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lunes, 9 de mayo de 2016

Iman Mersal: "Una celebración"











 UNA CELEBRACIÓN



El hilo de la historia cayó al piso, así que me agaché para buscarlo. Era una de esas festividades patrióticas, y lo único que alcanzaba a ver eran zapatos importados y botas militares.

Una vez, sentada en el tren, una afgana quien nunca había estado en Afganistan, me dijo: “La victoria es posible”. ¿Es eso una profecía? Le quise preguntar, pero mi persa se limitaba a lo que aprendí en los textos de la escuela, y ella me miró, mientras la escuchaba, como si estuviese buscando en un armario cuyo dueño fue consumido en un incendio.

Supongamos que el pueblo llega en masa a la plaza. Supongamos que el pueblo no es una palabra obscena y que comprendemos el significado de la expresión “la masa”. Entonces díganme ¿cómo han aparecido todos esos perros de la policía acá? ¿quién los cubrió con las coloreadas máscaras del partido? Y más importante aun, ¿dónde está el hilo que separa las banderas de los paños menores, los himnos de los anatemas, a Dios de sus criaturas -aquellas que pagan impuestos para deambular por la tierra?

Celebración. Como si nunca hubiese pronunciado esa palabra. Como si saliese de un diccionario griego en el que los espartanos victoriosos retornan a sus hogares con sangre persa aun fresca en sus lanzas y sus escudos.

Puede que no haya existido ese tren, ni la profecía, ni la afgana sentada a mi lado por dos horas. En ocasiones, para matar el tiempo, Dios permite que nuestra memoria se descarrile. Lo que puedo decir desde acá abajo, entre los zapatos y las botas militares, es que nunca sabré con certeza quién triunfó sobre quién.





(Traducción de Frank Báez y la autora)










martes, 8 de julio de 2014

Moncho Alpuente: "Cita en el Ritz"







Cita en el ritz


Pablo, las esperanzas cortesanas/ prisiones son do el ambicioso muere/ y donde al más astuto salen canas/ y el que no las limare o las rompiere/ ni el nombre de varón ha merecido/ ni subir al honor que pretendiere. 

En la televisión episcopal preguntan a la feligresía si les parece bien que Pablo Iglesias se presente en el Hotel Ritz y a los feligreses les parece muy mal, aunque Pablo explica que no ha venido a intervenir el selecto hotel en nombre del pueblo, ni a incautarse de nada, solo a hablar y a dejarse vituperar sin alterarse por un espontáneo que le reprocha haber asesorado a Chávez. Los rojos deberían, así lo piensan los cofrades de la 13, celebrar sus asambleas en catacumbas y cenáculos clandestinos, o en el Ateneo, que vuelve a ser centro de disidencias intelectuales y refugio de radicales irredentos. Pero es que el Ritz ya no es lo que era y dejan entrar a todo el mundo que tenga dinero para pagar la cuenta, y no como en aquellos años dorados en los que el Gran Hotel prohibía el acceso y la pernocta a las mujeres que iban con pantalones y a las gentes de la farándula. Cuentan que tuvieron que cambiar de política cuando la esposa del embajador de Laos (o de Camboya) se presentó ataviada con su traje nacional, pantalón incluido, y que dejaron alojarse a James Stewart porque, además de actor, era oficial del ejército de los Estados Unidos.

Las palabras iniciales de este artículo son una paráfrasis de la célebre Epístola moral a Fabio, un anónimo del siglo XVI que sigue gozando de amargo predicamento en estos días. Pero el carismático líder, mal que le pese, de Podemos no parece estar en riesgo de dejarse seducir por tanto guiño como le llega desde todos los ángulos, y que no suele ser guiño de complicidad sino más bien fruto de esperanzas y ambiciones cortesanas de aspirantes tan sospechosos como el indómito Verstringetorix, caballero sin bandera y con turbios blasones que busca redención y acomodo en las filas de una izquierda a la que un día combatió con denuedo y alevosía. Sic transit gloria mundi y a la vejez viruelas. Resistir el cortejo de los que quieren subirse al caballo ganador y el asedio de los que pretenden descabalgarlos es tarea tan ardua como ingrata sobre todo porque exige esfuerzos suplementarios que podrían afectar a las tareas principales, a los objetivos inaplazables.

En estos días he escuchado alabanzas del 15M por parte de individuos que nunca estuvieron allí y que negaron en su día toda relevancia y oportunidad al movimiento, incluso desde las filas de la izquierda. Aquello no fue la revolución porque yo no estaba allí y yo sí que soy revolucionario. Escuché muchas veces tan peregrinos argumentos por parte de más de un gurú de la radicalidad que se tomó aquello como un acné juvenil, un sarampión de una izquierda que se desmarcaba de consignas y discursos. Las flores de aquel mayo produjeron auténticos ataques de alergia, pero una vez despejadas las pituitarias, después de las elecciones europeas, los posicionamientos varían, a izquierdas y a derechas. No es un juego, en eso coincidimos todos, de la caverna a la catacumba. La irrupción de la plataforma posibilista ha cambiado el paisaje, ha introducido un factor inesperado en las operaciones políticas. Pero también es la hora de los advenedizos, de oportunistas, infiltrados y regeneradores de una opción recién generada a la que no le ha dado tiempo a degenerarse. Tengan paciencia contertulios, Indas y Marhuendas, pero aprendan que, sean como sean las siglas y las denominaciones, hay una nueva conciencia política que ha puesto en singulares aprietos a los partidos y al sistema que los sustenta y del que se sustentan infinidad de parásitos aforados y desaforados.


 (Fuente: Público.es)




martes, 17 de junio de 2014

Juan José Téllez: "Borbón y cuenta nueva"









A menudo la paz, no es más que miedo. Así cantaba Raimon –flamante y merecido premio de las Letras Catalanas– antes de que usted llegara, Majestad, de la mano de un contrito Carlos Arias Navarro. Y el testamento de Franco –todo atado y bien atado– colgaba de los hogares fachas o sumisos, como una respuesta autoritaria al Guernika, aquel símbolo del espanto que reinaba entre quienes soñaban con la ruptura pero aceptaron la reforma. Como un mal menor, como un antídoto al ruido de sables, como la rendición de los empollones ante los mantones de la clase por el que aceptábamos no llevarlos al banquillo de los acusados a cambio de que dejaron de robarnos la merienda en el recreo. De vegades la pau no és més que por. Eso cantaba Raimon cuando usted juraba ante las Cortes franquistas.
En los días del presente pasado, cuando ha puesto las escrituras de España a nombre de su hijo, sus edecanes, sus tiralevitas y sus sochantres ya se han encargado de pregonar sus luces. Sin embargo, ¿quién hablará de sus sombras, Majestad? Y no me refiero sólo a esa rara cuenta en Suiza –un legado de papá, dicen los felones–, ni a sus trepidantes aventuras financieras por las que ya pagó el pato Manuel Prado y Colón de Carvajal, o sus cacerías de osos o de elefantes, por no hablar de aquella muerte fraterna que tantos ríos de incertidumbre y maledicencia despertara. En esos mentideros públicos por los que no suelen aparecer los medios de comunicación, ya no se habla sólo de su casticismo campechano, tan Isabel II, sino de sus derroches, también tan Isabel II.
Cierto es que bajo el reinado de usted, vivimos el periodo más largo de libertad relativa de la historia de este reino: el resto fue silencio, salvo la brevísima primera república y la segunda, la República niña de María Zambrano a la que el fascismo español, los tradicionalistas, el nacional-catolicismo y algunos de sus partidarios, no dejaron crecer. Sin embargo, la gratitud merecida por esos servicios prestados a la patria que por supuesto compartimos, no puede excluir la desolación de que algunos paisajes del comienzo de su reinado se repitan ahora que, casi cuarenta años después, va a comenzar el reinado de su hijo.
A la sombra de los brotes verdes de la macroeconomía, las bolsas de marginación son similares: hay una España de chalecitos acosados pero sigue existiendo otra de hambre suburbial, de chabola enconada, de presos hacinados y de inmigrantes cautivos por el simple hecho de no tener un papel en regla. Ahora, no habrá amnistía ni para los desahucios. Hoy, privatizamos la vigilancia exterior de las prisiones y permitimos que haya guardias armados en el interior de los CIEs. De Sofico hemos pasado a la Gurtel, de las cacicadas a los eres fraudulentos, de las piraterías de Juan March al de un potosí de kios, bankias, cajas sin ahorros y familias sin crédito. Sin un euro para las pymes, en este nuevo “Cuéntame”, Imanol Arias nunca habría hecho carrera en los negocios.
Entonces no había paro pero los salarios no daban para combatir la inflación y cada mes era una cuesta de enero. España se rompía y ahora se resquebraja, a pesar de quienes intentan evitarlo a decreto limpio. Los cómicos hacían huelga y en estos tiempos se indignan. Los comedores de caridad estaban llenos y siguen estando así. La salud no era universal, como ya tampoco lo es hoy. Ni la enseñanza, como va camino de dejar de serlo. La pesca se iba a pique y hoy ya se ha ido. España era más rural que urbana, y en la actualidad ya no tenemos a veces ni campo al que volver cuando el aire de la ciudad deja de hacernos libres.
Emigrantes con maletas de cartón y barba de tres días eran bajados en la estación de Hendaya, duchados a la fuerza y examinados por un médico para permitir que entrasen a la democrática Europa para desempeñar oficios subalternos. Hoy, emigrantes cada vez más jóvenes, con videoconsolas y microchips bajo el brazo, llegan a alguna de esas metrópolis donde fueron Erasmus para ejercer como diplomados en cuidar niños, peritos en fregar vasos en un bar o desempeñar la licenciatura de algún oficio, el que sea, bajo el pretexto de aprender idiomas o simplemente aprender supervivencia.
Entonces, el aborto era un delito y va camino de serlo de nuevo. La justicia era para los ricos y ahora también. Hizo falta que llegara Francisco Fernández Ordóñez para que España nos permitiera divorciarnos y nos obligara a declarar la renta, para que los bolsillos holgados supuestamente pagaran más que los sin plata. Hoy, las tasas judiciales a veces ni siquiera permiten que los pobres se divorcien y nos suben el IVA a todos para que los más acaudalados paguen menos por el IRPF. Antaño, la clase media prosperaba y hogaño se empobrece. Hemos pasado de las promesas a los recortes y del entusiasmo a la desconfianza.
En 1975, todavía estaba en vigor la gandula, la ley de vagos y maleantes. Pero en 2014 contamos con la nueva Ley de Seguridad ciudadana: por aquellos años, los obreros volaban y la pasma los mataba cuando disparaba al aire mientras que, en estos días, hemos comprobado como las balas de goma de los antidisturbios le saltan el ojo a un manifestante pero un juez asegura que fue un ejercicio ponderado de la fuerza, absuelve a la policía y le invita a denunciar a los convocantes de la manifestación.
Grandes clásicos de ayer y de hoy: Americanos en Rota y submarinos en Gibraltar. Las kabilas de la desesperación asedian Ceuta y Melilla. El Sáhara sigue estando en el limbo. Y su país y el mío reclama ser mediopensionista en el consejo de Seguridad de Naciones Unidas aunque sea a costa de que Mariano Rajoy tenga que hacerle una reverencia al tirano Teodoro Obiang Ngema en Guinea. Desconozco por completo si seguiremos siendo campeones del mundial de fútbol pero ya hemos perdido el pódium de la igualdad, el de la cooperación internacional o incluso la medalla de bronce de la ley de dependencia. Funcionarios a la virulé, prostitutas y camellos a punto de cotizar en el PIB, iluminados y mangantes, trileros y carteristas, antiguos brokers reconvertidos en repartidores de Telepizza, modelos de la fashion-week de dependientas del pret-a-porter, reconvertidos y convertibles, preferentes y preferidos, pícaros y picardías, a España toda, la malherida España, de carnaval vestida nos la pusieron.
Desde comienzos del siglo XVIII esta heredad es de su familia. Nos la impuso una guerra civil y su corona, en cierta medida, otra. Nuestra democracia no nos preguntó a tumba abierta si queríamos que usted, Majestad, reinase sobre nuestros sueños. Ahora tampoco va a ocurrir nada parecido cuando, justo esta misma semana, Felipe VI jure su cargo, vestido con el uniforme de gala del Ejército de tierra, con la infanta Leonor presidiendo desfiles militares, como si a este país todavía le hiciera falta civilizarlo.
Borbón y cuenta nueva, como dibuja José Luis Tirado. Usted seguirá teniendo privilegios y nosotros seguiremos teniéndole a usted. Si no quieres rey, toma dos tazas. Sus archipámpanos y visires se apresurarán a escribir “Delenda est res publica” sobre el toisón de oro que acaba de devolverle Adolfo Suárez Yllana. Yo no me apresuraría. A pesar de la profusión de sotas y de alfiles que corren a comprar la edición de lujo de “El cortesano” de Castiglione, el republicanismo ha regresado para quedarse. Estoy seguro de que don Felipe lo sabe y me gustaría imaginar qué hará para evitarlo.


Fuente: Público.es



 

martes, 10 de septiembre de 2013

Silvia Delgado Fuentes: "Sospecho que soy terrorista"










Sospecho que soy terrorista 


Yo antes no era así, vivía feliz mirando tele, trabajando en precario, leyendo poco.
Bebía cervezas, masticaba chicle, iba de compras, saludaba al jefe... Todo iba bien. Pagaba mis deudas, soñaba con que me tocara la lotería, con ir de vacaciones, con estar un día completo en la cama, en fin, cosas sencillas, compraba el periódico los domingos, saludaba de lejos a las vecinas, felicitaba las navidades a mi familia, todo bien, todo correcto.
Pero últimamente no sé qué me pasa, no sé cuando empezó todo, no sé, ciertamente, si el inicio estuvo en la ley de partidos, o fue antes, no sé si se agravó mi crisis con las detenciones, no sé verdaderamente si tuvo la culpa Bush o Aznar o Garzón o Marlaska, no sé si es por la censura, por la tortura o por la manipulación. No sé si tiene algo de responsabilidad en mi situación, Palestina o Irak o Guantánamo o Soto del Real, no sé si es porque llevan esposados a los jóvenes, a los emigrantes, a los disidentes, no sé si es por las huelgas de hambre, por los muertos de hambre, por los muertos de pena.
No sé si es por tanta mentira, por tanto descuartizador, por tanto mercader, por tanta impunidad, por tanta mordaza a sueldo.
Sospecho que soy terrorista. He empezado a respirar sin pedir permiso, a pensar sin pedir permiso, a hablar sin pedir permiso y esto dicen, es el peor de los síntomas en una sociedad aterrorizada como la nuestra donde la palabra es la peor de las amenazas. 







jueves, 20 de junio de 2013

Miguel Angel Sánchez de Armas y la manipulación de los medios de comunicación











En un soberbio artículo publicado por el profesor-investigador en el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (México), Miguel Angel Sánchez de Armas, titulado "Medios y sociedad: una reflexión preelectoral", analiza, partiendo de un estudio publicado en 1922 por Walter Lippmann, la inportancia de los medios de comunicación a la hora de crear opinión en las sociedades, y de como éstos, generalmente, siempre están al servicio de los poderes políticos que gobiernan. El profesor de Armas, asegura, que el objetivo de estos medios no es la verdad, sino convencer a la masa; pretenden orientar la opinión general, no informarla. Aclara que la buena propaganda no tiene por qué mentir, es más, no debe, y que el uso de la mentira en el mundo de la comunicación está hoy, desgraciadamente, muy extendida.
He aquí el artículo: 


Medios y sociedad: una reflexión preelectoral


"En Opinión Pública, estudio aparecido en 1922, Walter Lippmann sostiene que cada individuo construye una realidad en la que se siente seguro, pues como especie somos criaturas no sólo de razón, sino de emociones, hábitos y prejuicios. A esto le llamó el pseudoambiente, que se construye a partir de informaciones y datos que se asimilan de otras personas, del cine, de los periódicos, de los libros y de obras diversas, para conformar un sistema de creencias y valores.

Así, sin un conocimiento personal de los acontecimientos, los integrantes de una audiencia contrastan las informaciones que les sirven los medios y asimilan aquellas que no entran en conflicto con los valores y creencias de su pseudoambiente.

Lippmann llegó a la conclusión de que la cultura impone estereotipos que los individuos asimilan puesto que dan seguridad en un mundo que de otra manera sería amenazante. Y de ahí dedujo que en lo que respecta al proceso de toma de decisiones, estos estereotipos determinan nuestro juicio del mundo, de tal suerte que las percepciones del ciudadano medio sobre los hechos que afectan a la sociedad pueden en realidad ser verdades a medias, y lo que este individuo cree datos duros no ser más que juicios que pasan por el tamiz de sus estereotipos y prejuicios, lo que explicaría que mientras que casi todos están dispuestos a aceptar que hay más de un punto de vista ante ciertos asuntos, casi nadie piensa que haya dos versiones de lo que él o ella asumen como la realidad.
 

Una de las funciones de los medios consiste en socializar a las audiencias para que acepten la legitimidad del sistema político y conducirlos a aceptar los valores sociales predominantes, dirigir sus opiniones para que no socaven sino que apoyen las metas oficiales de política interior y exterior, y disuadirlos de una participación activa en política mediante la persuasión de que ésta, la política, es el terreno de especialistas y líderes “comprometidos con el bien común”.

En este contexto, los medios operan cual correas transmisoras de los valores del establishment para profundizar la creencia compartida de que el sistema político es bueno para la sociedad y que las instituciones gobernantes y los funcionarios ocupan y ejercen correctamente el poder. La socialización política es el proceso por el cual los miembros de la sociedad adquieren normas, actitudes, valores y creencias políticas.


En esta labor de pedagogía política el uso de los símbolos es imprescindible. Los símbolos permiten lograr la unidad y la flexibilidad del electorado alrededor de una propuesta sin el requisito necesario del consenso. La lucha entre las “fuerzas del bien” y las “fuerzas del mal”, nosotros y ellos, la democracia y la dictadura, se encauza mediante símbolos que sean fácilmente reconocibles y digeridos por las masas. Esto lo vemos demostrado durante el episodio de la expropiación petrolera en 1938, cuando incluso los más desposeídos sintieron que se había arrancado de manos del opresor yanqui la riqueza propiedad de todos los mexicanos.

Al mantener en la conciencia colectiva ciertos temas, los medios les dan vigencia y orientan la discusión y la reflexión del electorado. Pero esta socialización funciona en dos sentidos y está vinculada al conjunto de valores, creencias y prejuicios de las audiencias.

Michels planteó que la prensa no puede ejercer una influencia inmediata sobre la audiencia, como la que sí tienen los agitadores populares. En compensación, no obstante, el círculo de influencia de la palabra escrita es mucho más amplio. La prensa puede ser eficaz para influir en la opinión pública mediante el culto de una “sensación”. 

El término propaganda en su connotación de comunicación política aparece por primera vez en un diccionario en Francia en 1740. Su origen está en la constitución de la “Sacra Congregatio de Propaganda Fide” instituida en una bula del papa Gregorio XV en 1622 como instrumento de la Contrarreforma para ocuparse de la propagación del catolicismo en tierras no convertidas. Lo mismo que el concepto de “opinión pública”, no hay una definición única para “propaganda”, término que en la sociedad contemporánea conlleva un tinte de perversidad. Propaganda, han dicho algunos teóricos, es una buena palabra con muy mala suerte. En el imaginario colectivo la propaganda suele asociarse a mecanismos de control, al “lavado de cerebro” tan en boga durante la guerra fría, a sutiles mecanismos concebidos para conducir a las masas por el sendero de la ideología oficial del Estado e inocularles valores “nacionales”, ideológicos, raciales o de trascendencia, como el “destino manifiesto” norteamericano, la supremacía de la raza aria del nacionalsocialismo alemán o “el petróleo es nuestro” de México. Hay quienes sugieren que la propaganda es “un cáncer en el cuerpo de la política que manipula nuestra mente y acciones y que debe ser evitada a cualquier precio”.

La propaganda, pues, es una herramienta de la comunicación que sirve para determinar la actitud y conducta de un cuerpo social y para apoderarse del espíritu de los hombres y conquistar sus convicciones. Sus raíces están en el inicio mismo de la humanidad: difícilmente se encontraría una sociedad en donde el grupo dirigente (llámese directorio, senado, triunvirato, consejo de ancianos, dictadura, satrapía, teocracia o jefatura de la tribu) no se haya empeñado en conducir a los individuos bajo su mando por el sendero de sus propias creencias, principios e intereses. Los grandes generales se han valido siempre de la propaganda: Alejandro, Aníbal, César, Cortés, sabían muy bien de su poder. Napoleón fue un genio de la propaganda. Hitler estaba obsesionado por la importancia de la propaganda y admiraba profundamente el desempeño de los aliados en este campo, particularmente el británico, al que consideraba un modelo a seguir. 

Herodoto, el “padre de la historia”, ha sido descrito como agente a sueldo del Estado ateniense. Octavio y Marco Antonio fueron maestros en la manipulación de las masas romanas. Durante las cruzadas, papas y líderes religiosos emplearon una variedad de tácticas de promoción destinadas a lograr el apoyo del pueblo. Se dice que el papa venció en la lucha entre los Güelfos y los Gibelinos por haber hecho un uso más efectivo de las técnicas que ahora llamaríamos propaganda. El rey Felipe de España y la reina Isabel de Inglaterra emplearon la propaganda para minar las creencias básicas de los partidarios de sus opositores.

A diferencia de otras formas de persuasión, la propaganda recurre preferentemente a estereotipos, potencia los elementos emotivos, busca crear en la masa un sentido de comunión y hermandad y pone el acento en los enemigos comunes, en la decadencia de las costumbres ajenas y en la inferioridad de los valores de los otros. La propaganda es una herramienta de desinformación y censura que emplea la metodología de la retórica para convencer a sus destinatarios. En el sentido político del término, se desarrolló fundamentalmente en el siglo XX con la sociología moderna y la consolidación de la sociedad de masas. Su meta no es la verdad, sino el convencimiento; pretende orientar la opinión general, no informarla. Debido a esto, la información transmitida es a menudo presentada con una alta carga emocional que apela a la afectividad, en especial a sentimientos patrióticos, y se monta en argumentos emocionales más que racionales.

Además de herramientas sociológicas y conceptuales, cierto tipo de propaganda necesita líderes de carne y hueso, con nombre y apellido. El líder tiene un estilo peculiar y debe poseer una gran capacidad de sintonía con la masa. En los populismos de todo signo encontramos esta condición.  

Un líder carismático o populista es por definición un gran comunicador. Otro rasgo de los líderes populistas es una capacidad innata para sintonizar(se) a la masa. “El hombre promedio, y con mayor certeza las masas, sucumben casi infaliblemente al poder de la palabra, sin preocuparse por la verdad inherente de la misma”, escribe Hadamovsky en el único texto teórico de gran extensión conocido sobre la doctrina de la propaganda nazi. Bytwerk, por su parte, sostiene que el nacionalsocialismo fue “el más prolífico movimiento retórico del siglo XX”.

Según Goebbels, una buena propaganda no tiene necesidad de mentir, y más aún, no debe mentir. La propaganda no tiene ninguna razón para temer a la verdad. Es un error creer que el pueblo no puede soportar la verdad: se trata de explicar al pueblo la verdad de una manera tal que se comprenda. La propaganda que se sirve de una mentira, prueba por eso que lucha por una mala causa. No podrá triunfar a la larga. A mayor abundancia, si se examinan las causalidades íntimas de la propaganda se llegará a la conclusión de que el propagandista debe ser un hombre profundamente conocedor del alma humana pues no es posible convencer a una sola persona de nada a menos que se conozca el alma de esa persona, a menos que se comprenda cuáles cuerdas se deben tocar en el arpa de su alma. Es una equivocación suponer que la propaganda funciona siempre a partir de la mentira y la falsedad, pues de hecho opera en varios niveles de verdad, desde la mentira monda y lironda hasta las mentiras a medias y las verdades fuera de contexto.

El uso de la mentira en el mundo de la comunicación está muy bien estudiado, y no sólo respecto a la propaganda política sino también en el mundo de la publicidad comercial, donde la desinformación, a pesar de las limitaciones legales en todos los países, está a la orden del día. En él la mentira no toma la forma de burdas fantasías increíbles, sino que habitualmente sigue caminos bien sutiles en manos de los especialistas. Y si alguna vez percibimos sus técnicas, debemos concluir que van dirigidas a un público, a una audiencia, para la que esas fantasías no serán tan increíbles".

miércoles, 22 de mayo de 2013

Manifiesto en contra del euro








Empieza a cristalizar una oposición a que España continúe formando parte del euro y por el momento han lanzado un Manifiesto suscrito en un principio por más de 1.000 profesionales, en el que se exige la salida de la moneda única. Entre los firmantes de este Manifiesto se encuentran Julio Anguita y Manuel Moreneo, políticos; Juan Francisco Martín Seco, Pedro Montes, Manuel Muela y Antonio Gallafa, economistas; Agustín Moreno, exsindicalista, entre otros. 
Ya era hora que surgiera un bloque que recogiese el malestar y el rechazo que el euro y, por añadidura, esta ficticia Unión Europea, provoca en un mayoría de ciudadanos, que sólo está beneficiando a unos pocos y en la que estamos sometidos a los mandatos que desde Alemania nos dictan. 
Si estás en contra del euro. Si estás en contra de esta Unión Europea mercantilista, lee y, si lo crees conveniente, firma el Manifiesto.


Por la recuperación de la soberanía económica, monetaria y ciudadana.




La dramática situación social y económica en la que está hundida nuestra sociedad exige una política capaz de crear las condiciones para salir de la crisis. Es una necesidad urgente. El tiempo se ha convertido en un dato primordial por los riesgos de agravamiento y degradación que existen, por el enorme sufrimiento social que provoca la persistencia de las políticas de ajuste, austeridad y privatización de lo público.
La red en la que estamos atrapados  está conformada por un nivel de paro catastrófico, por un endeudamiento del país frente al exterior imposible de afrontar y por una evolución de las cuentas públicas que conducen a la quiebra económica del Estado. Más de 6 millones de parados, más de 2,3 billones de euros de pasivos brutos frente al exterior, y una deuda pública de casi un billón de euros, creciente y próxima al 100% del PIB,  son datos que definen un desastre inmanejable, ponen en peligro la convivencia y derruyen derechos sociales fundamentales.
Una crisis de esta envergadura tiene causas complejas y múltiples, desde la crisis  general del capitalismo financiero hasta el despilfarro y la corrupción propios, pasando por un sistema fiscal tan regresivo como injustamente aplicado, pero aun a  riesgo de simplificar el análisis para desentrañar  las soluciones, hay que atribuir a la incorporación de nuestro país a la moneda única la principal razón de esta desoladora situación.
Como ahora se reconoce, no había condiciones  para implantar una moneda única  entre países tan desiguales económicamente sin ir acompañada de una fiscalidad común. Su creación implicaba, por otra parte,  un marco propicio para implantar políticas regresivas y antisociales de todo tipo según la doctrina neoliberal, que ha tenido en  la construcción de la Europa de Maastricht su máxima expresión.  Como se calibró en su momento, el Estado del bienestar no es compatible con la Europa de  Maastricht.






 

lunes, 29 de octubre de 2012

Luis García Montero, "El narcisismo como enfermedad política"








En  este artículo, Luis García Montero reflexiona sobre los errores cometidos en la transición española -esa etapa incómoda y lastrante de nuestra historia que siempre suele resurgir cuando analizamos los males actuales-, y los, muy probables, que cometamos si seguimos empeñados en caminar con el antifaz puesto. La mayor parte de nuestra vida nos movemos  a impulsos del corazón, muy pocas como resultado racional de nuestra cabeza, por tal motivo seguimos corriendo el riesgo -a pesar de las experiencias adquiridas- de volver a tropezar en la misma piedra: el romanticismo político y la incoherencia pragmática.





El narcisismo como enfermedad política 

Los errores propios se suelen pagar en política de un modo más cruel que los aciertos del enemigo. El narcisismo es una fuente de errores, porque impide la madurez en la decisión y suele actuar con un procedimiento envenenado: convierte nuestras virtudes en defectos. El tiempo pasa, pasa también la historia y tardamos en descubrir o asumir el error. La reflexión política se mezcla con los sentimientos y la intimidad ideológica.
El error fundamental de la izquierda española para definir una postura en la Transición del franquismo a la democracia fue no haber facilitado antes que nada una renovación clara en la dirección del Partido Comunista. Recuerdo el orgullo con el que fui a votar en las primeras elecciones una opción encabezada por Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri, Ignacio Gallego y Rafael Alberti, mi maestro. Tardé años en aceptar que fue un verdadero disparate que el Partido se presentase en los años setenta a unas elecciones con nombres que venían de la República, la Guerra Civil y el exilio, sin contacto ninguno durante décadas con la realidad española. Y el disparate fue doble. No sólo se volcaba la responsabilidad en gente del pasado cuando el país quería comenzar una nueva ilusión, sino que se desperdiciaba la oportunidad de contar con una parte decisiva de los mejores jóvenes y profesionales de entonces, muy cercanos al Partido.
¿Falta de generosidad de los mayores? ¿Falta de ambición de los jóvenes? No, fue una reacción narcisista que convirtió nuestras virtudes en defectos. Teníamos motivos para estar orgullosos de la historia, para homenajear la labor de nuestros mayores en los años más duros de lucha contra el dictador, y nos sentíamos, además, parte de un relato digno, más importante que la mercadería electoralista y las tácticas de la política entendida como farsa. El narcisismo nos impidió descubrir que detrás de ese orgullo se agazapaba el error. Se perdía la conexión con la realidad del país y, sobre todo, se daba la responsabilidad de negociar la Transición a gente que tenía en la cabeza la España de 1936 y no el verdadero país que Franco había dejado a su muerte. Muchas de las decisiones que se tomaron sobre la monarquía, el olvido de los crímenes y la herencia del caudillo respondían a la mentalidad de unos grandes personajes que todavía pensaban en la dicotomía de la guerra y la paz, los militares y la libertad, y no en las posibilidades de una democracia social y republicana en 1978, en el contexto europeo del capitalismo avanzado.
La falta de madurez de la izquierda española impidió que el Partido de los jóvenes, el Partido del interior, dirigiese la historia hacia otro rumbo.
Detecto también rasgos de narcisismo en las discusiones políticas de la izquierda motivadas por la crisis económica actual, el deterioro de la democracia y la aparición de nuevas formas de rebeldía en movimientos como el 15-M. Hay muchas virtudes en el 15-M. La denuncia de la política institucional que se separa de la calle, la crítica a las cúpulas de unos partidos acostumbrados a confundir el bien del país con el interés de los poderes financieros y la superación de la dialéctica bipartidista, tan ruidosa como superficial, abren perspectivas muy importantes. De mucho valor son también las exigencias de una democracia real, participativa, transparente, más horizontal que vertical. Pero todas estas virtudes pueden convertirse en defectos si sólo sirven para dar pie a un descrédito generalizado de la política y de las instituciones democráticas al grito de “todos son iguales”.
La rebeldía se disuelve si no encuentra un cauce para intervenir en las leyes. En las últimas manifestaciones, junto a los policías disfrazados, ha pretendido infiltrarse también un pensamiento reaccionario peligroso. Las alarmas se encienden, por ejemplo, cuando alguien deja sin sueldo a los diputados y vende la medida como una reforma democrática de austeridad y purificación. ¿Quiénes nos van a legislar? ¿Las familias adineradas? ¿Los tecnócratas?
Corremos el peligro de que el narcisismo provoque un error político parecido al de la Transición, pero en un sentido contrario: existe el riesgo de creer que estamos inventando el Mediterráneo, de olvidar que hay muchos debates que vienen de lejos y han dado muy malos resultados, de despreciar todo lo anterior, todo lo que no surja de una asamblea popular en una plaza, y de renunciar a un cauce político organizado capaz de llevar la rebeldía a las instituciones. Ese tipo de actitudes, incluso cuando se ponen en marcha con una intención cívica, son una coartada jugosísima para los poderes financieros y los especuladores que están asaltando los recintos de la democracia. Ellos son el enemigo, la política no. Hace falta crear una opción política a la que apoyar con nuestros votos de forma masiva. La confianza, darla y merecerla, es hoy una tarea de primera necesidad.
En tiempos difíciles, la falta de madurez hace del narcisismo una enfermedad ideológica muy contagiosa.




lunes, 12 de septiembre de 2011

Marciano Durán: "Desechando lo desechable"




Marciano Durán es un periodista y escitor uruguayo que tiene el "honor" de contar entres sus textos escritos, con los tres "que más éxito le han reportado " al también, periodista y escritor, Eduardo Galeano. Injustamente, algunos de sus textos circulan en la red adjudicados a éste último, en concreto, el que hoy publico, "Desechando lo desechable", que con el curioso título de "Me caí del mundo y no sé por donde se entra", lo encontramos en cientos de páginas de Internet.
Justo es que reivindiquemos el texto con su verdadero nombre y con la firma del verdadero autor.

"Desechando lo desechable"

"Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida.

No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos.

O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre
y compre” ni al “desechable”.
Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises.

Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos… nuestros nenes… apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Sí, ya sé… a nuestra generación siempre le costó tirar.
¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!
Y así anduvimos por las calles uruguayas guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.
Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor.

Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.
Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plast de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.

¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza.

Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están jodiendo!
¡¡Yo los descubrí… lo hacen adrede!!
Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.

Nada se repara.

¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommier casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se deshecha y mientras tanto producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!

¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon.

La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo.
Y no es que haya sido mejor.
Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo” pasarse al “compre y tire que ya se viene el modelo nuevo”.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya sí era un nombre como para cambiarlo)
Me educaron para guardar todo.

¡Toooodo!
Lo que servía y lo que no.
Porque algún día las cosas podían volver a servir.
Le dábamos crédito a todo.
Sí… ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.

Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas de jardinera… y no sé cómo no guardamos la primera caquita.

¡¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?!
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.
El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.
Y guardábamos.

¡¡Cómo guardábamos!!
¡¡Tooooodo lo guardábamos!!

¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!
¡¿Cómo para qué?!
Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.

Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos.
Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.

Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.
Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraran al terminar su ciclo, los uruguayos inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.

¡Y las pilas!
Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa.
Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.

No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables… eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque del Banco de Seguros para hacer cuadros, y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.

Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates, y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada… ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron “Tómese el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero… ¡minga que la íbamos a tirar!
Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.
Las primeras botellas de plástico -las de suero y las de Agua Jane- se transformaron en adornos de dudosa belleza.

Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.
No lo voy a hacer.
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectivaque se va tirando, del pasado efímero.
No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.
De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo que la bruja me gane de mano … y sea yo el entregado.
Y yo…no me entrego.
"

miércoles, 31 de agosto de 2011

Rectificación: "Al César lo que es del César" y a Marciano Durán lo que no es de Eduardo Galeano"


Hace unos meses recibí un correo de una amiga en el que me enviaba un texto, supuestamente, de Eduardo Galeano que yo desconocía. Después de leerlo detenidamente, me pareció bastante interesante -en cuanto al mensaje-, dentro del estilo y la línea argumental del escritor uruguayo, pero algo en él hizo que no lo publicara de inmediato: su abultado número de americanismos –y no es que Eduardo no los utilice, pero en menor medida de lo que aparecía en éste-, y, sobre todo, el adjetivo “cariñoso” de bruja con el que se refiería a su mujer, rasgo que hasta entonces no había conocido en el citado escritor.
Ambos motivos hicieron que retuviera durante bastante tiempo la publicación de dicho texto, máxime cuando el mismo no aparecía en ninguna de las páginas habituales donde, de manera general, suele publicar dicho autor -y que me sirven de referencia para el seguimiento de sus escritos-, y sí, por el contrario, en infinidad de blog personales, digamos, poco fiables.
No obstante -y con todos estos antecedentes-, opté por dar crédito al texto enviado por mi amiga, publicado en cientos de páginas de Internet y, sobre todo, heber servido como texto de trabajo en alguna Universidad española, así que cometí el error –a pesar de las sospechas- de darlo a conocer también desde mi página, ya que, como anteriormente he adelantado, el texto en sí es de mi agrado, al margen de la pertenencia creativa, colaborando así, con mi ingénua acción, en la propagación de la falsa autoría. Pero un escueto comentario de Marciano -el mismo día de su aparión- en el que decía, "Aconsejo leer LAS PIFIAS DE AMÉRICA LATINA", me puso sobre la pista del patinazo cometido. De inmediato reinicié la investigación, esta vez má centrado en la búsqueda, gracias a los datos que me ofrecía la página de Marciano, trabajo que me ha llevado a la conclusión de que el susodicho texto intitulado “Me caí del mundo y no sé por donde se entra”, adjudicado al maestro Galeano, ni se llama así ni pertenece a él. Su autor es Marciano Durán Rivero (periodista y escritor uruguayo), y el verdadero título es, “Desechando lo desechable”, -no sé de donde ha salida la otra autoría, ni quién se la ha adjudicado, ni mucho menos, quién le ha puesto ese otro título y por qué-. Marciano Durán, en otro ingenioso texto, nos da una pista rocambolesca y simpática de cómo ha sido posible semejante error, pero nada más lejos de la realidad, porque él sabe -como lo sabemos el resto de los mortales que utilizamos la red- que copiar, lo hace casi todo el mundo -igual que antaño lo haciamos de los libros-, lo que no puede suceder es que "confundas" al autor y, además, te "equivoques" de título, a no ser que haya unos intereses no declarados de por medio.

Espero haber dejado aclarada la confusión, por el bien de Eduardo Galeano, y, en concreto, por el del propio creador, Marciano Durán Rivero, al que se le viene usurpando la autoría desde hace ya bastantes años (el texto fue publicado en su página web marcianoduran.com.uy, en enero de 2006), y que si no hubiera sido por este percance, quizás no habría llegado a conocer, con lo cual, habría corrido el riesgo de perderme a un buen escritor que posee una magnífica y ácida literatura. En otra ocasión publicaré de nuevo el texto, pero con el título original y el nombre del verdadero autor, confiando en que entre todos podamos recuperar lo que sólo a él pertenece.
“Al César lo que es del César y a Marciano Durán lo que es de él”.

martes, 16 de noviembre de 2010

Joan Puigcercós: Cuando el fascismo se disfraza de falso izquierdismo



Cuando el nacionalsocialismo se encuentra en horas bajas, el único recurso que les queda, para intentar remontar los resultados que les dan las encuestas, es el tópico fácil de atacar a los andaluces y a Andalucía. Desgraciadamente esta es una táctica cada vez más frecuente y cada día más utilizada por determinados sectores del espectro político, tratando de ocultar con estos ataques el despilfarro que generan sus comunidades en proyectos alejados de los intereses ciudadanos -escandalosas comisiones por adjudicar obras públicas a ciertas empresas, grandes sueldos a sus políticos (el presidente de la Generalidad cobra el doble que el presidente del estado), política lingüística desacertada, "embajadas" en las zonas más "vip" del extranjero, parque automovilístico desproporcionado, etc-.
Habría que recordar a estos analfabetos crónicos que el andaluz -como cualquier ciudadano español- cuando compra una barra de pan, paga el IVA correspondiente, como también paga IVA por el bombo de detergente para lavadoras que producen ellos, o el bote de cacao -envasado por ellos-, para los desayunos de los críos, con lo que con nuestro consumo, aumentamos sus riquezas, no sólo en la creación de puestos de trabajo en su comunidad, sino, también, a la hora de realizar las liquidaciones con Hacienda estas empresas que, miren qué casualidad, están domiciliadas en Cataluña, aunque hagan el negocio en Andalucía. Y el resto de andaluces, los que tienen la suerte de poseer un empleo, en Junio, como todo quisqui, liquida sus deudas con el fisco al tanto por ciento que le corresponda, y el que está en el desempleo y no tiene ningún ingreso, Sr. Pigcercós, no paga a Hacienda, como haría otro parado de su tierra .
Ser político (es decir, tener que opinar y codearse con la ciudadanía) es un arte que no está al alcance de individuos analfabetos y atrasados, y este tipo de declaraciones, o están hechas desde la más absoluta ignorancia de lo que critica, o desde la más dañina intolerancia, y es que, para algunos paletos metidos a redentores patrios, la Edad Media no ha terminado, de otra manera no se entienden estos exabruptos contra una comunidad como la andaluza que sólo trata salir del atraso en que la colocaron comunidades más favorecidas por el régimen franquista.
Declaraciones como las realizadas por Puigcercó hacen un flaco favor a los catalanes; no caigamos en la trampa en la que nos quieren hacer caer estos politicastros: elllos no representan a Cataluña, Cataluña, la real, la moderna, representa algo más tangible, más solidario, y más cercano, por tal motivo no caigamos en sus redes y juzguemos a todos lo catalanes por lo que hacen o puedan decir sus representantes políticos: la ciudadanía, siempre, estará por encima de ellos. Vivimos en diferentes comunidades pero somos explotados por el mismo amo.

Editorial de Diariodesevilla.es que suscribo y reproduzco íntegramente:


Entre la estulticia y la ignorancia
"48 horas después de que arrancara la campaña para las elecciones catalanas, los andaluces nos hemos vuelto convertir, a nuestro pesar, en protagonistas de un debate en el que sólo la estulticia, unida a la mala voluntad, puede superar a la ignorancia. Las declaraciones del portavoz del ERC, Joan Puigcercós, en las que reparte mandobles a Andalucía, con el peregrino argumento de que en nuestra tierra "no paga impuestos ni Dios" es revelador de hasta qué punto el independentismo catalán desbarra cuando intenta objetivar asuntos andaluces. Los que se hacen las víctimas con el supuesto anticatalanismo dejan ver en cuanto se les suelta un poco la lengua que su antiespañolismo es, sobre todo, antiandaluz. En el imaginario de estos izquierdistas de pacotilla, el andaluz sigue siendo un señorito vago, juerguista y chulo o un jornalero sumiso y conformista que espera que el empleo comunitario le saque las castañas del fuego. Al independentista Puigcercós se le puede aplicar la máxima de que ciertos nacionalismos se curan viajando y leyendo. Si se tomara la molestia de darse una vuelta por aquí, comprobaría que el riesgo de decir tonterías es muy elevado cuando se habla de oídas y se aferra uno a estereotipos trasnochados. Tan trasnochados como su reduccionismo independentista en un mundo cada vez más globalizado.

La respuesta que desde Andalucía se le ha dado ha sido tan contundente como oportuna. La consejera de Presidencia ha calificado las declaraciones de Puigcercós de "insulto" a la comunidad andaluza y ha recordado que el político de ERC no debería olvidar la contribución de los andaluces al levantamiento económico de Cataluña, como pueden atestiguar los miles de ciudadanos de Andalucía que se tuvieron que marchar a aquellas tierras. Como dijo ayer Moreno, este tipo de discurso es tan fácil y tan injusto como el anticatanalismo, y sólo contribuye a crear tensión y a acuñar estereotipos dañinos para la convivencia de nuestro país. Lo malo es que no es la primera vez que tenemos que salir al paso de disparates de este calibre y, desgraciadamente, tampoco tendrá que ser la última".

jueves, 24 de junio de 2010

Contra la tontuna lingüística, un poco de gramática

Imagen: gianna-inca.blogspot.com


Yo no soy víctima de la LOGSE. Tengo 48 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política. En párvulos (así se llamaba entonces lo que hoy es "educación infantil", mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente: la A de "araña", la E de "elefante", la I de "iglesia" la O de "ojo" y la U de "uña".
Luego, cuando eras un poco más mayor, llegaba "El Parvulito", un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto. Eso sí, en el Parvulito, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.

Imagen: todocolección.net

En EGB estudiábamos Lengua Española, Matemáticas (las llamábamos "tracas" o "matracas") Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Plástica (dibujo y trabajos manuales), Religión y Educación Física.
En 8º de EGB, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de "b en vez de v" o cinco faltas de acentos, te suspendían.

En BUP, aunque yo era de Ciencias, estudié Historia de España (en 1º), Latín y Literatura (en 2º) y Filosofía (en 3º y en COU). Todavía me acuerdo de las declinaciones (la 1ª.: rosa, rosa, rosa, rosae, rosae, rosa en el singular; -ae, -ae, -as, -arum, -is, -is, en el plural; la segunda;-us, -e, -um, -i, -o, -o, en el singular; -i, -i -os, -orum, -is, -is, en el plural; no sigo que os aburro), de los verbos (poto, potas, potare, potabi, potatum, el verbo beber), de algunas traducciones ("lupus et agni in fluvi ripa aqua potaban; superior erat lupus longeque agni": el lobo y elcordero bebían agua en el río; el lobo estaba arriba, lejos del cordero; "mihi amiticia cum domino erat": yo era amigo del señor).

Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las "Coplas a la Muerte de su Padre" de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda...
Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección. Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura. Aprendí que se dice "Presidente" y no Presidenta, aunque sea una mujer la que desempeñe el cargo.

Y... vamos con la Gramática.

En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es "atacante"; el de salir es "saliente"; el de cantar es "cantante" y el de existir, "existente".
¿Cuál es el del verbo ser? Es "el ente", que significa "el que tiene entidad", en definitiva "el que es". Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación "-nte".

Así, al que preside, se le llama "presidente" y nunca "presidenta", independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.

De manera análoga, se dice "capilla ardiente", no "ardienta"; se dice "estudiante", no "estudianta"; se dice "independiente" y no "independienta"; "paciente", no “pacienta"; "dirigente", no dirigenta"; "residente", no "residenta”.
Y ahora, la pregunta del millón: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son "periodistos"), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española?
Creo que por las dos razones.
Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hacen más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).

No me gustan las cadenas de correos electrónicos (suelo eliminarlas) pero, por una vez, os propongo que paséis el mensaje a vuestros amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no "ignorantas semovientas", aunque ocupen carteras ministeriales).

Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulistoel, proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el violinisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!

Si este asunto no te “da-igual”, difúndelo, a ver si le termina llegando a la ministra de “igual-da”, o cualquier otro ministro.


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