Federico García Lorca: "Vuelta de paseo"
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*VUELTA DE PASEO*
Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cab...
Esta imagen me retrotrae a tiempos vividos, cuando, ilusionado y contento, iba de la mano de mi padre a ver la "Cucaña". Recuerdo que escogíamos siempre el mismo lugar, sobre la barandilla del puente de Triana, algo más adelante de donde se tomó esta fotografía. Terminada ésta, bajábamos por la escalera de Tagua hacia la calle Betis, donde me compraba el correspondiente cartuchito de avellanas verdes que tanto nos gustaban a los chiquillos de la época.
A cierta edad -¡no sé qué nos pasa!-, cualquier motivo es una excusa para rellenar la almohada de las sensaciones con plumas evocadoras del pasado.
Subliminal esta pieza neobarroca, "Mi corazón está en las alturas", de Arvo Pärt: oigas lo que oigas de este compositor estonio no te pueda dejar indiferente. Buena música para combatir la aridez del verano y la agresividad que se ha instalado entre nosotros.
En memoria de nuestro valiente y buen maestro José María Pérez Orozco (catedrático de lengua española, con tesis doctoral en lingüística
andaluza, por si alguien comete el desliz de juzgarlo sólo por su presencia y su habla), un andaluz de pro, de los que deberían reencarnarse para que no se perdiera la identidad andaluza. Él defendió, como ningún político "andaluz" se ha atrevido jamás, nuestro vivo y maravilloso habla.
La “Soleá”, la “Seguiriya”, los "Tientos" y la “Toná”,
se pueden considerar de los palos más profundo del flamenco. Son cantes tristes de
soledad y desengaños, con los que el cantaor que los ejecutas trata de
expulsar de sus adentros aquellos sentimientos dañinos que le lastiman.
Si he de quedarme con uno de ellos –cosa harto difícil-
elegiría la “Soleá”, creo que en ella se recoge parte de las otras dos, y
el resultado de este compendio es la elaboración de uno de los palos más difíciles
y hermosos que el cante jondo haya podido dar. Su origen es Triana, allá por el siglo XIX, donde una cantaora llamada la Andonda la popularizó, extendiéndose rápidamente por el resto de Andalucía.
Nuestros "padres de la Patria", esos que dicen llevar a gala ser andaluz, aún "no han tenido tiempo" de incluir el Flamenco en los planes de estudios de los estudiantes andaluces, algo que les hubiese venido de maravillas a ellos, así no confundirían "el flamenquito" con el auténtico cante jondo. A buen entendedor, pocas palabras bastan: menos Swing y menos Jazz y más productos de nuestra tierra, máxime cuando está declarado por la UNESCO, desde el 16 de noviembre de 2010, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, ¿se habrán enterado de ello?.
"Tengo un querer y una pena. La pena quiere que viva; el querer quiere que muera".