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viernes, 9 de septiembre de 2011

El patrimonio de diputados y senadores: Una cosa es predicar y otra, bien distinta, dar ejemplo


Después de la publicación -ayer jueves, en las páginas web del congreso y del senado- del patrimonio que han declarado poseer nuestros “desinteresados” políticos, a uno –no puedo evitarlo- le dan ganas de vomitar. ¿Es que este mundo se ha vuelto rematadamente majareta, o tal vez es que nos hemos hecho tan insensibles que ni siquiera la cruel evidencia de los acontecimiento nos afecta?

Uno suponía que la mayoría de nuestros parlamentarios y senadores, además de ser grandes “patriotas”, se beneficiaban de su escaño, pero lo que jamás hubiésemos podido imaginar era que se blindasen en el euro, que confiaran tan poco en la placidez y austeridad de “la vida venidera”, y se pusieran a acumular cuentas corrientes, acciones, depósitos, planes de pensiones, propiedades inmobiliarias, automóviles, barcos, obras de artes, etc., todos ellos, productos materiales que para nada le han de servir para cuando suban al cielo, porque claro, habrá que aclarar que estos buenos señores, después de darse la buena vida aquí abajo en la tierra, como es lógico, por su gran entrega y desprendimiento humano, tienen ganado un lugar en la gloria, por supuesto, a la derecha del Gran Hacedor. ¡Qué incongruente es el hombre! Tanto predicar contra los bienes materiales, unos, y el ladrillo, los otros, y mira por donde, los insobornables, los intachables, los incorregibles, los perfectos, no han podido sustraerse a la tentación de comprar algunas viviendas, locales comerciales, garajes, etc., después de darnos la bronca a los débiles mortales que caíamos en la tentación de adquirir un hogar, llenos de dudas, deudas y temores, porque en algún sitio teníamos que resguardarnos. Tanto satanizar al mercado, la banca, al capital, a los especuladores, y resulta que la mayoría son adictos a coleccionar títulos mobiliarios, quiero creer que lo hacen sólo por el afán altruista que los caracterizas, queriendo salvar de la ruina a esos pobres capitalistas que ven en peligro sus negocios.

Uno ya suponía que nuestros padres de la patria no tendrían problemas para llegar a final de mes -¡Que Dios no lo permita jamás!-, pero de ahí a lo que declaran, hay un gran abismo, y que conste que no me creo que eso sea todo lo que poseen, existen mecanismos que cualquiera conoce, sin estar asesorado, donde pueden colocar el capital sin que este aflore: paraísos fiscales, sociedades, etc.
Pero si todo lo anterior ya de por sí no es grave, la cosa se afea cuando aparece en la lista de los que más tienen destacados dirigentes socialistas, el más significado de todos, Alfredo Pérez Rubalcaba, candidato por el PSOE a las próximas elecciones del 20-N. La duda que se me plantea –siempre me ha intrigado- es la de si se puede ser de izquierdas y estar forrado en el euro. Y no es que yo pida, como hipócritamente exige la derecha más pecadora, que ser de izquierdas suponga vivir en una chabola, vestir con el mono de trabajo, calzar alpargatas y comer las sobras del amo, pero las cifras que exhiben estos dirigentes socialista, es, como poco, para sonrojarse, al menos a mi me sucedería.
¿Es que piensan meterlo en la caja cuando se hayan muerto?
Así se comprende que estos socialistas de pacotilla se entiendan tan bien con los empresarios, incluso comprendan sus problemas; que no suban los impuestos a los más ricos y en cambio acribillen a los más débiles aumentando el IVA; que no quieran modificar el IRPF, y si lo hacen, es para subir los tramos más bajos; ahora está claro por qué han dado tantos miles de millones a los bancos, por qué se han puesto de acuerdo con el partido hermano (PP), para reformar la constitución, y por qué, en fin, son tan coincidentes en sus acciones con el resto de fuerzas neoliberales que controlan el mundo.

A los hechos me remito; no me digas lo que eres, sino lo que haces. Hay un dicho que se suele utilizar en Andalucía, cuando uno es más falso que el oro alemán, que dice: “Mucho te quiero perrito, pero pan, poquito”. La sabiduría popular no puede ser más acertada.
No quiero marear con cifras, las más importantes ya las habrán oído, o leído, sólo pretendo, con mi escrito, denunciar la hipocresía que habita entre nuestros políticos: pedir más esfuerzos, más apretura del cinturón –y lo que es mucho más grave, tomar decisiones- a las capas menos beneficiadas de la población, desde la posición económica en la que ellos se encuentran, es una absoluta barbaridad, a no ser que se justifique por la defensa de sus declarados intereses económicos, de esa manera sí es entendible. Lo que no acabo de encajar es que siga habiendo personas trabajadoras, clase media, progresistas, intelectuales, que sigan votando a estos crápulas que no sienten reparos en destrozar unas siglas históricas. ¿Es que Rubalcaba es “socialista y obrero”? ¿Y Bono y compañía? Mi duda sin resolver es de por qué no están en el partido que les corresponde, en el PP, y no se dan estos matrimonios políticos tan contradictorios. Acabo con otra cita, esta algo más vieja: “La mujer del César no sólo ha de ser honrada, sino parecerlo”. La impotencia me ahoga, la indignación me traspasa, máxime cuando me han filtrado que para el próximo consejo de ministros, el próximo día 16, nuestro gobierno de ricos socialistas nos subirá un punto más el IVA. Lo bueno de tanto subir es que ya no tendremos necesidad de subir a la Giralda para quitarnos de esta gravosa vida. Algo salimos ganando con ello.


jueves, 8 de septiembre de 2011

Nuevo debate sobre los impuestos


Cuando aún no se ha cerrado el debate sobre la reforma de la constitución, quieren abrir uno nuevo: el de si hay que subir los impuestos o no, como si el tema, por la escasa importancia que le dan, parece que sólo se tratara del deshoje de la margarita.
Cuando los neoliberales suelen hablar de subidas de impuestos, la clase trabajadora, por un movimiento reflejo, inmediatamente se echa la mano a la cartera, tratando de protegerla, de la misma manera que lo hace cuando viaja en metro. Porque es ya una costumbre establecida que cada vez que el gobierno necesita engordar sus arcas, éste lo hace atacando la economía de los más débiles y desprotegidos, o sea, los que cobran su salario a través de una nómina.
Resulta vergonzante que, el 75% de los ingresos que recibe de los impuestos el gobierno, proceda del IRPF, y el 25% restante, a cargo de las empresas y las grandes fortunas. ¡Vergonzoso! Por tal motivo, el debate no ha de ser subida de impuestos sí, subida de impuestos no, como falsamente se ha planteado, sino a quién.

Hace unos meses –exactamente, en el fatídico mes de junio-, un pensionista indignado me enseñó su declaración de la renta, en la que en la casilla de ingresos figuraba la cifra de 11.800 euros brutos procedentes de la pensión, a la que le habían retenido 354 euros en concepto del IRPF, con lo cual, la cantidad líquida a percibir quedaba reducida a 11.446 euros al año.
Con esta cifra, el pensionista indignado no tendría que pagar un euro más, ya que está muy lejos del mínimo exigido para declarar (creo que son unos 22.000 euros), pero como fue previsor y guardó en una caja de ahorros el dinero que le dieron cuando finalizó el contrato de trabajo en la empresa donde prestaba sus servicios, ha tenido que volver a pagar a la hacienda española la nada desdeñable cantidad de 600 euros, todo porque el buen hombre no se “pulió” la pasta el mismo día que se la dieron y ésta le ha generado unos intereses de 1.800 euros, de los que hacienda ya ha recibido el 19%, o sea, otros 342 euros más, con lo que sumando los ingresos brutos resulta la cantidad de 13.600 y la de los pagos un total de 1.296 euros. Si realizamos una sencilla regla de tres, el indignado pensionista ha pagado a la hacienda española la módica cifra del 9.52%. ¡Repugnante!
Que un ciudadano, con una irrisoria pensión de 817 euros al mes, tenga que pagar a los parásitos del gobierno 1.296 euros por la liquidación de su declaración de la renta, es una verdadera desvergüenza, cuando a los ricos les han bajado el tipo impositivo más de tres puntos, y cuando los asquerosamente ricos sólo pagan un 1%.

Entrar a debatir si hay que volver a subir los impuestos o no es una nueva estafa política, cuando lo que se debiera imponer es un estricto control sobre las economías sumergidas y un impuesto decente para los bancos y las grandes fortunas, que en definitiva, son los que nos han metido en esta ruina económica. Basta ya de gravar con más impuestos a los débiles, a los acorralados -los “desgraciados” que cobran con una nómina-, basta de subir el IVA que no afecta por igual a unos que otros, basta ya de tantos paños calientes con algunos y tanto latrocinio con otros. Hacer cargar a la clase trabajadora con el peso de la economía de todo un país es, siendo bastante considerado al decirlo, una gran cabronada. A los hechos me remito señores del PPSOE.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Solidaridad con la Enseñanza Pública



En estos tiempos difíciles que nos ha tocado vivir, nada, que merezca la pena, va a quedarse al margen de la especulación y el intento de desprestigio. Así, el comunismo, la solidaridad, la utopía, la igualdad, la búsqueda de valores, han pasado de ser, una meta legítima y apetecible en el siglo pasado, a convertirse en una antigualla romántica que el tiempo ha desfasado. Pero lo que en verdad les afecta no es el paso del tiempo, ni la desaparición de los desequilibrios que los hacía viables, lo que les daña no es más que la monotonía falsa de las repeticiones, porque, hasta una mentira, después de publicarla multitud de veces, adquiere tintes de verosimilitud y consiguen que una auténtica verdad, quede relegada, por innecesaria, cuando no, por inservible.
En esta cascada de barbaridades -en la que nos tienen emboscados las fuerzas antisociales de todo el mundo, con la estrecha colaboración interesada de los partidos de la Internacional Socialista-, uno ya no sabe por dónde tirar sin recibir un estacazo. Nos hicieron creer que el comunismo, por viejo -a pesar de que es más reciente que el capitalismo-, no tiene razón de ser. Había que ser moderno, ultraliberal, socialdemócrata, o tal vez, sólo “progre”, tratando de ocultar, que se mantienen aún en el mundo las mismas injusticias y razones que cuando éste apareció, para acabar con tantas desigualdades.

Con la caída del muro de Berlín, no fueron sólo piedras las que desaparecieron: con él, otras muchas cosas cayeron. La última década del siglo XX y principios del XXI se ha caracterizado, por la eliminación de un estado del bienestar que, para su consecución –sobre todo, en Europa-, tanto esfuerzo y sangre necesitó. Como una sombra implacable, en pocos años, esta fuerza destructiva ha desmantelado lo que tanto costó crear. Volvemos a la Edad Media, sólo es cuestión de tiempo. Pronto, los inmigrantes sobrarán porque habrá ciudadanos del mismo país que realizarán sus trabajos por una cantidad inferior, resultado final de habérselos adjudicados en una esperpéntica subasta laboral, en la que el trabajador que más bajo puje, será el que se lo quede.
Lo público estará perseguido: no hay algo que más le aterre al capital que el servicio social y generalizado para todos los ciudadanos. Así, la sanidad pública será desmantelada y transferida a la privada, porque es allí donde ellos tienen invertidos sus euros. Igual está sucediendo con el transporte, las empresas públicas, el funcionariado, pero lo peor es que ahora le ha llegado el turno del descrédito y los recortes a la escuela pública, intentando de esa manera que ésta no le haga competencia a la de los curas, cortándoles las alas a los hijos de los trabajadores, para que éstos no desarrollen el entendimiento y no se codeen, en la universidad, con los de la clase privilegiada.

Así, esta semana, ha comenzado la campaña de acoso y derribo contra los profesores de ésta enseñanza, artífices y responsables del adelanto educacional de las capas populares, a pesar de todos los obstáculos que les han puesto en su camino, no sólo las distintas administraciones, sino también, la incomprensión y escasa colaboración de un pequeño sector de padres. Al profesor se le ha perdido el respeto, se le ha quitado la autoridad –en un estúpido juego de progresismo descolocado-, se le paga mal y, para colmo, le han colgado el sambenito de que no trabaja. La señora Aguirre -y otras Comunidades Autónomas gobernadas por el PP, acogiéndose a la la falsedad que ellos se han encargado de difundir-, ha tomado la iniciativa de aumentarles dos horas lectivas más a la semana, tratando de justificar lo que no tiene justificación: el despido, o lo que es lo mismo, la no contratación en la Comunidad de Madrid de más de 3.300 interinos – serán aproximadamente unos 13.000 en todo el país-, y la sobre carga de trabajo a los que tienen la plaza fija. Imponerles dos horas más supone, no sólo dejar a un buen puñado de profesores en el paro, sino que además aumenta el trabajo extra que por norma realizan fuera del horario reglamentario: son sesenta niños más a los que hay que dar clases, preparar el contenido de las mismas, atender a los alumnos individualmente, recibir a los padres, confeccionar los exámenes, corregirlos, etc., con lo cual, las dos dichosas horas que la presidenta y su consejera repiten, se van a bastante más, además -y esto hay que repetirlo hasta el cansancio-, fuera del horario establecido.

Quiero romper una lanza a favor del profesorado español -porque se lo merece y lo necesita-, que trabaja mal pagado –la policía nacional y municipal, bomberos, sin ninguna titulación universitaria, cobran un sueldo más alto que ellos-, sin medios, desprotegidos y desmotivados, y para que no se oigan sólo los datos parciales y manipulados que dan los interesados en acabar con este tipo de enseñanza, a continuación doy a conocer los reales y verdaderos, y el que no lo crea, puede acudir a la Consejería de Educación, o cualquier otra Delegación de su ciudad y comprobarlo. Estos son.

Horas a la semana:

Lectivas................................................18
De guardia.............................................3

Tutoría...................................................1
Atención individualizada al alumno.......1
Atención a los padres.............................1
Reunión tutorías....................................1

Esto suma un total de 25 horas a la semana, a las que hay que añadir la media hora del recreo que, aunque no cuentan como trabajadas, es obligatorio estar allí, lo que da 2.5 horas más, a las que hay que sumar las horas que se le dedican al Claustro, la Reunión del Equipo Educacional (ésta mensual), las dedicadas a la preparación de las clases, también las dedicadas a confeccionar los exámenes que han de realizar los alumnos, así como las correspondientes al repaso y evaluación de éstos últimos, que, por si se desconoce, diré que se hace fuera del horario escolar. ¿Alguien sabe de alguna profesión que se lleve tanto trabajo a casa?
Me parece que es de justicia que se conozca cuánto y cómo trabaja el profesor de la enseñanza pública, puesto que la mayoría de la población ignora en qué ocupa el tiempo cuando no está dando clases. Y es que, como la mayoría de las profesiones delicadas –y no olvidemos que esta es una de ella-, necesita dedicación, atención y tiempo, cosa que ahora le quieren quitar para que este tipo de enseñaza no ponga en peligro la privada. Cuidado con las mentiras, porque, al igual que las que han dicho contra el comunismo, podemos terminar creyéndolas y llegar a pensar que, comunismo y consumismo, son la misma cosa, por eso del sonido vocal, igual que sucede con lo público y lo privado, que de tanta reiteración podemos creer que dan el mismo resultado.

Mi gratitud a la Enseñanza Pública y a sus trabajadores , sin su labor en mi formación, y sobre todo, en el espíritu exigente y reflexivo que me infundieron, no habría tenido capacidad suficiente para contradecir a los especuladores de las ideas, a los enemigos de las palabras, a los privilegiados de siempre que ven la oportunidad comercial hasta en lo más sagrado. ¡Ellos sí que están desfasados y caducos! ¡Ellos si que están necesitados de que se les derribe!

martes, 6 de septiembre de 2011

¡Indignaos!, de Stéphane Hessel









“¡Indignaos! Hoy se trata de no sucumbir bajo el huracán destructor del consumismo voraz y de la distracción mediática mientras nos aplican los recortes. ¡Indignaos! Sin violencia. Como cantara Raimon contra la dictadura: Digamos NO. Actuad. Para empezar, ¡Indignaos!”

José Luis Sampedro



Hasta hace unos días no he leído la publicación –por respeto a los que sí lo son, no puedo llamarlo libro-, “¡Indignaos!”, de Stéphane Hessel, del que sólo se salva el magnífico prólogo que, José Luis Sanpedro, ha escrito para su lanzamiento en nuestro país. Las cuarenta y tantas páginas que componen esta obra mediocre, donde el autor se repite hasta la saciedad -en cada uno de los esforzados mini capítulos de que consta-, con las “gloriosas hazañas” realizadas hace más de setenta años, tocando, sólo muy de paso, las razones evidentes por las que cientos de miles de personas están indignadas en el mundo.

Para mí –siento discrepar con el 99% de lectores que la suben a los altares-, no es más que una obra menor, el típico librito de andar por casa y prestar a los amiguetes, donde se relatan las batallitas que los abuelos suelen contar a los nietos, para que éstos se queden quietecitos y no alboroten. No consigo entender qué tiene que ver la Resistencia francesa contra los nazis -unos acontecimientos evidentes y palpables-, con la situación social actual, donde la ocultación y los oscuros mensajes subliminales están al orden del día. Leído objetivamente, lo que escribe, no resiste un análisis histórico comparativo, y mucho menos, uno sociológico, con lo que me sorprende que dicho escrito sea capaz de indignar a alguien, a no ser que de antemano ya estuviesen bastante cabreados.

Pero hay algo que me choca aún más, y es la insistencia que hace de la “no violencia”, del pacifismo -cuestión esencial que no discuto y defiendo-, consejo que habría que dirigir, concretamente, hacia los poderes gobernantes, también a sus elementos represores –ejército y policía-, que son, al final, los que hacen uso de ella. Tenemos cercanos los ejemplos de Siria, Libia, Palestina, El Sahara, y, por qué no citarlo, el caso de España, donde la policía ha cargado de manera ilógica contra grupos de personas que ejercían su derecho a manifestarse. Pero habría que preguntarle también al Sr. Hessel ¿qué hubiera sido de la Francia ocupada de no haberse empleado las mismas armas que el invasor, y por qué motivo se decidió el enfrentamiento armado en lugar del diálogo y el pacifismo? Lo mismo ocurrió en Vietnam, hace poco, en Irak, y de aquí a nada, en Afganistán. ¿Cree el Sr. Hessel, que con pacifismo, amor y mucho dialogar, los enemigos de la paz, los liquidadores del pensamiento y la palabra, hubiesen desistido de sus deseos invasores? Pocos movimientos sociales conozco –por no decir ninguno- que no se caractericen por proponer sus ideas pacíficamente. Son los gobiernos, y determinados agentes desestabilizadores en sus cuerpos militares y policiales, los que desconocen qué es ese invento de la no violencia, si no, échese una mirada en este país al sector policial afiliado a la “Unión Federal de Policías”, oír sus declaraciones en las emisoras afines al franquismo, y verlos actuar contras los pacíficos manifestantes del 15-M, dan –por qué no reconocerlo-, escalofríos. Además de todas estas razones por las que no me convence esta publicación, está la de que su autor es un declarado admirador de Rodríguez Zapatero, algo que lo deslegitima, y es que hay amores que matan.


Resumiendo: He tardado un poco en leer el mensaje de Stéphane Hessel, y en verdad, debo reconocer que no me he perdido gran cosa, a riesgo de ser sacrílego. ¡Rectifico! Algo grande se encuentra entre sus páginas, al principio: el maravilloso y juvenil prólogo de José Luis Sanpedro (dos páginas y media). ¡Soberbio! Ese si que es un mensaje, dinamizador y didáctico, que llega a las conciencias de quien los lee, esencial para transmitir inquietud entre las personas indolentes que aún no están indignadas. Por su valor movilizador humano, debería estar clavado con una chincheta, en el cabecero de nuestra cama. Yo, por si alguien lo quiere leer, lo reproduzco aquí en mi Rincón diario.




Prólogo


"Yo también nací en 1917. Yo también estoy indignado. También viví una guerra. También soporté una dictadura. Al igual que a Stéphane Hessel, me escandaliza e indigna la situación de Palestina y la bárbara invasión de Irak. Podría aportar más detalles, pero la edad y la época bastan para mostrar que nuestras vivencias han sucedido en el mismo mundo. Hablamos en la misma onda. Comparto sus ideas y me hace feliz poder presentar en España el llamamiento de este brillante héroe de la Resistencia francesa, posteriormente diplomático en activo en muchas misiones de interés, siempre a favor de la paz y la justicia.

¡INDIGNAOS! Un grito, un toque de clarín que interrumpe el tráfico callejero y obliga a levantar la vista a los reunidos en la plaza. Como la sirena que anunciaba la cercanía de aquellos bombarderos: una alerta para no bajar la guardia.

Al principio sorprende. ¿Qué pasa? ¿De qué nos alertan? El mundo gira como cada día. Vivimos en democracia, en el estado de bienestar de nuestra maravillosa civilización occidental. Aquí no hay guerra, no hay ocupación. Esto es Europa, cuna de culturas. Sí, ése es el escenario y su decorado. Pero ¿de verdad estamos en una democracia? ¿De verdad bajo ese nombre gobiernan los pueblos de muchos países? ¿O hace tiempo que se ha evolucionado de otro modo?

Actualmente en Europa y fuera de ella, los financieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salvado ya el bache y prosiguen su vida como siempre sin grandes pérdidas. En cambio, sus víctimas no han recuperado el trabajo ni su nivel de ingresos. El autor de este libro recuerda cómo los primeros programas económicos de Francia después de la segunda guerra mundial incluían la nacionalización de la banca, aunque después, en épocas de bonanza, se fue rectificando. En cambio ahora, la culpabilidad del sector financiero en esta gran crisis no sólo no ha conducido a ello; ni siquiera se ha planteado la supresión de mecanismos y operaciones de alto riesgo. No se eliminan los paraísos fiscales ni se acometen reformas importantes del sistema. Los financieros apenas han soportado las consecuencias de sus desafueros. Es decir, el dinero y sus dueños tienen más poder que los gobiernos. Como dice Hessel, “el poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos, y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general”

¡INDIGNAOS!, les dice Hessel a los jóvenes, porque de la indignación nace la voluntad de compromiso con la historia. De la indignación nació la Resistencia contra el nazismo y de la indignación tiene que salir hoy la resistencia contra la dictadura de los mercados. Debemos resistirnos a que la carrera por el dinero domine nuestras vidas. Hessel reconoce que para un joven de su época indignarse y resistirse fue más claro, aunque no más fácil, porque la invasión del país por tropas fascistas es más evidente que la dictadura del entramado financiero internacional. El nazismo fue vencido por la indignación de muchos, pero el peligro totalitario en sus múltiples variantes no ha desaparecido. Ni en aspectos tan burdos como los campos de concentración (Guantánamo, Abu Gharaib), muros, vallas, ataques preventivos y “lucha contra el terrorismo” en lugares geoestratégicos, ni en otros mucho más sofisticados y tecnificados como la mal llamada globalización financiera.


¡INDIGNAOS!, repite Hessel a los jóvenes. Les recuerda los logros de la segunda mitad del siglo XX en el terreno de los derechos humanos, la implantación de la Seguridad Social, los avances del estado de bienestar, al tiempo que les señala los actuales retrocesos. Los brutales atentados del 11-S en Nueva York y las desastrosas acciones emprendidas por Estados Unidos como respuesta a los mismos, están marcando el camino inverso. Un camino que en la primera década de este siglo XXI se está recorriendo a una velocidad alarmante. De ahí la alerta de Hessel a los jóvenes. Con su grito les está diciendo: “Chicos, cuidado, hemos luchado por conseguir lo que tenéis, ahora os toca a vosotros defenderlo, mantenerlo y mejorarlo; no permitáis que os lo arrebaten”.

¡INDIGNAOS! Luchad, para salvar los logros democráticos basados en valores éticos, de justicia y libertad prometidos tras la dolorosa lección de la segunda guerra mundial. Para distinguir entre opinión pública y opinión mediática, para no sucumbir al engaño propagandístico. “Los medios de comunicación están en manos de la gente pudiente”, señala Hessel. Y yo añado: ¿quién es la gente pudiente? Los que se han apoderado de lo que es de todos. Y como es de todos, es nuestro derecho y nuestro deber recuperarlo al servicio de nuestra libertad.

No siempre es fácil saber quién manda en realidad, ni cómo defendernos del atropello. Ahora no se trata de empuñar las armas contra el invasor ni de hacer descarrilar un tren. El terrorismo no es la vía adecuada contra el totalitarismo actual, más sofisticado que el de los bombarderos nazis. Hoy se trata de no sucumbir bajo el huracán destructor del “siempre más”, del consumismo voraz y de la distracción mediática mientras nos aplican los recortes.

¡INDIGNAOS!, sin violencia. Hessel nos incita a la insurrección pacífica evocando figuras como Mandela o Martin Luther King. Yo añadiría el ejemplo de Gandhi, asesinado precisamente en 1948, año de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de cuya redacción fue partícipe el propio Hessel. Como cantara Raimon contra la dictadura: Digamos NO. Negaos. Actuad. Para empezar, ¡INDIGNAOS! "

lunes, 5 de septiembre de 2011

El veto de Gaspar Llamazares: La "faena" de un gran maestro


Vergara, como siempre, genial; nadie mejor que él sabe retratar la actitud de la derecha nacionalista catalana: oportunista y antisolidaria.



Hay políticos que, con el tiempo, les pasa como al buen vino, mejoran. Algo parecido le está ocurriendo a Gaspar Llamazares, excoordinador y diputado de Izquierda Unida, con el que no coincidí -políticamente, se sobreentiende- en la política que desarrolló durante los primeros cuatro años de coordinación de la citada coalición: su acercamiento a los ecosocialistas de Iniciativa per Catalunya, la tolerancia mantenida con Ezker Batua, consintiéndole coquetear con el nacionalismo de derecha, y lo más grave, el romance trasnochado con el PSOE y Zapatero. Pero una vez iniciada la segunda legislatura en 2008, el trabajo de Gaspar -muy al contrario de algunos miembros de la corriente que él lidera- ha ido convirtiéndose en un trabajo serio, efectivo, responsable, y productivo, aunque no haya llegado a calar entre los grandes sectores de la población, pero no cabe duda que en estos casi cuatro últimos años ha sabido ahondar en los retruécanos abismales de la oscura vida parlamentaria, el pase de pecho del pasado viernes en el Congreso, cuando se votaban las enmiendas de CIU, fue una "faena" de todo un maestro del arte de la política. Más tarde, en Twitter, aclararía, con una frase cercana al epitafio, la actitud que tomó: "Me fui en espíritu y dejé mi cuerpo para vetar las transacciones". Nada mejor explicado en menos palabras.
Llamazares debe seguir teniendo un puesto de diputado por IU, máxime ahora que él lo desea. Es un político con el que podremos haber estado en desacuerdo en bastantes ocasiones -¡con quién no!-, pero lo que no se puede dejar de reconocer es que es un político -y un hombre- honrado, y eso, en estos tiempos que corren, ya es bastante.

Sr. Llamazares, el viernes, mientras le veía sentado en la tribuna del Parlamento, solo, rodeado de las peores fieras neoliberales, mi respeto y admiración por su persona subieron bastantes enteros. Usted supo dar -con su veto- una gran lección de sabiduría parlamentaria, destapando así, el trapicheo antidemocrático con el que trafican en este país las fuerzas de la derecha, y cuando hablo de derecha, incluyo también a la más peligrosa de todas, el PSOE.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Se hunde "El Vaporcito" en el puerto de Cádiz


Es lo que queda del barco después del hundimiento



El pasado martes, sobre las 18´15 de la tarde, el Vaporcito del Puerto de Santa María se ha hundido, al sufrir una colisión con uno de los espigones centrales del puerto de Cádiz.
El Adriano III (que así se llamaba la entrañable embarcación) es la tercera nave que hacía este recorrido, la cual prestaba sus servicios desde 1982.

La historia del Vaporcito se remonta al año 1929 cuando, después de estar prestando sus servicios en la ría del Ferrol, Sevilla le ofreció a su propietario, Antonio Frenández Fernández –con motivo de la Exposición Iberoamericana-, que se trasladara desde la Coruña al Guadalquivir, para realizar el transporte de pasajeros entre Sanlúcar de Barrameda y Sevilla, ofrecimiento que aceptó, haciéndolo con una embarcación a vapor, la "Adriano I". Una vez finalizada esta función, el Vaporcito pasó al Puerto de Santa María, cruzando la bahía con los pasajeros que se trasladaban a Cádiz, y viceversa, así, hasta 1932 en el que una explosión en la caldera de éste, hizo que tuviera que sustituirlo el "AdrianoII", éste ya con motor de explosión, que se mantuvo en funcionamiento hasta el 1982, año en que fue sustituido por el útimo de la saga, el "Adriano III", que la fatídica tarde del martes finalizara su travesía de una manera tan infortunada. En 1999 fue declarado, por la Junta de Andalucía, como Bien Material de Interés Cultural.

Con le hundimiento del Vaporcito, no sólo se pierde un símbolo emblemático de la Bahía de Cádiz, se ha ido al fondo de las aguas, una parte de la historia de Andalucía y los recuerdos de miles de ciudadanos. Afortunadamente, el pasado mes de octubre –no hace todavía un año- tuve la suerte –después de 47 desde la última vez que lo utilicé- de repetir tan delicioso paseo, el primero, cunado tenía sólo 10 años, en el "Adriano II", y el segundo, en septiembre de 2010, en el que se ha hundido. En esta ocasión he de agradecer a los dioses que me incitaran a realizar este viaje en el tiempo.

Alguien debe reponer esta pérdida. El Vaporcito pertenecía a toda la colectividad, aunque tuviese un propietario, por tal motivo, o se recupera y se repara la que está hundida, o se la sustituye por otra nave de parecidas características en el menor tiempo posible para que los ciudadanos puedan disfrutar de tan apetecible y ameno paseo por la encantadora bahía de Cádiz
.
Confiemos en la agilidad de nuestros mandatarios.











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