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lunes, 5 de julio de 2010

En un mundo de solitarios



El solitario pertenece a un mundo habitado por miles de seres que conviven y se entremezclan socialmente, por la necesidad perentoria que tienen de no sentirse solos. Los empuja la sensación de protección que da saberse masa, como les ocurre a las aves al unirse a la seguridad que supone la bandada, o a las gotas de agua, que por sí solas no suponen nada y todas juntas componen un océano. Pero cada uno de nosotros cargamos con nuestra diversidad, nuestros complejos y nuestras tristezas. Siempre a donde vamos, llenos de soledad y temor, soledad entre nuestros iguales, en una difícil conjugación de diferencias que imposibilitan nuestra total identificación con el que tenemos al lado, temor al encuentro, al futuro, al implacable destino y al terrible, por fin, desencuentro.

Paseamos por cualquier avenida repleta de gente y lo único que nos une a todos los viandantes es la soledad que reflejan nuestros cuerpos. Llenamos los estadios de fútbol con miles de espectadores que se están desgañitando, y es la soledad la que nos identifica a todos. Buscamos la compañía de la pareja, del amigo y seguimos siendo el mismo solitario, esta vez bastante mejor acompañado.
Cuanta más gente nos rodee, más fuerte es la sensación de soledad que nos embarga. Para este síntoma no hay medicina probada que responda. Es cuestión de paciencia y esfuerzo, la rehabilitación de tu estima, de tu mente, es esencial para redescubrir tu sitio. Algunos se desesperan por el dolor que produce y salen a la calle a buscar el remedio. Rebotan una y otra vez contra la contundencia del resultado. La soledad es una epidemia contagiosa que llevamos allá donde el ser humano se traslada. Su curación es complicada. Dicen de ella que es el cáncer del alma. Estás destinado a la muerte: si no acaba contigo el apartamiento, lo hará, indiscutiblemente, la tristeza.

La soledad sólo se cura con presencia, con deseo, con convencimiento. Saber que pertenecemos a una especie destinada a vivir en un mundo repleto de gente en la que todos estamos solos, es un primer y buen paso. Luego viene la aceptación, el creerte, de verdad, que tú no eres tu enemigo y que por lo tanto, no debes tenerte miedo ni huir de ti. Cuando reconozcas que el hombre es un lobo solitario que es capaz de vivir consigo mismo sin hacerse daño, entonces comenzarás a estar en el camino. Lo que nos pierde, lo que a veces nos confunde, es creer que nuestra salvación depende de los demás y que rodeándonos de un número superior de personas, dejaremos de estar menos solos. Es la trampa que nos ponemos y en la que, generalmente, caemos: el hombre acompañado no es más que el espectro taciturno del hombre solitario. Rodeados de muchas personas, eso sí, pero rodeado de solitarios. El hombre no tiene escapatoria, por eso creó la colectividad, para creerse que vivía acompañado y que, por fin, vencería a la soledad. Esfuerzo fallido. Sólo el día en que el solitario se reconozca y acepte, lo habrá logrado.

domingo, 4 de julio de 2010

¿Dónde está la crisis?

Imagen: Rtve.es



Que me perdonen los que realmente lo están pasando mal, les puede quedar claro que no me refiero a ellos. Hecha esta necesaria puntualización, paso a meterme de lleno en el tema que, me da la impresión, creará polémica, porque si hay algo que no toleramos los españoles, es que nos pongan un espejo delante que, con resuelta osadía, refleje nuestras posibles deficiencias.
Ayer volvían a colapsarse las salidas de las grandes ciudades en la acostumbrada huída de sus habitantes hacia el lugar de vacaciones. Viendo las imágenes en los informativos, uno no puede dejar de preguntarse: ¿Dónde está la crisis? Esta apreciación viene avalada también por la dificultad de encontrar una mesa libre, incluso un pequeño hueco en la barra, para poder tomar una cerveza: el lleno es total, lo mismo da que sea a principio o final de semana, la imposibilidad es la misma, y la gen
te no consume una mera cerveza con altramuces o cacahuetes, ¡que va!, las mesas están bien surtidas de raciones de todo tipo, hasta del apreciado, pero caro, marisco. Ocurre que si pretendes salir un día y sentarte en una mesa, tienes que hacerlo cuando aún no ha desaparecido por completo el sol, porque si lo haces más tarde, cuando en verdad apetece, puedes regresar a casa en peores condiciones que cuando salistes: derrotado, sediento y cansado, porque la búsqueda de la apreciada mesa en el laberinto de bares que que existe en la zona, ha sido imposible.

No entro a cuestionar aquí si tenemos o no derecho a desconectar del trabajo y recargar las pilas, ni mucho menos a tomarnos un par de cervezas. No podría caer en ese simplismo en el que generalmente entra todo aquél que sospecha que no hace lo correcto. El debate y el análisis, deberíamos centrarlo en un solo dato: ¿Podemos permitírnoslo? Ese sería el nudo gordiano a resolver. Porque una cosa es que tengamos, después de tantos meses trabajando –quien tiene esa suerte- la necesidad y el derecho a unas merecidas vacaciones, y otra muy distinta es que nos la podamos permitir sin hipotecar la estabilidad económica de la casa. Yo tengo siempre presente el ejemplo de mis padres –y, como ellos, la de muchos más-, donde lo que siempre primaba era el que todos los días no nos fuésemos a la cama sin las tres comidas principales, y de que no nos faltara a ninguno de los hijos, un par de zapatos y ropa que ponernos. Lo demás, era secundario. Mis padres jamás tuvieron un día de vacaciones y nunca se endeudaron para conseguirlo. Los niños de mi ambiente, tampoco supimos de veraneos y ninguno, que yo recuerde, está traumatizado por no haberlo hecho.

La diferencia está en que hoy se han roto los esquemas de clases. Aquí, un buen número, juega a copiar. Puedas o no. Antes, nacías en un determinado estrato social y, generalmente, en él morías. No se tenían aspiraciones que no correspondiesen a tu situación social, nunca tratabas emular a las clases pudientes. Como mucho, luchabas para abolir las injusticias sociales y las diferencias tan grotescas que existían entre unas y otras. Pero hoy –maldita televisión, el daño que nos está haciendo- la clase trabajadora se ha desclasado. Reconozco que es bien difícil sustraerse al bombardeo que los medios de comunicación nos somete cada vez que se produce esta estampida. Llegas a correr el riesgo –si no tienes claro determinadas cosas- de creerte un infeliz desgraciado. De que todo el mundo, menos tú, viaja. Se siente incómoda en su parcela y pretende y se obstina en vivir y parecerse a la clase pudiente, acogiendo de ella sus defectos y sus frivolidades. De hecho, esto no es más que la constatación de la falta de integración de la clase trabajadora en las organizaciones sociales, la ausencia de ideales de justicias y de principios solidarios, lo que se concretiza en la falta de presencia a los actos reivindicativos que se organizan en sus ciudades y en la crítica más severa y fascistoide que realizan contra cualquier reivindicación que algún sector de trabajadores con problemas, realiza.

Lo peor del caso es que el gobierno no es ajeno a esta realidad. Siempre tiene alguien que lo informa de la realidad social del país, si no, cómo iba a tener el valor de emprender los recortes sociales tan drásticos que ha realizado. Bien saben los gobernantes que hay margen y que la gente no se echaría a la calle. Siento decirlo, pero la clase trabajadora ha perdido el norte. Me reitero en lo de que todos tenemos derecho a todo, pero cuando se puede, sin intentar aparentar lo que no somos ni podemos costear. Esto se debe a que nos hemos dejado “desamueblar” la cabeza con mensajes que nos inducen al desenfrenado consumismo, a la búsqueda del paraíso en territorios lejanos, ignorando que éste está mucho más cerca de lo que nos imaginamos. Hace falta aceptar la realidad y si no estamos de acuerdo con ella, intentar cambiarla, jamás mimetizarnos.

sábado, 3 de julio de 2010

Iván Sáinz-Pardo: "El laberinto de Simone"



El corto de hoy, “El laberinto de Simone”, del madrileño Iván Sáinz-Pardo, corresponde a un inquieto, valeroso y capaz realizador español, conocedor del medio en el que se mueve y por el que siente verdadera pasión. La escasez de medios financieros los compensa con inteligencia, dedicación y abnegado esfuerzo, algo de lo que, por desgracia, carecen muchos de la profesión en este país, y que se obstinan en seguir haciendo cine. En palabras suyas, “para contar con dignidad una historia mediante el cine, lo más importante es la voluntad, el trabajo y la ilusión”, y también, algo de vital importancia, Iván, la genialidad.

Esta última actitud no le falta a “El laberinto de Simone, segunda película que realizaría en formato de cine, rodada en 2003, y con la que recibió más de 60 premios internacionales. El corto dura 15 minutos, pero te deja más lleno que cualquier película de las que se hacen en la actualidad de 160, moda, que no sé por qué, se está implantando ultimamente. El guión es todo un alarde de psicología, con continuos regateos al espectador para que nunca sepa en qué espacio se mueven los personajes, resuelto magistralmente al final –cuando ya creías haber dado con la clave- dejando a la interpretación personal de cada uno, la resolución de la incógnita: ¿son los demás productos de n
uestros sueños, o tal vez ocurra a la inversa, que nosotros sólo seamos el resultado de la imaginación de los demás?
Simone es una
niña de 11 años, introvertida, misteriosa, necesitada de atención, lógica consecuencia de la separación de sus padres y la convivencia con una madre depresiva y alcohólica que la tiene olvidada. La niña urde una trama para entrar en la mente de la madre y hacerle ver, a través de un trágico sueño, la carencia afectiva que tiene de ésta.
Lo malo, es que algunos sueños no tienen retorno...


Ficha técnica:

País: España / Alemania
Director: Iván Sáinz-Pardo
Guión: Iván Sáinz-Pardo
Reparto: Laura Sonntag, Catherine H. Fleming, Hilmar Henjes y Andrea Losleben
Música: Philipp F. Kölmel
Fotografía: Holger Diener





viernes, 2 de julio de 2010

Rafael Lozano: "¡Vamos, campeón!" (Microrrelato)







El sábado marcaba el punto final de una etapa. Tras él, empezaba a vislumbrar el disfrute que la salida al campo producía en mí, generalmente, todos los domingos.

Mientras tanto, el tiempo se quedaba atrapado en una tela de araña imaginaria que hacía chocar, estrepitosamente, mis ansias una y otra vez, contra el viejo reloj de pared que fustigaba mis sueños.

Siempre temiendo que no llegara el momento de la partida, hasta que la mano cariñosa de mi padre, sobre mi adormecido hombro, animaba a levantarme: ¡Vamos, campeón! Estabas soñando. 





jueves, 1 de julio de 2010

Nueva víctima del terrorismo machista: Hoy Granada


Nueva víctima del terrorismo machista:

Hoy, 1 de julio de 2010, ha sido asesinada en Pinos Puente (Granada) en acto terrorista, Rafaela R.C. Esta sí había denunciado, Sra. Ministra, y de qué poco le ha servido.

¿Qué ha hecho Zapatero y su ministra de “igual-da” para que no sucediera?
¡Nada! Como las anteriores veces.

En Andalucía hace la número 10

A nivel estatal son 36 (aquí nadie se pone de acuerdo, nadie lleva bien la cuenta: unas veces son 34, otras 39 y a la siguiente asesinada, 32; todos juegan al despiste)

Mientras siga ocurriendo, se lo seguiré preguntando, Sr. Presidente: ¿Cuándo se las protegerá como a ustedes los políticos?

Por una Caja de Ahorro Andaluza


Parece ser que las circunstancias económicas están resultando más eficaces que la propia razón, para que los distintos partidos andaluces y los rescoldos de pasadas taifas locales que aún perduran en nuestra tierra, hayan llegado a la conclusión de que Andalucía necesita –si queremos que el ahorro de los andaluces se reinvierta en el territorio- una Caja Única y fuerte, que pueda competir con el resto de cajas importantes del estado. Sólo de esa manera, el dinero que depositemos en ella servirá para financiar proyectos empresariales autóctonos, y no, como sucede actualmente, para el enriquecimiento de otras comunidades.

El primer paso para conseguir este objetivo lo dieron ayer los responsables políticos en una reunión que mantuvieron con el presidente de la Junta de Andalucía, en la que todos coincidieron en la necesidad de que Cajasol, Unicaja y Caja Sur, sean el embrión primario de ésta necesaria Caja Andaluza (por cierto, esperemos que a la hora de bautizarla, no marginen el nombre de Andalucía, tomemos ejemplo de otras comunidades) que, en principio, no apuesta por Caja Granada que mantiene contactos con otras entidades ajenas al territorio.
Este es un gran paso. Si se consigue, debemos felicitarnos todos. Ya era hora de que el dinero de los andaluces sirviera para financiar proyectos de la tierra. A ver si seguimos con el ejemplo y también se montan fábricas envasadoras de productos agrícolas y no los mandamos a Murcia, Valencia, etc., que luego adquirimos en las tiendas con el valor añadido que ha producido en la comunidad donde se ha elaborado el proceso industrial.

Ahora queda por solucionar el gran escollo que representa el potencial humano que tienen estas entidades. Sabemos que al practicarse la fusión, las oficinas bancarias se duplicarán y, en algunos casos, triplicarán. Cuidado con lo que hacen con los trabajadores. Andalucía no puede permitirse más parados. La readaptación hay que hacerla con cabeza y sensibilidad, sobre todo con esta última, y que no primen solo los datos económicos en la creación de esta necesaria Caja Andaluza, que, esperemos los resultados, parece que empieza a ponerse en marcha.
Cuidado también con los localismos a la hora de establecer la oficina central. Ya está bien de enfrentamientos pueriles: si Madrid y Valencia no han tenido problemas para conseguirlo, nosotros debemos tenerlo mucho más fácil. Andalucía entera, al fin, es lo que cuenta, no los intereses de una sóla ciudad. A la hora de la negociación, tengámoslo en cuenta. Y que sea pronto y feliz el parto. Enhorabuena a los que han posibilitado este paso
.



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