales, con lo cual, votar IU supone arriesgarse a que, con mi voto y el tuyo, pueda acceder a dirigir los Ayuntamientos de muchas localidades el peor enemigo de los trabajadores: el PSOE.

Una vez más, la izquierda sociológica de este país llega a una cita electoral huérfana de partido que la represente. Como no podemos caer en afectaciones burguesas, la única opción honrosa que nos queda es la de la Abstención... A la espera de que lleguen nuevos tiempos y una alternativa política que nos saque de nuestra hibernación frustrante.
De momento, el próximo 22 de mayo YO NO IRÉ A VOTAR, y que me perdonen los instigadores de esta farsa por mi falta de educación democrática. Lo que tengo claro es que yo no puedo votar a una lista electoral en la que estén incluidos políticos como Antonio Rodrigo Torrijos y los de su especie. Este no se comerá una mariscada más gracias a mi apoyo, ni volverá a hacer mutis mientras corren las bolsas de basura, llenas de billetes de quinientos euros, por las chabolas de los Bermejales, o se abstiene, para imposibilitar que se pueda crear una comisión de investigación municipal que aclare la corrupción de los ERES en Merca Sevilla, ni puedo consentir que una organización que presume de honradez –cuando los implicados son “los otros”- continúe teniendo en sus filas, y en lugar muy destacado, a un imputado por la venta fraudulenta de unos terrenos municipales, y que, además, tiene una segunda imputación judicial por el acoso a que está sometiendo a los trabajadores de Sevilla Global. ¡Vaya buen ejemplo de un supuesto hombre de izquierda!
Algunos miembros destacados de la coalición ya están pidiendo que la dirección expulse de las listas a estos individuos, pero ésta sigue haciendo oídos sordos, igual postura que tomó cuando denunciamos a este mismo político hace un par de años por el incumplimiento electoral que había hecho respecto al Parque Tamarguillo. Con esta actitud tolerante le hacen un flaco favor a la coalición y ponen en evidencia un flagrante ejercicio de torpeza política que nuevamente pagarán estrepitosamente en las urnas, cosa que ya viene sucediendo en cada cita electoral.
El PSOE no debe gobernar de nuevo en Sevilla gracias a los votos que la gente de izquierda depositamos en Izquierda Unida. Al menos, no con mi voto. Votar IU es igual que hacerlo por el PSOE. Al final, todo acaba en el mismo saco.





viernes, 11 de marzo de 2011

Dependemos de la técnica


Llevo cuatro días desconectado de la red y es como si me faltara una parte de mi cuerpo. Soy un convidado de piedra en los acontecimientos que se suceden a diario, sin poder opinar, responder, discrepar, como ausente de la historia. Acostumbrado, durante todo un año, a asomarme por la mañana a esa ventana anaranjada de mi Rincón diario, y desde la que solía hacer una discreta aportación subjetiva de mis sensaciones diarias, ahora, debido a nuestra dependencia de la técnica, me está siendo imposible realizarlo.
El gran problema de las personas, es que somos propensos a encariñarnos. Hasta hace poco, lo normal es que lo hiciéramos con nuestros semejantes, también con nuestras mascotas, nuestros enseres, etc., pero desde hace un tiempo hemos llegado a incluir en esta relación afectuosa a nuestros inventos tecnológicos. ¡La que se organiza en casa cuando se avería la lavadora, o el dichoso frigorífico deja de enfriar! Hasta esta semana no he comprobado el efecto que produce quedarte descolgado de Internet. La sensación de frustración y ahogo que acontece, sólo es comparable con la que deben de sentir las personas sordomudas, aunque ellas, por fortuna, tienen a manos el lenguaje de signos que, de momento, nosotros, los desenganchados de la red, no hemos logrado solucionar.
No sé cuando se solventará el problema, ni si después de arreglado quedará margen para continuar con lo empezado. El desafecto es doloroso y el reinicio costoso. Estoy tan acostumbrado a valerme por mí mismo que cuando dependo de los demás me inquieto. Ahora estoy en manos de la técnica y espero estar en forma para cuando esta concluya su trabajo. Sólo me resta esperar y asomarme a la esquina, a ver si veo llegar el futuro.


sábado, 5 de marzo de 2011

Canciones con las que un día nos enamoramos





Lo más seguro es que no estén todas. Siempre hay una que se queda fuera y esa es probablemente, con la que tú te enamoraste. Si fuésemos muchos más los que nos atreviéramos a intervenir en este Rincón, tal vez podríamos, con la participación, confeccionar una lista más acertada con las propuestas que cada cual realizara. Lo que propongo, de momento, es irrealizable, así que yo adelanto algunas con las que algún día bailé muy agarrado con la chica que más me apetecía, unas veces, otras, con la que podía, pero en pocas ocasiones con la que verdaderamente te gustaba, esa, no sé por qué, siempre tenía puesto los ojos en alguien que no era yo.
Esta era la música que circulaba en los guateques de los 60 y 70 y con la que desgatábamos la loseta. Lo que empezó llamándose a mediados de los 60, vulgarmente “Pick Up”, se transformó en “fiestecitas” que los amiguetes de la “pandilla” celebrábamos en los patios y azoteas de las respectivas casas, aprovechándonos de la tolerancia que algunos padres exhibían, raramente, por esa época. Lo de las “pandillas” era un buen mecanismo para conocerse los jóvenes. Además de la música, también había momentos para la conversación. Eran ratos vividos con intensidad donde podías disfrutar de la cercanía de tu musa, aunque a ésta sólo le interesaba que le contaras cosas y detalles de su amor que, por desgracia, era tu mejor amigo.

La música marca y deja un agradable poso en tu memoria. Cuando te has hecho algo mayor, siempre recuerdas con ternura, aquella canción con la que un día te enamoraste de la chica más bella y tierna que jamás pisara la tierra.
Las canciones son las soldaduras que nos unen al recuerdo.

Esta es mi propuesta:

· Nights in White Satin (Noches de blanco satén) The Mooody Blues

· A Whiter Shade of Pale (Con su blanca palidez) Procol Harum

· When a Man Loves a Woman (Cuando un hombre ama a una mujer) Percy Sledge

· What a Wonderful World (Qué maravilloso mundo ) Louis Armstrong

· He Ain´t Heavy, he´s my Brother (El no pesa, es mi hermano) The Hollies

· Sittin´ On The Dock of the Bay (Sentado en el muelle de la bahía) Otis Redding

· Only You (Solo tu) The Platters

· Unchained Melody (Melodía desencadenada) Righteous Brothers
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jueves, 3 de marzo de 2011

¿El desajuste climático es sólo un fallo de cálculo humano?



Que las estaciones se han corrido, es algo indiscutible. No recuerdo bien cuando se ha producido este fenómeno, pero lo cierto es que, el tiempo ya no es como cuando yo era un chiquillo –los datos son evidentes-, pero no sabría concretar desde cuando. Lo cierto es que ateniéndonos a la pura memoria, sin necesidad de consultar ninguna estadística, el tiempo actual es bien diferente al de hace cincuenta años. Da la impresión de que hubiera habido un fallo en la elaboración del calendario que los humanos nos hemos fabricado para resituarnos en el tiempo. Parece que le faltan días, horas, minutos... qué sé yo, de algo adolece, ya que las estaciones del calendario no coinciden con las de la naturaleza.





Verán ustedes, yo tengo clara la imagen de cuando era niño. Por ejemplo, agosto casi no era verano, de hecho las “vacaciones” se acababan en julio y era difícil encontrar alguien que las eligiera en ese mes pudiéndola escoger antes. Por lo normal, a partir de mediados de este mes comenzaban las fuertes tormentas que dejaban bastantes precipitaciones y empapaban las tierras para recibir las aguas de otoño e invierno, incluso hay un refrán que hace referencia a ese fenómeno, y que venía a decir: “En agosto, frío en el rostro”. Luego, los primeros quince o veinte días de septiembre se volvía a echar el calor –la pegajosa calor- que solía denominarse “del membrillo”, ya que era la época donde maduraban y se recogían estos singulares frutos-. En Grazalema, siempre se habló “de la primavera de septiembre”, porque, normalmente, era la fecha en la que se producía una nueva floración en los valles de estas preciosas sierras. Tanto es así que aquí en Sevilla se le llamó “el veranillo de San Miguel”, el cual se aprovechaba para celebrar una feria comercial (generalmente de ganado) que duró hasta hace bien pocos años y que hace ocho o diez, se quiso volver a rescatar, pero fracasó la intentona.




Luego venía el otoño -¡terrible!-, siendo “el mes de los santos” (noviembre) el más feo, gris y frío de todos los meses. Aún lo recuerdo con horror. Eran días seguidos de un cielo gris sucio plomizo, donde una continuada “agua nieve” ponía a prueba nuestras mermadas resistencias. No es que fuera el mes más frío, lo que lo hacía especial era que junto a la bajada de temperaturas se unía la elevada humedad que caracteriza a esta ciudad en esa estación, y que los que la conocen saben de qué les hablo. Podía tirarse más de dos meses lloviendo -no como lo hace ahora, todo de un golpetazo- poco a poco, hasta que entraba el mes de diciembre que se caracterizaba por la instalación de un poderoso anticiclón sobre la península, que nos traía una fuerte bajada de temperaturas helando los charcos de las terrizas calles -en los que los chavales nos divertíamos rompiendo sus gruesos cristales de hielo- pero con un agradable sol durante el resto del día, hasta que caía la noche y con ella, las fuertes heladas nocturnas.
Enero, por lo general, era más de lo mismo, quizás a partir de la mitad llovía algo, pero lo habitual era que hiciera mucho frío por las noches y agradables mediodías.
Hasta que llegaba febrero. Desde hace algunos años suele ser el mes en que caen algunas nevadas por la sierra cercana a la ciudad (en 2008 y 2009, llegaron a caer algunos copos en ella, aunque no cuajaron), y en este que despedimos, vuelve a repetirse la tónica. Pero en mi niñez era el mes que anunciaba el buen tiempo, si por ello se entiende, la llegada del terrible calor.



Recuerdo perfectamente, cómo costaba volver de nuevo al colegio por la tarde (antes había cole, todos los días, por la tarde (de tres a cinco), incluso los sábados por la mañana), debido a las altas temperaturas que ya se registraban y a las pocas sombras que encontrábamos en el camino para protegernos de ella. Visualizo con toda nitidez la imagen de los perros echados en el suelo, aprovechando el frescor que le producía alguna diminuta sombra que habían encontrado. De aquella época recuerdo el otro refrán que decía, y que a mí personalmente me hacía bastante gracia: “En febrero busca la sombra el perro”, a lo que contestaban los más espabilados: “Y el hombre también”.
Marzo era inestable. De él recuerdo como una característica habitual, el fuerte viento de solano que soplaba y que sigue la misma tónica también en la actualidad. Precisamente este año vuelve puntual a su cita anual, ya que, desde finales de febrero nos está obsequiando con su molestor soplar. Hoy mismo corre un molesto viento de levante que a mí, personalmente (igual que le ocurría a mi padre) me saca de quicio. De este mes decían los antiguos: “Marzo ventoso”, “Marzo ventoso y abril lluvioso”, “Marzo ventoso y abril lluvioso hacen a mayo florido y hermoso”, pero también había otro para cuando este fenómeno fallaba en este mes y se solía decir: “Cuando marzo “mayea”, mayo “marcea”, dicho en cristiano venía a decir que si en este mes no aparecía el viento, y en cambio hacía calor, nos fuésemos preparando, puesto que lo tendríamos sin falta en mayo. Como ven, refranes para todos los gustos; lo que está claro es que en el mes de marzo sigue corriendo aún el viento. Era el mes que elegíamos los chavales para fabricar nuestros panderos (luego descubrimos por la tele que le llamaban cometas, miren ustedes la decepción, porque el nombre de panderos no puede ser más hermoso y agradable) y salir al descampado a remontarlos.



En abril regresaban las lluvias -solían aparecer en fuertes tormentas, a veces de granizos- acompañadas de una relativa bajada de temperaturas, hasta que nos metíamos en mayo, donde el agobiante calor daba paso a tres meses de este molesto fenómeno y que los chavales esperábamos “como agua de mayo” (otro refrán), porque con él comenzaban las vacaciones: en el llamado “mes de María” dejábamos de ir por la tarde al cole, aunque a cambio de darnos el lote de rezarle a la virgen.
En junio y, en especial, julio, las temperaturas se disparaban y ya no había dios que se librara de ellas. Eso no era óbice para que los arrojados chiquillos de entonces, nos escapásemos de las obligatorias siestas, para jugar un partido de fútbol, a pleno sol, sobre las cinco de la tarde.




Esto es todo lo que puedo contar sobre el tema que he traído a colación hoy. Que sea acertado o no, es cuestión que dejo en manos de los especialistas. Yo, como cronista de la vida, sólo reflejo lo que he vivido y cuento lo que recuerdo
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