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viernes, 12 de febrero de 2010

La influencia de los medios de comunicación sobre las masas

En un soberbio artículo publicado en elmercuriodigital.es, el profesor-investigador en el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (México), Miguel Angel Sánchez de Armas, titulado "Medios y sociedad: una reflexión preelectoral", analiza, partiendo de un estudio publicado en 1922 por Walter Lippmann, la inportancia de los medios de comunicación a la hora de cear opinión en las sociedades, y de como éstos, generalmente, siempre están al servicio de los poderes políticos que gobiernan. El profesor de Armas, asegura, que el objetivo de estos medios no es la verdad, sino convencer a la masa; pretenden orientar la opinión general, no informarla. Aclara que la buena propaganda no tiene por qué mentir, es más, no debe, y que el uso de la mentira en el mundo de la comunicación está hoy, desgraciadamente, muy extendida.
He aquí parte del artículo:



"En Opinión Pública, estudio aparecido en 1922, Walter Lippmann sostiene que cada individuo construye una realidad en la que se siente seguro, pues como especie somos criaturas no sólo de razón, sino de emociones, hábitos y prejuicios. A esto le llamó el pseudoambiente, que se construye a partir de informaciones y datos que se asimilan de otras personas, del cine, de los periódicos, de los libros y de obras diversas, para conformar un sistema de creencias y valores.
Así, sin un conocimiento personal de los acontecimientos, los integrantes de una audiencia contrastan las informaciones que les sirven los medios y asimilan aquellas que no entran en conflicto con los valores y creencias de su pseudoambiente.

Lippmann llegó a la conclusión de que la cultura impone estereotipos que los individuos asimilan puesto que dan seguridad en un mundo que de otra manera sería amenazante. Y de ahí dedujo que en lo que respecta al proceso de toma de decisiones, estos estereotipos determinan nuestro juicio del mundo, de tal suerte que las percepciones del ciudadano medio sobre los hechos que afectan a la sociedad pueden en realidad ser verdades a medias, y lo que este individuo cree datos duros no ser más que juicios que pasan por el tamiz de sus estereotipos y prejuicios, lo que explicaría que mientras que casi todos están dispuestos a aceptar que hay más de un punto de vista ante ciertos asuntos, casi nadie piensa que haya dos versiones de lo que él o ella asumen como la realidad.


Una de las funciones de los medios consiste en socializar a las audiencias para que acepten la legitimidad del sistema político y conducirlos a aceptar los valores sociales predominantes, dirigir sus opiniones para que no socaven sino que apoyen las metas oficiales de política interior y exterior, y disuadirlos de una participación activa en política mediante la persuasión de que ésta, la política, es el terreno de especialistas y líderes “comprometidos con el bien común”.

En este contexto, los medios operan cual correas transmisoras de los valores del establishment para profundizar la creencia compartida de que el sistema político es bueno para la sociedad y que las instituciones gobernantes y los funcionarios ocupan y ejercen correctamente el poder. La socialización política es el proceso por el cual los miembros de la sociedad adquieren normas, actitudes, valores y creencias políticas."


Continúa en artículo "Medios y sociedad: una reflexión preelectoral", en elmercuriodigital.es.


Las fosas de la democracia


Cuando aún no se ha terminado de abrir todas las fosas donde están sepúltados nuestros muertos del franquismo, la familia de Marta buscan, con más desesperación que eficacia, a su niña en la que es la primera fosa de la democracia. A esta Señora -doña Democracia- tendría que caérsele la cara de vergüenza -si la tuviera- al comprobar que, un año después de su tortura y asesinato, el cuerpo de esta joven sevillana sigue sin aparecer, los responsables de la investigación han fracasado en su intento de descubrirlo, y los culpables del asesinato, todos, menos Miguel, andan tránquilos por la calle.

A los extremos de imbecilidad que está llegado la "justicia" española -donde el único culpable de los desatinos que comete cualquier maleante, es la víctima, por haberse cruzado en el camino del delincuente, que ese día, mira por donde, tenía un mal momento-, nos trae al recuerdo la rocambolesca justicia que Kafka describía en su libro "El Proceso". Han pasado mas de treinta años de democracia y ya va siendo hora de que nos planteemos un cambio sustancial en nuestra justicia; habría que revisar las condenas, los años de éstas, la elección de los jueces, -más preocupados de su protagonismo y de ajustar cuentas por envidias (véase el último caso contra Garzón)-, y lo que es más polémico, debatir, sin complejos ni buenismos, ni actitudes políticamente correctas, la necesidad de implantar la cadena perpetua para determinados actos y los individuos que reincidan.

España debe dejar de ser el paraíso de la delincuencia mundial; algo falla en nuestra justicia cuando bandas de asesinos y mafiosos de todas partes, cruzan toda Europa y escogen nuestro territorio para sus actividades. Somos el país civilizado donde menos cuesta quitar una vida; todo es tener suerte con el juez que les toque y luego, una vez dictada sentencia, a ser "buenecitos", que en pocos años, antes de que la víctima se pudra, estarán en la calle.

Esta plaga terrorista, que sólo afecta a los sufridos españoles de a pie, hemos de ser nosotros, los ciudadanos, quienes la detengamos; los que hacen las leyes (políticos), los que las interpretan y aplican (jueces), no se ven condicionado por este miedo que a cualquiera de nosotros nos aterra; por ese motivo, a veces, se muestran comprensivos y hasta justifican con una sarta de desatinos sobre la incidencia familiar que, (más de uno de nosotros también hemos podido padecer y no vamos matando por ahí a nadie), alejan al poder legislativo y al judicial cada día más del sentimiento del pueblo.

Aquí, el que asesina, debe pagarlo. El que roba, también. Si lo que les motiva no es el razonamiento, ha de ser sustituido, en estos casos, entiéndase, por el miedo. Basta ya de producirnos lástima el maleante e indiferencia la víctima. Para guión de películas puede resultar atractivo y lacrimógeno, pero para la vida real, es una putada -perdón-. Si no que se lo pregunten a la familia de Marta del Castillo (buscando afanosamente a su niña en Caño Ronco) o la madre de Sandra Palo, viendo cómo "El Rafita" se pasea por la calle y sigue cometiendo actos delictivos. Ya es hora -después de más de treinta años de oportunidades para la reinserción social- de que debatamos la introducción de la cadena perpetua revisable. Lo propone alguien que no es sospechoso de intransigecia. Esto hay que tratar de pararlo, y si no es así, que se pudran en la cárcel, para que los demas podamos pasear tranquilamente por la calle.

jueves, 11 de febrero de 2010

La conjura de los necios

Los que hayan leído este fenomenal libro de John Kennedy Toole, las últimas declaraciones del presidente Zapatero, después de la trágica semana negra que lleva, nos recuerda a su protagonista, Ignatius J. Really, el cual afirmaba, categóricamente, que todo el mundo conspiraba contra él, en un intento maligno por destruirlo. La primera conclusión que saqué, mientras leía este delirante libro, es que reconocía alrededor de mí, y lo que era mucho más inquietante, en funciones de gestores del país, a muchos Ignatius, por lo que la desazón ensombreció, rápidamente, el placer que la lectura me estaba produciendo en ese momento.

Cuando los acontecimientos desfavorables se suceden imparables, pegas un parche y el flotador pierde aire por otro lugar, pones un circo y te crecen los enanos, la única solución que te queda para intentar no hundirte más en el fango que solo tú has creado, es echar mano de las improvisaciones, en un intento sobrehumano, para que la larga noche que le abruma, termine de una vez, y, al fin, el sol inunde su mandato.

Zapatero ha legislado últimamente sin recurrir al consejo de nadie, en plan líder, y en actitud desesperada. Es un dirigente falto de recursos estratégicos, lento en sus reacciones (el talante con el que iba a gobernar, hoy se nos descubre como un disfraz para ocultar su incapacidad), mentiroso (de los dos años de crisis, el primero se lo pasó negando que la hubiera, el segundo, asegurando que ya se ha terminado), y autista (ayer, en el parlamento, dijo que la economía "no estaba hoy peor que hace seis meses"; ¡que se lo cuente a lo 500.000 desempleados más que hay desde entonces!) Estos son todos los ingredientes necesarios para que nada te salga bien; además, las decisiones que se tomen en la vida, en primer lugar, ha de creérselas uno mismo, si no están condenadas al fracaso. Y es lo que le está ocurriendo al presidente, que está más pendiente de las encuestas que de la idoneidad del producto.

Cuando a Ignaitus le contrariaban los acontecimientos, se le cerraba –de golpe- la válvula y se convertía en una persona irascible; igual le sucede a Zapatero, que acostumbrado a que los hados le hayan sido, hasta que surgió la crisis, favorables, ahora, ante las dificultades, se le ha cerrado el cerebro, y actúa, dándose porrazos, como gallina sin cabeza. España no necesita una nueva remodelación de gobierno, como algunos barones deslizan, para prolongar la agonía del enfermo; lo que el país requiere es un cambio en la manera de hacer política y políticos eficaces que puedan realizarlo. Y, me temo, que los del PP no son los más adecuados.


miércoles, 10 de febrero de 2010

Los nuevos empleos


Cuando yo era niño, si alguien te preguntaba: "qué quieres ser de mayor", sin dudarlo un instante, respondías que médico, abogado, maestro, o cualquier otra profesión pareja a los estudios. Hoy, si le preguntas a cualquier chaval, también te contestará, sin dudarlo un minuto, que futbolista, político o tertuliano de programas freakis de televisión.
-¿Y por qué eliges estas “profesiones”?
- Está bien claro, abuelo; porque no hay que estudiar nada, tiene poco desempleo y da mucho dinero.

Ante lo evidente de la respuesta, a uno no le queda más remedio que callarse; analizado con sentido optimista, el niño no está del todo mal encaminado, aunque lo de futbolista, lo veo algo más complicado; no hay que romperse la cabeza con los libros pero no todo el que le da patadas a un balón llega a cobrar cientos de millones, que los hay que pasan verdaderas calamidades en las otras categorías inferiores.

La salida de político, no está nada mal, sobre todo para la mujer, por esa novedad de cubrir cuotas; sólo debes poseer un buen estómago para tragarte cada día la conciencia, tener pocos recursos ideológicos y oratorios, y, esta es bien importante, desterrar de tu boca el uso correcto del lenguaje; decir muchas veces sí (aunque hayas dicho lo contrario hace poco, no importa, eso imprime carácter), aplicar los “tacos” modernos (miembro/a; joven/a; albañil/a,etc.), pero cuidado, jamás se te ocurra lo contrario (poeta/o; persona/o; periodista/o, etc.) a riesgo de sufrir un aparatoso descarrilamiento en tu fulgurante carrera. También se necesita una buena dosis de mala leche para no tener escrúpulos con las medidas que elabores y con el dinero que “mangonees”, además, en esta maravillosa profesión, podemos “enchufarnos” parte de la familia. Esta última cualidad, como la de futbolista, has de traerla ya de fábrica, es difícil adquirirla con el tiempo, aunque el que la posee, sí la perfecciona con él.

Y la última, hijo, esa sí que es asequible; no como antes, que había que pasarse años en la facultad estudiando; total, para qué, para opinar y poner verde a la de enfrente, cualquiera sirve. Lo único malo que le encuentro es que si eres hombre, necesitas ser cornudo o un golfo para que te admitan, y si eres mujer, viuda de un conato de torero o cantante, querida de un respetable señor, prostituta reciclada, etc. Como salida profesional, la verdad, que no está mal. Aquí ni te exigen siquiera haber ido a la escuela, cuanto más borde, más impacto de audiencias; sólo se necesita darles carnaza tuya, cuanto más personal y sangrante, más asegurado tienes tu recorrido televisivo.

Los tiempos están cambiando; ¡qué digo!, rectifico: lleva mucho rato cambiado y algunos ni nos hemos dado cuenta. Vivimos en una sociedad donde el que no es práctico, corre el riesgo de desaparecer. No es más que la aplicación del ciclo evolutivo en las especies. O avanzas o mueres. Esta es la sociedad del poco esfuerzo, o ninguno, donde el clan de los “ ni-ni” (como ocurrió en la prehistoria con el cromañón sobre el neardental) se va imponiendo a un ritmo acelerado sin que encuentre grandes dificultades en su desarrollo; una sociedad precipitada donde prima la velocidad y la carencia de esfuerzo en la conquista de cualquier objetivo.

martes, 9 de febrero de 2010

¿Qué hacemos con los mayores de 50 años?



No hace mucho, la edad era un rango de prestigio social: hasta hace poco –yo lo he vivido cuando pequeño- la opinión y los consejos de las personas mayores eran de gran estima, pero el tiempo -¡ese acontecimiento inesquivable- ha convertido a ese legado de sabidurías en un apestado social al que todo el que puede evita. En casa pasan de sus consejos y los nietos, después de haberlos criados y enseñado lo poco que saben, hoy sólo se acuerdan de ellos cuando necesitan dinero; los empresarios, cuando su empleado se aproxima a los 50, ya están pensando en su relevo; los gobiernos, agobiados por tanta gente mayor, de momento, los ignora, confiados en que lleguen a meta cuantos menos mejor; los únicos que los saca a pasear, les dan comilonas, fiestorros, etc., son los Ayuntamientos, ya que son una buena reserva de votos, y por poco coste.

Tan larga introducción está justificada por la nueva filtración que el pasado viernes hizo el ejecutivo referente a la reforma del mercado de trabajo. En ella se prevé rebajar la indemnización por despido a 33 días por año trabajado (esto no es más que legalizar lo que los empresarios por su cuenta ya practicaban); incentivar la contratación de jóvenes, mujeres y víctimas de la violencia machista (¡fenomenal!) Pero, como de costumbre, se vuelven a olvidar del otro sector castigado por el desempleo: los mayores de 50 años, un importante grupo de ciudadanos que desde muy pequeños –recordémoslo, algunos empezaron a trabajar con 10 y 12 años- se integraron al esfuerzo laborioso de sacar a este país de la miseria en que vivía, y ser partícipes del bienestar que actualmente disfrutamos.

Ahora, cuando más lo necesitan, la sociedad que tanto le debe, le da la espalda y lo arrincona. Son estigmatizados que todos ignoran, confiados en que, gracias al vacío que se les hace, cualquier día, por encantamiento, desaparezcan. Para los gobernantes sólo son cifras insoportables que deben reducir como sea: alargando más años la fecha de jubilación, subiendo el periodo de cotización para tener derecho a ella (una manera de hacerla imposible debido a la escasez de empleo), etc., todo en un esfuerzo subliminal por quitarse de encima a una fuerza improductiva –contra su voluntad- que ya tienen, gracias a los muchos años cotizados, unos derechos adquiridos.

Se vuelve a equivocar Zapatero y sus ministros. No hay nada peor en la gobernabilidad que enrocarse una y otra vez en los mismos errores. Después de la lectura de las últimas cuatro encuestas publicadas, donde pierden la confianza de comunidades tan significativas como Andalucía, Extremadura, Castilla la Mancha y Cataluña; de sectores importantes como el de la juventud; en las que un 50% estaría dispuesto a salir a la calle si se reforma las pensiones como de manera sibilina han anunciado, dejan al actual ejecutivo muy tocado, con lo que seguir con estos desacieertos es allanar el camino para que la derecha pronto se apodere de la Moncloa. Afortunadamente, sólo el 33% cree que el PP solucione algo, con lo que el vacío electoral que les queda a los españoles es difícil de solucionar.

Dejar de nuevo en la estacada a los mayores de 50 años en la nueva reforma del trabajo, es una nueva injusticia social que califica, una vez más, al gobierno de Zapatero. Estos desempleados no se merecen el desafecto que se esgrime contra ellos, después de ser los responsables del bienestar que disfrutamos todos.

lunes, 8 de febrero de 2010

Las dificultades de ser independiente

En una sociedad como la española, donde casi toda la población está adscrita a algo (partido político, sindicato, asociación empresarial, hermandad, club de fútbol, etc.), encontrar elementos antisociales, como este que suscribe, que no se les ponga la carne de gallina al oír un himno, ni les lagrimeen los ojos ante banderas, ni tampoco les apriete un fuerte pellizco en el estómago oyendo encendidos discursos, etc., pasan a engrosar la lista del “homus raris” que los investigadores del mundo, afanosamente buscan, por todo el orbe.

En la actualidad, ser independiente y, lo que importa más, ejercer como tal, es una actividad harto peligroso para desarrollarla en esta sociedad de clanes en la que vivimos. Hoy, pasearse por la calle sin llevar enfundada la vestimenta de un equipo conlleva grandes riesgos que la mayoría de ciudadanos no están dispuestos a afrontar. Ser independiente, y, repito, ejercer, te expone a ser calificado por todo aquel que esgrime su carné, como si de una espada se tratase, de la manera más absurda. Los del PSOE te llamarán, santiguándose antes, para espantar el mal “vahío”, comunista; los de IU, troskista, anarquista o fascista, que estos, para intentar ofender, lo mismo les da uno que otro término; y los del PP, sociata o comunista, o lo que les venga en ganas en ese instante.

Ejercer de independiente te permite la libertad de no comulgar con ruedas de molinos; también la tranquilidad de poderte ir diariamente a la cama, sin el temor a levantarte a la mañana siguiente destituido; a votar a quien creas, o mejor, a quien te apetezca; a tirar, si te parece bien, la papeleta electoral al cesto y darte el gustazo, aunque sólo ese día, de cabrearles con tu abstención. Ejercer de independiente te embarca en un mundo de afiladas aristas, donde no tienes cabida, y en el que, para todo el mundo, eres sospechoso. Estar cerca de él produce urticaria moral, remordimientos personales, una sensación de malestar harto incómoda, a la que ninguna persona de bien se arriesga. Ir por libre en la vida levanta muchos recelos, sobre todo, en el mundo autodenominado de izquierdas: no hay nada más molesto para estos personajes, que tener a su lado a un individuo que ha logrado esquivar el marcaje partidista, y no haya muerto en el intento; lo normal era, que todo el que salía de la influencia de la secta, acabara perdiendo el norte y terminara “colgao”, pasota, futbolero, o apolítico (¡cómo odio este término tan poco descriptivo!), etc.

El “homus raris” es una especie en peligro de extinción; cada vez se cotiza más alto su cabeza. Es un trofeo singularemente deseado, envidiado, que enloquece a los coleccionistas; por ese motivo, es arriesgado mostrarse en las reuniones de las Asociaciones de Vecinos; en las asambleas de trabajo; en las reuniones “independientes” de colectivos ciudadanos. Toda aparición entraña gran peligro. Si no comulgas con algunas de las tendencia, estas destinado al fracaso, y lo que aun mucho peor, a ser cazado. Es complicada y fatigosa la vida de este espécimen, pero con el paso de los días, uno se va acostumbrando, las dificultades se transforman en rutina y, cuando vienes a darte cuenta, has cumplido 56 años, sano y salvo.





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