Sígueme también en este otro blog:

Mostrando entradas con la etiqueta Microrrelatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Microrrelatos. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de abril de 2013

Juan José Millás: "¿Es grave, doctor?"


 

 

 

 

 

Juan José Millás nació en Valencia el 31 de enero de 1946. Es periodista y escritor y destaca por su habilidad en la creación de microrrelatos.


 

¿Es grave, Doctor?

 

De joven, compartí piso con una chica que lo primero que me dijo fue que le reventaba fregar los cacharros, de manera que me tocó a mí. Al principio me parecía un engorro, creo que porque me empeñaba en terminar en seguida, pero luego le cogí gusto y limpiaba en una hora el mismo número de platos que cualquier persona normal habría liquidado en media. Lo que me gustaba de aquella actividad era que me ponía intelectualmente en marcha. A los diez minutos de estar sacándole brillo a una cacerola de aluminio, las neuronas trababan amistad entre sí y resolvía problemas que en la mesa de trabajo me habrían llevado días. Fregar me ayudaba a entrar en un raro estado de concentración del que obtenía beneficios increíbles. Sin embargo, a mi compañera le sentaba fatal verme disfrutar de ese modo y comenzó a pensar que compartía piso con un depravado.
—¿Pero tú por qué no protestas cuando te toca fregar?
—Porque me gusta.
—No gastes bromas. Cómo te va a gustar.
—Es cierto. El correr del agua y el ver cómo se marcha la porquería de las sartenes por el sumidero me hunde en una especie de éxtasis que me ayuda a reflexionar sobre la existencia.
Al principio pensó que le tomaba el pelo, y luego que era un pervertido. Cuando teníamos invitados y me veía levantarme después de comer para recoger la cocina, la oía murmurar cosas sobre mí. Una vez llevó a su madre, quien tras observarme de arriba abajo me preguntó si era yo ese al que le gustaba fregar.
—Soy uno de ellos —respondí sintiéndome miembro de una secta secreta de fregadores repartidos por el mundo.
Al día siguiente la chica abandonó el piso sin despedirse y tuve que poner un anuncio en los tablones de la Facultad, pues no podía hacer frente yo solo al alquiler. Siempre he preferido vivir con mujeres que con hombres, por lo que solicité una compañera. Vino una estudiante de medicina que lo que no podía soportar de ningún modo era tender la ropa. Yo nunca me había ocupado de eso, pero a las pocas semanas empezó a gustarme y estaba deseando encontrar algo mojado para colgarlo de las cuerdas. Bien es cierto que teníamos un patio interior muy sugerente, y que a mí me apasionaba imaginar las vidas que discurrían al otro lado de las ventanas que se veían desde la nuestra. Al poco, me pasaba la vida tendiendo y mi compañera empezó a sospechar que había ido a caer con un mirón o un psicópata, así que se fue y tuve que poner otro anuncio gracias al que aprendí a cocinar, y así de forma sucesiva.
Evidentemente, tengo una rara capacidad para que acabe gustándome lo que he de hacer por obligación. Ello me ha creado fama de bicho raro entre mis conocidos. También eso me encanta, y lo cultivo, lo mismo que tender la ropa o fregar cacharros. ¿Es grave, doctor?










sábado, 5 de enero de 2013

Paloma Pedrero: "Navidad de falso charol"




 

Navidad de falso charol


Me lo habían dicho, pero, desolada, no quise creerlo. Tenía que comprobarlo yo misma. Así que ese año no escribiría carta. Si los reyes eran los Reyes conocerían mágicamente mis deseos. El seis de enero me levanté y corrí temerosa hacia el salón. En un rincón se apiñaban los juguetes de mi hermano pequeño. En otro, había una muñeca para mí. Era de plástico durísimo, llevaba un vestido imitación a terciopelo negro y unos zapatos de falso charol. Su pelo era de un rojo intenso, mal iluminado. Y su cara fea no parecía ni de niña ni de mujer. Tomé el espantajo entre mis manos y miré a mi madre con rabia. Ella me sonrió. No había duda. Ese día dejé de creer. Sin embargo, la espantosa muñeca ocupó un lugar en mi habitación. Ahí sigue, ya única, en un cajón de mi casa. Y yo cada Navidad, inevitablemente, lavo su vestido.








miércoles, 26 de diciembre de 2012

David Torres: "Árbol de Navidad"





Árbol de Navidad
 

Odiaba las Navidades a muerte, pero nadie -ni su esposa ni sus hijos ni sus nietos- lo tomaba en serio. La tarde de Nochebuena, aprovechando que habían salido a comprar los últimos regalos, se desnudó, desnudó el árbol, pisoteó las bolas y se aderezó cabeza, brazos y piernas con bombillas de colores. Después metió los pies en una palangana en el preciso instante en que un cortocircuito dejaba sin luz a todo el barrio. Pero él aguardó, impertérrito, canoso, mojado y gordo, arrugándose a oscuras. Tras una hora de espera, el agua ya estaba helada y se levantó, tiritando, a buscar un albornoz. Su familia lo descubrió en el pasillo, justo en el momento en que volvía la luz, en pelotas, vestido sólo de estornudos y guiños parpadeantes, la estrellita plateada en la oreja, el reno en el ombligo y el muérdago en su sitio. “Feliz Navidad” dijo.





viernes, 7 de diciembre de 2012

Gemma Pellicer: "El caracolillo"








Gemma Pellicer es licenciada en Filología Hispánica y en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha cultivado la crítica literaria en el diario Avui y en las revistas Turia, Quimera y la argentina Olivar. También ha coordinado, junto con Fernando Valls, la sección de microrrelatos "Liebre por gato" en la revista Clarín. Sus propias piezas han aparecido en la revista mexicana Narrativas y en Paralelo 50; así como en las publicaciones electrónicas Delirio, Kafka y Letras de Chile, y en el diario argentino El Liberal, de Santiago del Estero, o en el blog especializado en microrrelatos Ficción mínima.




El caracolillo



Se fue encogiendo primero de espaldas, brazos y piernas, hasta quedar bien prieta, como si fuera un caracolillo empeñado en absorber, de una sola vez, todo el sol que le cupiera sobre las espaldas las raras veces en que salía a pasear. Luego, cuando se le hubieron caído los dientes y el leve pelo ralo que milagrosamente conservaba, fue desprendiéndose poco a poco de los gruesos jerséis de invierno, y de las sucesivas bufandas, gorros, sombreros, orejeras y guantes de lana, para terminar vistiendo un finísimo camisón de seda por todo abrigo, como las antiguas combinaciones que antaño usaban las abuelas, muda que se reveló mucho más benévola ante los implacables cambios de que era objeto su cuerpo, cada vez más comprimido, más necesitado de presteza y agilidad.

Los años no sólo le habían reducido los huesos, sino también los andares, los gestos y hasta las miradas. De poder hablar con franqueza, diríase que se había convertido en un saquito de carne lleno de protuberancias, de perfil indistinguible. Los pasitos que daba para ir a la tienda de la esquina no sólo eran cortos y audaces como sus pensamientos, sino que incluso los saludos y buenos deseos que repartía eran expresados en forma de pequeñas ráfagas, como si temiera gastarlos de golpe. A decir verdad, resultaba dificilísimo reconocer en aquella pobre anciana a la mujer rotunda que había sido: si bien nunca fue alta del todo, hubo un tiempo en que sus piernas y pestañas fueron largas, y anchas sus caderas, y sus andares, acompasados, además de exhibir sonrisas y saludos calmos y generosos, capaces de enamorar a más de uno y de dos.

Tras unos breves instantes de duda, al final se ha decidido a cruzar. El coche metalizado no ha tenido tiempo de reparar en aquel caracolillo que se desplazaba por la calle medio a tientas, con la ligereza torpe de un ser espiritual.









jueves, 29 de noviembre de 2012

Carmen Bermúdez: "Blancanieves duerme sola"









Blancanieves duerme sola


Mi final no fue feliz, el príncipe me abandonó, me dejó sola con los enanitos, no con los siete, ¡menos mal!, lástima que entre ellos no estuvieran ni Bonachón ni Risueño.
¡Cuidado Princesas con los Príncipes encantados!, suelen ser ranas con capa. Desconfiad de esos cretinos que con su beso redentor, pretenden despertarnos de nuestro letargo, ahí es donde empieza el cuento.







jueves, 22 de noviembre de 2012

María Fabiana Calderari: "Detrás de los muros"







María Fabiana Calderari (Jujuy, Argentina, 1972) estudió Derecho en la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, en la provincia de Tucumán, donde se licenció, pero ejerce su profesión en la provincia de Santiago del Estero. Colabora habitualmente en el diario El Liberal, de la citada ciudad.



Detrás de los muros


Los viernes en la noche suelo verla.
El restaurante barroco acostumbrado, que elige ella… Única, resplandeciente, seductora.
Un leve temblor me asalta siempre. Se esfuman mis años cuando la miro. Estas emociones a mi edad, pienso…
Persigo cada movimiento suyo.
Ella intuye mi presencia. Se aproxima a la mesa reservada, se sienta.
Su sonrisa me pertenece, aseguro.
Finalizada la cena, en el tocador arregla su pelo, colorea sus labios.
Escondido detrás de los muros, contengo esta pasión adolescente, mientras su marido paga la cuenta, la toma del brazo, roba la sonrisa y se la lleva a su casa. 




viernes, 19 de octubre de 2012

Antonio Serrano Cueto: "Un día de sol"







Antonio Serrano Cueto (Cádiz, 1965) es profesor titular de Filología Latina en la Universidad de Cádiz. Dedica su investigación a la literatura latina del Humanismo. Es autor de numerosos trabajos sobre esta parcela (Erasmo de Rotterdam, Polidoro Virgilio, Fernando de Arce, Diego de Guevara, Ambrosio de Morales, fábula, paremiología, epitalamio, etc.)  Escribe poesía y microrrelatos.



Un día de sol

Lejos de la carretera y los caseríos, flanqueada por roquedales que inunda la pleamar y sin accesos visibles en la bajamar, Cala Dorada, llamada así porque el crepúsculo baña con oro la espuma de las olas, es frecuentada por una veintena de nudistas que han sellado un pacto de silencio, a fin de mantener la playa alejada del conocimiento de los mortales. Cada año, al cumplirse el aniversario del naufragio, acuden allí desde lugares remotos y entregan por unas horas sus cuerpos salitrosos a los rayos del sol. El fragor de las olas, el bramido rasante del viento y la queja solitaria de alguna gaviota ponen música al silencio sepulcral de los nudistas. Cuando el sol comienza a humear por Poniente, levantan sus cuerpos descarnados, se miran melancólicos y regresan a las profundidades.












miércoles, 19 de septiembre de 2012

Diego Muñoz Valenzuela: "Rehabilitación de Circe"








Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile, 1956) ha publicado varios volúmenes de cuentos: “Nada ha terminado” yLugares secretos”. Es autor de dos libros de microrrelatos: “Ángeles y verdugos” y “De monstruos y bellezas”. Este microrrelatos es inédito.




Rehabilitación de Circe

La preciosísima Circe estaba aburrida de la simplicidad de Ulises. Si bien era fogoso, bien dotado y bello, la convivencia no daba para más. Solía convertirlo en perro para propinarle patadas, y él sollozaba y le imploraba perdón. Lo transformaba en caballo para galopar por la isla de Aea, fustigándolo con dureza. Lo transmutaba en cerdo para humillarlo alimentándolo con desperdicios. Volvía a darle forma humana para hacer el amor, y volvía a fastidiarse con su charla insulsa. Por fin lo expulsó del reino, le devolvió su barca y sus tripulantes y lo dotó con alimentos para un largo viaje. “Vete y no vuelvas”, le ordenó con voz terminante al lloroso viajero, “y cuenta lo que quieras para quedar bien ante la historia”. Después sopló un hálito mágico para hinchar la vela de la embarcación.





miércoles, 29 de agosto de 2012

Armando José Sequera: "Mi esquizofrenia"






Armando José Sequera (Caracas, 1953) es escritor y periodista.  Es uno de los más significativos escritores de microrrelatos de Venezuela y de toda la América hispana, y como tal aparece en las más prestigiosas antologías. Este microrrelato forma parte de su libro “El último rastro del fuego”.



Mi esquizofrenia


Mi esquizofrenia va de mal en peor: mi segunda personalidad dice que, como no se lleva bien con la primera, se aliará con la tercera para mitigar su soledad.
La primera, entretanto, alega que, por más esfuerzos que hace, no logra congeniar con la segunda, razón por la cual formará alianza con la cuarta, habida cuenta de que si la tercera se lleva bien con la segunda, es imposible que se lleve bien con ella. Afortunadamente, me he podido mantener al margen de esta absurda disputa y no he sido involucrado en lo que, a todas luces, es una malsana maraña de incomprensiones.



viernes, 24 de agosto de 2012

César Gavela: "Lágrimas"






César Gavela nació en 1953 en Ponferrada (León). Ha publicado dos colecciones de cuentos: “Pobres del Sil “ y “Cuentos de amor y del norte”. Estos microrrelatos forman parte de un libro inédito.




 Lágrimas
 

Le pregunté a mi madre por qué ya no hablaba del tío Marcos, del que mataron en el norte, y ella me contó que era porque se le habían terminado las lágrimas. Que cada persona cuando muere tiene un montón de lágrimas para los demás, como si los muertos se las dieran, y cuanto más triste la muerte, más lágrimas; pero que también se acaban terminando, y un día no salen más. 
Y eso le pasó a mi madre, que cuando aparecía mi tío Marcos en la conversación, ya no lloraba, no podía aunque quisiera y de ahí pasó a pedirme que nunca le hablara de él, que era muy triste ya no poder llorarle, y de este modo mi tío poco a poco fue quedando medio desaparecido, como si fuera una penumbra; y ya ni siquiera eso.






jueves, 26 de julio de 2012

Rogelio Ramos Signes: "De la importancia de algunas tareas hogareñas"






(Para nuestro amigo Paco, con el ánimo de provocarle una sonrisa que le haga más llevadera su prisión dentro de una escayola)


Rogelio Ramos Signes (San Juan, Argentina, 1950) ha publicado novelas, cuentos, ensayos y poesía. 
Es autor, además, de un libro de microrrelatos, "Todo dicho que camina" (Universidad Nacional de Tucumán, 2009). 
El juego que propone es la reescritura de proverbios, a los que se ha despojado de su carácter metafórico para enfrentarlos con la realidad del absurdo.









"De la importancia de algunas tareas hogareñas"


“¿A qué hora conversa el ciprés con los duendes que habitan en el aire?” le pregunté a Mahadevi Brahmapundra, reclinando levemente mi cabeza en señal de humildad.

“El ciprés conversa con los duendes que habitan en el aire -me respondió el maestro entrecerrando los ojos- cuando los grillos llámanse a silencio y las últimas fogatas se extinguen en el pedemonte”.

Neranjira Pakarinki, que estaba escuchándonos mientras preparaba un impenetrable café para la sobremesa, se secó las manos con fastidio y nos enfrentó: “¡Cómo les gusta complicar las cosas con argumentos sonsos! ¡Se nota que les sobra el tiempo!”.

Y el maestro Mahadevi Brahmapundra, encomendándose al abandono existencial de Gotama el Buddha, se puso a lavar los platos.”
 






Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...