Sígueme también en este otro blog:

martes, 23 de febrero de 2010

Más muertos civiles en Afganistán

Ayer, en Afganistán, los aviones de la fuerza que, supuestamente, están ahí para proteger a la población civil del peligro talibán, volvieron a matar a 27 civiles (una caravana de mujeres y niños) en un nuevo bombardeo desesperado, contra todo lo que se mueve en ese territorio y lleva el ropaje del país. ¡Y ya van por las doscientas, más que milicianos! El empecinamiento absurdo de EE.UU. –acompañado en su errática actitud por los países comparsas europeos- están llevando a que la intervención salvadora que ellos pretendían, se esté convirtiendo en una amenaza, aún mayor, contra el desgraciado pueblo civil afgano. No se puede admitir tanta improvisación, ni tanta ostentación militar contra un ejército que casi no tiene balas con que disparar, y que su única arma efectiva, contra las potencias invasoras, está basada en el conocimiento del terreno y en la paciencia, algo de lo que no carecen los pueblos pobres.

La dinámica que ha originado las modernas guerras actuales, con la acuñación, y bien pronto, aceptación, del nuevo término de “efectos colaterales”, donde engloban en él tanto un “error humano”, como una masacre salvaje en todas las reglas –casos recientes de Irak y Palestina-, están convirtiendo “las últimas empresas de salvamento”, en toda una sarta de despropósitos. Da risa ver en TV el despliegue militar terrestre y aéreo, contra unas milicias que sólo poseen piojos y hambre. El ridículo que causan las tropas de Obama, “el redentor”, y sus aliados de la OTAN, es para no tenerles ni temor ni respeto, a pesar de los muertos que van dejando por donde pasan.

La táctica que emplean de destrucción masiva y castigo máximo a la población, no es más que un intento desesperado en su dificultad de triunfo definitivo, para que las consecuencias sociales que producen tanta sangre y tanto arrasamiento, lleven a aceptar a los talibán “buenos”, o sea, a los mismos que gobernanban antes, a asumir el control del país nuevamente, pero permitiéndoles salir a ellos, los “salvadores occidentales”, lo menos tocado posible en el crédito. EE.UU. sabe, perfectamente, que allí no conseguirá nada, como le ocurrió en Vietnam y en Irak, y ahora trata desesperadamente de solucionar el contencioso afgano de la manera menos vergonzosa posible, y poder acudir al nuevo conflicto que tiene en mente (Corea, Irán) porque ellos, los USA, menos en casa, en cualquier sitio se encuentran bien, metiendo el dedo en el ojo del primero que se cruce en su camino; los lobbys judíos que controlan la fabricación de armas y la economía en ese país se lo exigen continuamente, y sus gobernantes no pueden quedarse quietos desoyendo a los que les han ayudado a acceder a ese puesto.
Europa, y en especial España, ha de replantearse sinceramente qué papel jugamos en ese país donde llevamos tanto tiempo metidos, con una gran inversión económica y la pérdida de vidas de compatriotas. Afganistán no tiene salida satisfactoria. La única vía medio acertada fue la que impulsó la Unión Soviética, antes de que EE.UU. dicidiera contrarrestar la situación estratégica que el territorio afgano representaba, preparando a un "salvador" Ben Laden, y promocionando a los fanáticos islamistas, para que les complicara la existencia en aquel país a los soviéticos. Lo que les ocurrió, de la misma manera que con Sadam Husein, es que el invento se volvió contra ellos, y, como ejemplo para los siguientes, hubo que darles un escamiento. Pero norteamerica siempre se olvida, que ellos pelean por el dominio mundial y la necesidad de hacer más dolares, mientras que el fundamentalista talibán lucha por algo que ellos desconocen: creencias.

lunes, 22 de febrero de 2010

Iglesia San Luis de los Franceses: Una joya del barroco sevillano.





La iglesia que vamos a visitar está situada en la actual calle de San Luis, antigua calle Real -vía elegida por los reyes para acceder a la ciudad, de ahí el nombre- en el barrio sevillano de la Macarena. Esta maravilla formaba parte del conjunto del noviciado que la Orden de los Jesuitas tenían establecido en ese lugar, y al que, años más tarde, decidieron añadirle una imponente capilla, llena de ostentación y lujo -como era política tradicional en la presentación de esta orden- aprovechando que era zona de paso obligado para las salidas y entradas de la corte en Sevilla.

Construida entre 1699 y 1730 por Leonardo de Figueroa, de estilo barroco, pero con gran influencia romana, reforzada con los toques cálidos de la arquitectura sevillana, por lo que hay quienes opinan que intervinieron otros autores. La primera impresión que te produce nada más verla desde la calle, es que vas encontrar un gran templo debido a las proporciones que esgrime desde fuera, pero nada más lejos de la realidad. Su bella fachada, compuesta de dos cuerpos, ofrece una perfecta ordenación de líneas clásicas, raras de observar en los edificios barrocos de la época, en la que se alternan la piedra y el ladrillo, con un gran desarrollo de ésta, tanto en altura como en anchura, y su división en cinco calles que parecen corresponder en el interior con cinco naves que correrían perpendiculares a la calle, lo que no es más que un engaño del barroco, pues una vez en el interior nos encontramos dentro de una iglesia reducida, con gran desarrollo vertical, que en nada se corresponde con el templo que anunciaba la fachada. Si alzamos algo más la vista, veremos dos hermosas torres que flanquean su frontis y, entre las dos, surge la airosa cúpula a la que se subordina la planta, de tipo circular, destacando cuatro pequeños brazos semicirculares, de clara influencia italiana.

Una vez que hemos accedido al interior nos encontramos dentro de una iglesia minúscula, con planta de cruz griega, aplicando las nuevas técnicas de iluminación natural empleadas en el siglo XVII, que te hace elevar la mirada hacia la magnífica cúpula, pintada con frescos de Lucas Valdés, con representaciones del Candelabro de los siete brazos, los Panes de la proposición, el Arca de la Alianza, etc. El retablo mayor está dedicado al titular de la iglesia, San Luis, rey de Francia, quizás en un intento de los jesuitas –que ya empezaban a tener problemas con la corona- por agradar al monarca español, representada en aquellos años por Felipe V, descendiente directo del rey francés. La efigie de este último está pintada en un lienzo en la parte superior de éste, y se le atribuye a Zurbarán, aunque hay investigadores que lo ponen en duda. El autor del retablo es Duque Cornejo, y es una vasta fantasía cobijada por un manto que pende de una corona, resultando todo él un bello conjunto.

El resto del espacio está ocupado por unas series de retablos, donde se puede visualizar un escogido programa iconográfico de exaltación a la Compañía de Jesús, pues allí encontraremos a San Francisco Javier, San Estanislao de Kostka, San Ignacio, etc. y donde se ve expresa claramente "el horror vacui", seña de identidad del arte en esta época. Algunas de las esculturas son de Duque Cornejo y las pinturas de Domingo Martínez.
La iglesia representa uno de los ejemplos más sobresalientes del barroco sevillano; una de las claves de este edificio es la innovación: un tipo de arquitectura y una planta única
en el arte sevillano.
El conjunto dejó de ser noviciado hace dos siglos y, desde entonces, hasta hace poco años ha sido hospicio hasta que pasó la iglesia a titularidad de la Diputación de Sevilla, y el resto del conjunto al Centro Andaluz de Teatro. Tenemos la suerte de contemplar la iglesia tal cual la veían los novicios hace trescientos años, gracias a que al estar fuera del culto durante bastante tiempo se ha salvado de las reformas que en otras se han realizado

Y, ahora,
pasemos al interior de ella y disfrutemos con su belleza.





domingo, 21 de febrero de 2010

El tiempo, querido enemigo

Pasamos nosotros, el tiempo, sin compasión, continúa sin detenerse a mirar si le seguimos o nos hemos quedados metidos en un socavón. El tiempo, ese compañero infiel que te traslada a mundos pretéritos, siempre triunfa sobre nuestras pretensiones, sobre nuestras vidas, y cuando necesitamos que nos transporte a lomo de su cabalgadura, para descender el terraplén que, poco a poco, día a día, hemos ido escalando, se niega a reconocernos y sigue, altivo, su camino. No hay quien lo detenga, el tiempo es concreto y definitivo.

Pero hay un elemento esencial que puede con él: es el recuerdo. Éste puede archivarse en el cerebro, en un objeto, también en un detalle, o bien en un libro. Es el único arma que poseemos contra su feroz crueldad . Hoy, que he querido revelarme contra su aplastante radicalidad, he recurrido a éste último elemento y me he trasladado, con la magia de sus páginas, a los años setenta. Esto es volver la mirada atrás en el camino que recorremos.

Selección de poemas del libro “Plenitud”, 1975: un pequeño racimo de propósitos.


...................

...Cuando creemos que
todo es suficiente y
nos damos cuenta,
que nada es nada.

...Y necesitas algo
dentro de ti que te falta.
Cierras los ojos,
alzas la mano
y te estremeces.

¡Quisieras
estar tan llena!

....................

Era de mañana
y me hallaba en el río.

¡Cómo me conmovía!

El agua reflejaba
mi imagen, hasta
la más íntima.

....................

La chimenea ardía.
La alcoba me olía
toda ella,
a invierno profundo,
a distancias...

...Y era tan raro:
¡debería oler a humo!

.....................

Llanto roto,
no vacío.

Llanto pasado,
no marchito.

Hombre solo,
no perdido.

Brazo quieto.
no herido.

........................

Vacía
que está mi casa.

Sin jardín,
sin puertas,
sin ventanas.

.......................

Por un momento
cerramos los ojos...

Se abrieron
las bocas
y escogieron
lo más dulce
del momento:

La otra boca.

.....................

Se nos posó un
pajarillo delante
y los dos
coincidimos en decir:

¡Oh, qué bello!

Y lo recogimos
a media.

.....................

...Y amarte
como se aman
el mar y la playa.

Una ola, un suspiro;
una ola, una mirada;
una ola, un abrazo;
una ola, un te quiero;
una ola,...
¡no sé
por qué sueño!

.....................


Todo es válido para luchar contra la severidad del tiempo; hagamos, pues, de nuestro compromiso una herramienta válida para conjurarlo. Y si le añadimos una canción, queda finiquitado el invento.



sábado, 20 de febrero de 2010

Deberes para el fin de semana





PARA LEER






Leopoldo Alas y Ureña, más conocido por “Clarín”, nacido en Zamora, el año 1852; con siete años se traslada la familia a Oviedo; muere en 1901. Clarín ha sido uno de los grandes intelectuales del siglo XIX; estudió en Madrid, donde cursó Filosofía y Letras, teniendo como profesor a Francisco Ginés de los Ríos. Fue un intelectual comprometido con las ideas progresistas que imperaba a finales de ese siglo. Al final de su vida, decepcionado por los acontecimientos políticos, sustituyó ese dinamismo histórico por una moral individual que reivindicaba la emancipación del hombre a través de la cultura, y defendía que el avance de la sociedad estaba ligada al progreso moral del hombre. De él leeremos el cuento “El gallo de Sócrates”, donde Clarín, a través de la ironía que le caracterizaba, parodia a la metafísica y critica a los seguidores ciegos que no utilizan la razón. El maestro trata de enseñarlos a razonar, y los alumnos, en lugar de aprehender la sabiduría, se convierten en todo lo contrario que el sabio pretendió. Buena lectura.






PARA OIR









Jethro Tull es el nombre de una banda británica de rok progresivo que mezclaron el folk británico, el blues, y el jazz, logrnado una música muy especial y característica, surgida en 1968 y que, durante la primera mitad de los 70, tuvieron una gran influencia. El nombre lo tomaron de un ingeniero agrónomo inglés que inventó una máquina sembradora sin ninguna relación con la música; su líder principal, Ian Anderson, de origen escocés, compuso la mayoría de las canciones, tocaba la flauta, la guitarra acústica y era la voz principal del grupo. Por la banda pasaron un sin fin de componenetes, lo que haría interminable la lista de todos ellos, además, siempre se comentó, que Ian tuvo madera de solista, y que el grupo, lo que hacía era acompañarlo. De su extensa discografía, yo me inclino porque oigamos el, para mí, mejor disco de todos: el "Thick as a Brick", grabado en el 1972, consistente en una sola canción, dividida en dos partes. El tema está compuesto a base de movimientos y motivos sin solución de continuidad que se repiten contínuamente y dan unidad al conjunto de la pieza. Es un larga sinfonía donde el quinteto logra redifinir lo entroncado que están todas las músicas cuando se hace bien, y nos deja un regusto a música barroca aderezada con el rok más progresivo que se escuchaba en aquel momento. Pónganse cómodo y no se pierdan una nota.











PARA VER




La película para esta semana,"Senderos de gloria" va a ser un poco más complicado localizarla, aunque siempre queda la posibilidad de bajarla de la red, merece la pena.

El director es Stanley Kubrick y se rodó en el año 1957, protagonizada por un joven -y extraordianrio en la interpretación- Kirk Douglas.

Maravillosa película antimilitarista, donde nos muestra una batalla de los franceses durante la I Guerra Mundial, donde el protagonismo de los despachos imparten órdenes lejanas a la realidad. La toma de una colina imposible que controlan los alemanes, hacen que el regimiento al que se le ha encargado regrese derrotado, por lo que el alto mando francés, decide tomar represalias contra sus soldados para dar ejemplo. A partir de ahí se produce un juicio donde deja al descubierto las limitaciones del ser humano en su empeño de soberbia. La justicia es lo de menos, lo que importa es el escarmienro. Todo un tratado de filosofía sobre lo que no debe ser el gobierno de las personas.

Impresionantes travelling por las trincheras, exelentes algunas de las imagenes y magistral final. Merece la pena el esfuerzo de buscarla; la mente lo agradecerá.







PARA EL ALMA


La ausencia es una forma del invierno

Como el cuerpo de un hombre derrotado en la nieve,
con ese mismo invierno que hiela las canciones
cuando la tarde cae en la radio de un coche,
como los telegramas, como la voz herida
que cruza los teléfonos nocturnos,
igual que un faro cruza
por la melancolía de las barcas en tierra,
como las dudas y las certidumbres,
como mi silueta en la ventana,
así duele una noche,
con ese mismo invierno de cuando tú me faltas,
con esa misma nieve que me ha dejado en blanco,
pues todo se me olvida
si tengo que aprender a recordarte.


Luis García Montero



viernes, 19 de febrero de 2010

Smash: Esta vez venimos a golpear





Nació el grupo Smash en Sevilla, en el año 1968, en la cantera de grandes músicos que, en aquellos años, surgían en Sevilla, al abrigo de la Glorieta de los Lotos, Parque de María Luisa, de tan buenos recuerdos para los enamorados de la música de aquellos tiempos.
Los componentes, al principio, fueron Julio Matito, voz solista y bajo (qué manera de tocarlo), y alma de la agrupación; Gualberto, líder musical, guitarra, sitar, clavicordio, tablas (fue de los primeros, junto a Ravi Shankar, en introducir el sitar en la música rock,); Antoñito, a la batería; Henrik, guitarra y violín. Luego se incorporaría, Manuel Molina, casi al final de su existencia, cuando optaron por introducir el experimento comercial del rock-andaluz, origen de la zaga de grupos que más tarde surgieron en este tipo de música.

Smash fue un grupo adelantado a su tiempo, que introdujo en el país la música más avanzada que se hacía en aquél entonces en el mundo, la “underground”, y que poco después tocaría también el gru
po catalán, Máquina, pero a años distancias de ellos. El nivel de calidad e inteligencia musical de los cuatro componentes estaba (y aún está) por encima de la media de los grupos españoles, y cuando se les cogía “calentitos”, con el "duende" que caracterizaban a los viejos cantaores de flamenco, lograban composiciones admirables, lejanas de lo subterráneo, y próximos a cuando los Beatles se ponían en plan ingeniosos (por ejemplo, el tema “Forever Walking”.)

En los años en que Smash surgieron era difícil, para un grupo de las afueras de Madrid, la promoción, y aún más complicado, la grabación de discos. Tenías que estar introducido en la mafia que controlaba el mercado, o hacer algo “curioso” que les obligara a aceptarlo. El grupo vivía de actuaciones en directos en los pocos club y pub que por aquel entonces había, también de conciertos en teatros, y que yo recuerde, sólo sólo una vez acudieron a la TVE, cuando comenzaron a comercializarse con la música fusión-flamnenco que al final hicieron.

Su discografía está compuesta de varios sencillos y dos LP que grabaron uno en 1970, “Glorieta de los Lotos”, y el siguiente en 1971 “We come to smash this time”. A finales de este año se uniría al grupo Manolo Molina, como cantaor y guitarrista de flamenco, y grabarían el sencillo con el que más se conocerían “El Garrotín”, investigando en el nuevo estilo que crearía tendencia más adelante, pero que personalmente, a mí no llegó a convencer jamás. En el año 1973 se disolvió por conflictos internos (fuertes personalidades de Julio y Gualberto) y en 1979 moriría Julio Matito, con lo que acabaría con los pocos intentos que hubo de reunificación. Gualberto ha continuado con la fusión del rock con la música flamenca y la hindú; Antoñito ha colaborado con otros como Kiko Veneno, Pata Negra, Silvio, y actúa aún en locales musicales, acompañado de un grupo. En algunas ocasiones se han vuelto a reunir para conmemorar con un concierto la creación del grupo. Si tuviera que elegir entre sus muchas canciones tal vez elegiría “Scouting”, la bellísima “
Look at the raimbouw”, “Light blood, dark Bleeding”, “It´s Only Nothing”, y sobre todas “We Come to Sash the Times”, genial.

Para quien no los conocía, espero que el hallazgo les haya gustado, y para los que sí sabían de ellos, pues buen recuerdo.


jueves, 18 de febrero de 2010

Los compromisos sociales

Cuando se llega a cierta edad se transforma en cotidiano andar yendo al hospital o al cementerio, y siempre dando gracias a que sólo sea de visita. No es que los enfermos o los muertos de los demás no te importen, pero, a fuerza de ser sincero, te afectan, indiscutiblemente, menos.

Hoy ha sido uno de estos días, donde el compromiso social al que todos, alguna vez en nuestra vida, nos vemos obligados a cumplir, me ha llevado a asistir a un funeral del padre de una persona cercana, al cual no conocía. Lo primero que te sorprende, nada más llegar a la iglesia donde se oficiaba la misa, es comprobar lo arraigado que está aún este concepto del “cumplir” en el mundo rural (no he dicho que el finado vivía en un pueblo), donde “el qué dirán” pesa todavía mucho y la gente acude a estos actos sólo para que los vean, y no por el aprecio que sintieran por el difunto en vida.

Además, no hay nada más adecuado para ponerse al corriente de las habladurías de los últimos meses en el pueblo, de las enfermedades de los parientes y allegados, de la competición por imponer quien tiene más pies de olivos y quien más gorda la cartilla; ahora la iglesia, o lo que es lo mismo, la antesala de ella, se ha convertido en el nuevo ágora que sustituye al caduco velatorio que los flamantes tanatorios han mandado al paro. Aquello sí que era un acto social por todo lo alto, con su anís y sus dulces, el repaso y puesta al día de los últimos chistes, el comentario escatológico de los últimos actos donde acudieron, etc., del que, este actual, sólo ha sabido coger su parte más superficial y menos comprometida.

Porque no me dirán ustedes que no encerraba compromiso y comprensión, pasarse toda una noche en “planta”, sin apenas una silla de enea para sentarse, a base de copazos de aguardiente y de cientos de chistes que, al final, acababan siendo “verdes”, para más tarde, de mañana, volver al trabajo, regresar a casa, y acompañar al difunto al cementerio, con sólo tres taxis para un ciento de personas, a las que no les quedaba más remedio que el autobús, o caminando. Ahora, no. En la iglesia se acaba el compromiso. En ocasiones corre el riesgo el muerto de tenerse que ir él solito para el cementerio. Después del pésame a la familia, -eso sí, todos afectadísimos, algunos incluso más que los propios allegados- nadie quiere saber nada más del entierro. Y ahí se queda en la puerta de la iglesia el féretro, esperando que alguien le eche una mano al de la funeraria para introducirlo en el coche, -con esto de la crisis, también andan reduciendo personal- y poder conducirlo al lugar de su último y definitivo descanso.

Hasta las cosas que debieran ser serias, con nuestra actitud de hipocresía las llegamos a convertir en crueles parodias. Nada nos detiene en nuestra estrategia interpretativa.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...