
Cuando los acontecimientos desfavorables se suceden imparables, pegas un parche y el flotador pierde aire por otro lugar, pones un circo y te crecen los enanos, la única solución que te queda para intentar no hundirte más en el fango que solo tú has creado, es echar mano de las improvisaciones, en un intento sobrehumano, para que la larga noche que le abruma, termine de una vez, y, al fin, el sol inunde su mandato.
Zapatero ha legislado últimamente sin recurrir al consejo de nadie, en plan líder, y en actitud desesperada. Es un dirigente falto de recursos estratégicos, lento en sus reacciones (el talante con el que iba a gobernar, hoy se nos descubre como un disfraz para ocultar su incapacidad), mentiroso (de los dos años de crisis, el primero se lo pasó negando que la hubiera, el segundo, asegurando que ya se ha terminado), y autista (ayer, en el parlamento, dijo que la economía "no estaba hoy peor que hace seis meses"; ¡que se lo cuente a lo 500.000 desempleados más que hay desde entonces!) Estos son todos los ingredientes necesarios para que nada te salga bien; además, las decisiones que se tomen en la vida, en primer lugar, ha de creérselas uno mismo, si no están condenadas al fracaso. Y es lo que le está ocurriendo al presidente, que está más pendiente de las encuestas que de la idoneidad del producto.
Cuando a Ignaitus le contrariaban los acontecimientos, se le cerraba –de golpe- la válvula y se convertía en una persona irascible; igual le sucede a Zapatero, que acostumbrado a que los hados le hayan sido, hasta que surgió la crisis, favorables, ahora, ante las dificultades, se le ha cerrado el cerebro, y actúa, dándose porrazos, como gallina sin cabeza. España no necesita una nueva remodelación de gobierno, como algunos barones deslizan, para prolongar la agonía del enfermo; lo que el país requiere es un cambio en la manera de hacer política y políticos eficaces que puedan realizarlo. Y, me temo, que los del PP no son los más adecuados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario