Por si fuese poco lo que significan sus presencias, de vez en cuando nos recuerdan por quién estamos obligados a luchar.
Por si fuese poco lo que significan sus presencias, de vez en cuando nos recuerdan por quién estamos obligados a luchar.
"Si alguna vez la vida te maltrata, acuérdate de mí, que no puede cansarse de esperar aquel que no se cansa de mirarte".
Luis García Montero
Como el cuerpo de un hombre derrotado en la nieve,
con ese mismo invierno que hiela las canciones
cuando la tarde cae en la radio de un coche,
como los telegramas, como la voz herida
que cruza los teléfonos nocturnos
igual que un faro cruza
por la melancolía de las barcas en tierra,
como las dudas y las certidumbres,
como mi silueta en la ventana,
así duele una noche,
con ese mismo invierno de cuando tú me faltas,
con esa misma nieve que me ha dejado en blanco,
pues todo se me olvida
si tengo que aprender a recordarte.
Luis García Montero
De "Completamente viernes",Tusquets Editores, 1998
También, en el libro recopilatorio "Almudena", de Valparaíso Ediciones, 2015
Hermosa fotografía de 1896, que nos muestra una interesante vista de la Alameda de Hércules, mandada a construir por el Conde de Barajas en 1574 sobre un pantanal que quedaba en la zona del antiguo y desecado brazo del Guadalquivir que cruzaba el centro de la ciudad.
En primer plano tenemos las columnas procedentes del templo que había en la actual calle Mármoles, en las que cobija sobre sus capiteles a los dos fundadores de la ciudad de Sevilla, uno (el de nuestra izquierda) el fundador mítico, Hércules, que pasó por estas tierras cuando se encaminaba a cumplir su décimo trabajo: robar los toros del también mítico rey de Tartesos Gerión. El otro (el de la derecha), el fundador histórico, Julio César, quien amó y benefició gentilmente a esta ciudad que nunca ha sabido estar al lado de sus verdaderos benefactores.
Al fondo se deja ver la Torre de los Perdigones y entre la citada torre y las columnas una serie de "puestos de agua" con sus respectivas terrazas, donde poder descansar y refrescarse después del relajante paseo.
Como pueden apreciar, no tiene nada que ver con la Alameda actual, a la que el Ayuntamiento, con una desafortunada reforma, la ha convertido en un remedo de la que disfrutaron nuestros padres.
Esta otra es similar pero ya con más ambiente.
Emotiva -para mí- fotografía de 1970 de la calle Procurador, lugar donde transcurió parte de mi niñez -justo en la casa que tiene a la izquierda el autor de la instantánea-, en la que correteábamos rodando un aro, jugando al trompo, a las canícas o a la lima, mientras dejábamos transcurrir los días hasta que las aguas del Guadalquivir desbordado volvían a tornar a su cauce.
Niñez perimetrada por la parcela comprendida por las calles Procurador, parte de Alfarería, trocito de Castilla entre Chapina y la iglesia de la "O", y mientras no hubiera vacaciones, el colegio José María Izquierdo, ese era el reino que nos tenían permitido las madres cuando andábamos sueltos por la calle.
¡Qué lejano queda ya esa niñez, pero qué claros y continuados acuden ahora a mi memoria estos recuerdo!
Comentaba hace unos días con una vieja amiga (no de años, de amistad bloguera), que cuando se llega a una edad son tantos los recuerdos que acumulamos en nuestro interior que al menor descuidos estamos montados en la mágica máquina del pasado. Pues esto es lo que me ha sucedido hoy al ver esta fotografía de los 70 (década en la que ya había "emigrado" del barrio, como otros muchos que se vieron forzado a lo mismo), ha sido la excusa justa para poner en marcha el proyector con la película que guarda las imágenes de mis recuerdos.
Fotografía de 1915, en la que el pintor sevillano Gonzalo Bilbao posa con las cigarreras de la Fábrica de Tabacos que le sirvieron de modelo para su cuadro costumbrista "Las cigarreras", que se expone en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
"Las cigarreras", hermoso lienzo del pintor sevillano Gonzalo Bilbao inspirado en el cuadro "Las hilanderas" del también pintor sevillano Velázquez.
Obra de José Sáez y López, fue construido en estilo neomudéjar en 1916 en la confluencia de las actuales avenida Ramón y Cajal y la Ronda del Tamarguillo.

Dos fotografias de la Exposión Universal de París de 1900, que nos muestran una reproducción de la Giralda de Sevilla que alcanzaba (los medios informantes no se ponen de acuerdo) los 65 metros de altura. Es una de las muchas copias que se realizaron en el siglo XX de la afamada torre sevillana.
Subir a la sierra de Aracena siempre ha sido un placer para mí, pero en esta fecha se redobla el encanto. Pasear por sus bosques centenarios de castaños a la búsqueda de las esquivas setas que crecen alrededor de ellos, es todo un placer que nos pone al alcance de la mano nuestra Madre Natura.
Y después, cuando la mañana ha avanzado y el cuerpo pide nuevas satisfacciones, dirigirse a uno de los Mostos de la zona a cumplimentar las relaciones sociales con los amigos de siempre, y, acompañados de un buen vaso del líquido elemento, maridado con algún boletus o amanita caesárea a la plancha, dejar que transcurra el tiempo entre conversaciones triviales. Esto es estabilidad, esto es plenitud, confundirte con la naturaleza y sentirte parte de ella.
Idílica fotografía de 1956 de la plaza de Doña Elvira, cuando todavía pertenecía a los sevillanos. Pasear por el barrio de Santa Cruz, alrededores de la Catedral, Triana, Macarena, etc., se está conviertiendo en un ejercicio harto dificultoso, y donde corres el riesgo de llegar a sufrir el "síndrome del turista" en tu propia ciudad. Se están equivocando, el turismo no es la solución, Sevilla -como el resto de Andalucía- lo que necesita son fábricas que garanticen puestos de trabajos dignos y estables. ¡Ojalá llegue un alcalde con dos dedos de frente que ponga coto a tanto "parque temático"!
“La gente dice que deberíamos dejar un mejor planeta para nuestros hijos. La verdad es que deberíamos dejar unos hijos mejores para nuestro planeta”.
LA OTRA BOCA
Por un momento
cerramos los ojos...
Se abrieron
las bocas
y escogieron
lo más dulce
del momento:
¡La otra boca!
(De "Plenitud", 1973, edición no venal)
Evocadora fotografía de la calle Betis en 1880, casi sin urbanizar, mostrándonos la abundancia de barcos, y las necesarias acémilas y carruajes para el transporte de los materiales que depositaban éstos en la orilla, hoy colapsada de mesas y sillas de bares.
La música es capaz de unir dos continentes, ya lo hicieron las "canciones de ida y vuelta", y ahora lo hacen estos otros reviviendo esta hermosa tradición que afortunadamente no se ha perdido.
Irreconocible calle Reyes Católicos en el año 1880, vista desde la entrada del puente de Triana. Se puede apreciar que está terriza y bastante concurrida de viandantes y carruajes, con la mole de la iglesia de la Magdalena al fondo. La siguiente imagen es una ampliación de la primera.
“Para conocer a los hombres hay que observarlos en sus acciones. En el mundo los oímos hablar, hacen gala de sus discursos y ocultan sus acciones, pero las desvela la historia y los juzgamos por los hechos. Hasta sus palabras sirven para valorarlos, ya que, comparando lo que dicen con lo que hacen, nos percatamos de lo que son y de lo que quieren parecer; cuanto más disimulan mejor los conocemos”.
De “Emilio o de La Educación”.