Federico García Lorca: "Vuelta de paseo"
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*VUELTA DE PASEO*
Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cab...
Hoy es un día de celebraciones para los que hicieron difícil la llegada de lo que tenemos. Para los que creemos que esto sólo es el principio, que se convierta en otro más reivindicatico.
¡Adelante!
(La bandera fascista que aparece en el edificio pertenecía a Fuerza Nueva que, en un acto de provocación, -como ocurrió en Málaga y el resto de ciudades, y que el gobierno de la UCD, del "prestigioso" Adolfo Suárez, no quiso evitar-, bombardeó a los componenetes de la manifestación con cientos de botellas de vidrio que habían acumulados en la terraza, y que luego, en un acto de autodefensa de los manisfestante, la policía protegió y evacuó del edificio a los fascistas y cargó contra las personas que habían sido agredidas por los cachorros negros.)
Cuando los actos de protestas y las movilizaciones reivindicativas son asumidas –y lo que es aún peor, dirigidas- por los estamentos oficiales, éstas acciones comienzan a perder la esencia primaria que las motivaba, y se transforman en auténticas verbenas gubernamentales, donde la ocasión de poder exigir la reparación de injusticias históricas contra la comunidad, queda acallada por el discurso vacío y las actividades folklóricas.
El primer paso que se dio en este camino para silenciar el clamor de los andaluces en sus demandas de reconocimiento del pasado histórico, fue la de cambiar la fecha del 4de Diciembre(más combativa), que era la habitual, por la del 28-F, (más festiva.) Y no es de extrañar esta determinación, porque ¿qué actitud se puede esperar de personajes que, en los años 70, se mofaban de la bandera en la que hoy se envuelven, y a la que, en tono de burla, llamaban “la bandera del Betis” (palabras de Alfonso Guerra, busquen en las hemerotecas) y, al padre de la patria, Blas Infante, “ese moro negro”, (también de la cosecha de Alfonsito, que siempre fue de lengua rápida y viperina)?
En la actualidad, el carácter reivindicativo que en su día tuvo esta fecha se ha ido difuminando, ocultándola en una celebración oficialista en la que los socialistas jamás han creído, recayendo la labor de denuncia en manos de sectores que poca o ninguna influencia tienen sobre la sociedad, ni fácil el acceso a los medios de comunicación. Realidades como la del subdesarrollo económico de la región (26% de tasa de desempleo, la segunda más alta del estado); el fracaso escolar por falta de inversiones en esta materia (la segunda más baja); la carencia de industrias, haciendo depender la economía sólo del turismo y la agricultura, dos sectores en visible retroceso; la deficiente sanidad (aunque seamos noticias, de vez en cuando, de maravillosos transplantes, la gente se sigue muriendo aquí de un simple resfriado), hacen que las motivaciones por las que salíamos a la calle los 4 de diciembre, aún sigan estando vigentes. Se cumplen ahora 30 años de autonomía y Andalucía continúa estando en el furgón de cola del país, el mismo sitio que ocupábamos antes de acceder a ella. Queda claro que lo que se pretende con festividades como estas es que el pueblo andaluz se acostumbre al hecho lúdico y se adormezca en su actitud reivindicativa, para que no se percate de las desigualdades que, frente a otras comunidades históricas del estado, tenemos.
Andalucía aún tiene pendiente su reconocimiento histórico a nivel de estado, y de que los propios andaluces, de una maldita vez, nos lo creamos. La cultura milenaria de esta comunidad ha sido obviada por el centralismo madrileño, mientras tenía las competencias, y sigue siendo arrinconada, por la autonómica. Culturas como la tartésica, fueron incluidas por los historiadores al uso, como de ibérica, cuando no, por fenicia, creando un revoltijo histórico con el único propósito de usurparnos la importancia y el esplendor que un reino andaluz como el de Argantoniotuvo en el siglo VI a.C.
También es hora de acabar con la falsa leyenda que recae sobre Al-Andalus. Ni eran árabes los habitantes de estas tierras, ni los invasores reconquistaban nada. Fue una agresión, disfrazada de guerra religiosa, de todas las fuerzas interesadas de Europa, para apoderarse de las riquezas y los adelantos que poseía este reino. Que quede claro. Aquello fue un saqueo en toda regla y, desde entonces, Andalucía no ha vuelto a levantar la cabeza, teniendo a este territorio durante más de 500 años en una situación de esclavismo; algunos aún recordamos la miseria que recorría, hasta hace bien poco, nuestras calles. Reivindicar, también, el carácter netamente andaluz del Califato de Córdoba, el del reino Nazarí de Granada y el del culto Al-Mutamiden Sevilla. Vuelvo a repetir mil veces si hace falta: si a Juan Carlos se le considera ciudadano español, nuestros antepasados reyes andaluces deben ser reconocidos de igual manera, ya que los respaldan razones históricas y derechos adquiridos por nacimiento.
También tiene aún pendiente la reforma agraria que acabe con los grandes latifundios que mantienen la propiedad de esta extensa tierra en manos de unos pocos terratenientes; la creación de zonas industriales que dé trabajo a los ciudadanos, y nos haga menos dependientes de las demás regiones (no se puede aceptar que la producción agrícola andaluza, se envase en empresas de otras comunidades, como ocurre ahora); la exigencia de una Hacienda netamente Nacional, independiente de la estatal, para que todo aquel empresario de fuera que se aproveche del consumo de los ocho millones y medio de andaluces, dejen sus impuestos aquí, y no los ingresen en la comunidad donde tienen el domicilio fiscal; y por fin, lo más importante: que los andaluces tomemos conciencia de pueblo y de lo que significó nuestra extraordinaria historia, y abandonemos, cuanto antes, esa mentalidad españolista que los vencedores nos inculcaron; Andalucía no será jamás libre hasta que nosotros no hayamos logrado quitarnos las cadenas y que políticos honestos que defiendan a su pueblo, sin estar hipotecados a las prebendas del cargo ni a las directrices de Madrid, tomen las responsabilidades del gobierno de la comunidad.
Que tengamos un reflexivo día de Andalucía y no acudamos a las representaciones títeres que nos ofrecen los que no creen en esta tierra.
Cuando yo era niño, la enseñanza se elegía como una profesión vocacional, a la que acudías, repleto de intenciones, con la voluntad utópica de ayudar a formar nuevos individuos que enriquecieran con sus conocimientos la sociedad. Pero desde hace algún tiempo, este proyecto creativo se ha venido abajo, con la colaboración (¿quizás sería más correcto llamarlo desinterés?) de los distintos gobiernos que se han sucedidos en la democracia y la despreocupación bochornosa de la nueva generación de padres, más preocupados porque el niño no les incordie, que del progreso educativo de éste.
El resultado normal que produce esta inhibición por parte de dos de los elementos que debieran ser básicos en esta empresa, es el que se vive actualmente en la escuela, que de ser en el pasado una fábrica de valores y conocimientos, ha pasado a convertirse en un aparcamiento, donde los padres depositan a sus hijos para que les dejen tiempo y espacio en sus quehaceres diarios, y la administración, los tiene “recogidos” (sin preocuparles cómo ni la escasez de medios) para contentar a esos progenitores que son una buena cantera de votos. Para los que tenemos un hijo en la enseñanza, cada mañana -como los padres que tienen al hijo minero- nos quedamos con la incómoda incertidumbre de lo que le pueda ocurrir en el desempeño de su trabajo. Un día es el alumno, otro los padres, la custión es estar siempre con la muleta en la mano toreando las embestidas que les produce una profesión que, teóricamente, no está considerada de riesgo.
A nadie le preocupa hoy la enseñanza y la involución que está sufriendo; los padres por pasotismo y comodidad (es bastante cansado estar pendiente del progreso educativo de tu hijo y aún más, ponerte un rato todas las tardes para apoyarles en sus tareas escolares), y los políticos, porque sus hijos tienen el problema resuelto y, aunque peque de malvado, porque para los que gobiernan, un pueblo sin formación y conocimientos, es más manipulable. Esta es la triste y terrible realidad de la enseñanza en España y la complicada realidad que viven los maestros y profesores de este país a diario, una prueba harto difícil para seguir psicológicamente estable durante muchos años. Ahora quiere retomar Zapatero el tema del pacto por la educación, y me temo, que, como en casos anteriores, el sector de los implicados y que mejor puede opinar sobre la materia, quedará, una vez más, marginado en estos contactos que tratan de solucionar el problema que los políticos han creado.
Lo que transcribo a continuación no es más que la triste realidad de una clase en cualquier centro de enseñanza pública de España. Una clase de 60 minutos, donde los primeros cinco los pierdes pidiendo que se sienten; otros cinco en que bajen las piernas de las mesas; cinco más rogando que se quiten las gorras; otros cinco explicando que en el aula no se come; y cinco más exigiendo que apaguen los móviles, con lo que de un tirón hemos perdido media clase y las ganas de seguir en el intento de acabarla. Esta actitud, si no generalizada sí bastante frecuente, termina con la integridad psíquica de cualquier ser humano, aunque estos sean profesores.
"Esta trascripción, aunque parezca exagerada, es verídica y exacta. Esto es una clase con 1º ESO (11/12 años) un jueves a 5ª hora. Sólo es un ejemplo. Los nombres de los alumnos son ficticios para que su ignorancia quede en la intimidad de la clase. Yo: Bueno chicos, hoy vamos a estudiar el vocabulario de las comidas en inglés: copiad estas 5 categorías (las escribo en la pizarra) y escribís en cada columna todas las palabras que os sepáis. Amanda: ¿En inglés? Yo: Sí, mejor que en Ruso, en inglés. Luis. Profe, ¿cuántas categorías? Yo: 5. Las que hay en la pizarra. Luis: A mi no me caben. Yo: Pues prueba a poner la hoja apaisada Luis: ¿Qué significa apaisada? Yo: Horizontal, o sea: así (lo demuestro) Juan: ¿Qué título ponemos? Yo: Prueba con “Food”, que es el que he escrito en la pizarra. Fran: ¿Puedo hacerlo a lápiz? Yo: No, no puedes. Ya sabes que en el cuaderno sólo se escribe con bolígrafo. Jessika:¿Cómo se dice pepino? Yo: He dicho que escribáis el vocabulario que sepáis vosotros. No el que sepa yo. Noel: ¿El huevo es una verdura? Yo: No, no es una verdura Federico: ¿Qué título ponemos? Yo: Lo he dicho ya dos veces. Amanda: ¿Se puede poner “rechicken”? Yo. No, porque repollo no se dice así en inglés (risas generalizadas) Nieves : ¿Cómo se dice calamar? Yo: He dicho que escribáis el vocabulario que sepáis vosotros. No el que sepa yo. Jesús : ¿Hay que escribirlo en el cuaderno? Yo: Pues a no ser que quieras escribirlo en la mesa... Ricardo: Profe, ¿Pero, qué hay que hacer? Yo: ¿Pero tú te has lavado las orejas esta mañana? Nieves : ¿Puedo poner zumo en la categoría de postres? Yo: Mejor ponlo en la de líquidos. Fran: ¿Puedo poner pollo en la categoría de postres? Yo: En este continente, no. ...................................... 10 minutos después. Yo: Bueno, ahora vamos a empezar. Levantáis la mano y vais diciendo palabras; yo las escribo en el encerado. Empezamos con las verduras. (Levantan la mano 10 alumnos y todos gritan a la vez distintas verduras) Brócoli! Carrots! Salad! Pepination! Eggs! Yo: He dicho que los huevos no son una verdura. Y por favor, levantad la mano y esperad a que yo os nombre para decir la palabra porque no tengo 10 orejas para entenderos a todos al mismo tiempo. ¡Arturo, no le pases notitas a María que se las leo al resto de la clase! Arturo: ¿Con cual empezamos? Yo: Con las verduras. Empieza tú, Marisol. Marisol. Es que se me ha olvidado el cuaderno en casa. Yo: ¿Y qué llevas haciendo estos 15 minutos, criatura? A ver, hazlo tú, Pepe. Pepe: ¿Quién, yo? Yo: Eres el único Pepe que hay en la clase, así que vas a ser tú. Pepe: Orange Yo: La naranja me la pones en frutas, por favor. Juan: Profe, el otro día oí un chiste verde, ¿puedo contarlo? Yo: Pues aunque haya verduras de por medio, no, no puedes contarlo. María: ¿Esto cae en el examen? Yo: Bueno, puede que tengáis suerte y para entonces esté recuperándome de esta clase en un sanatorio mental, y entonces no habrá examen. Todos: BIEEEEEN!"
Juzguen ustedes mismos. Así no puede seguir nuestra enseñanza.
Andalucía, por lo que se ve, está condenada a sufrir hasta los últimos días de su existencia, la plaga de “sus señoritos”. Si no nos bastaban con los clásicos que, desde hace quinientos años, han recorrido nuestras tierras con los mismos efectos devastadores que las plagas de langostas sobre Egipto, ahora, desde hace tres décadas, ha surgido una nueva, al amparo de la política, aún más agresiva y dañina que la otra, pues tienen todos los elementos audaces que conllevan la juventud y el descaro que les proporciona el sentirse protegidos por el partido y la “compresión” de los respectivos compañeros.
“Por sus hechos los conoceréis”, sentenciaba el evangelio, y esta sentencia es la que hay que aplicar a la actitud que practican un elevado número de miembros del partido socialista en la comunidad. Su carrera desenfrenada por mimetizar a los caciques que desde la invasión castellana hemos tenido que padecer, les ha hecho perder la cabeza y no se paran ante cualquier dificultad para lograr su objetivo. Relatar el largo número de casos que ha salido a la superficie en los años que llevan de gobierno es una labor algo tediosa, cuando ya es bien conocida por la opinión pública a través de los medios de comunicación. El caso que me incita a escribir es un nuevo acto de utilización del poder que se ha producido en el entorno del Ayuntamiento de Sevilla (los últimos meses le crecen los enanos: cobros de comisiones ilegales –los famosos maletines- a empresarios, venta de los terrenos de Merca-Sevilla a una empresa “amiga”, etc.): la adjudicación en el año 2006 de una caseta de feria, de propiedad pública, para el concejal socialista de este ayuntamiento, Alfonso Mir y de la que se han beneficiado el futurible nuevo alcalde de la ciudad, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, y otros muchos dirigentes del partido.
Para los que no son de la ciudad y, por lo tanto, desconocen las dificultades que entrañan ser titular de una de estas casetas de feria (hay personas y entidades que llevan solicitándola más de 25 años), el caso les puede resultar banal, pero para los nacidos aquí, sabemos de la “importancia social” que proporciona ser poseedor de una de ellas, y por lo tanto, a estos “nuevos señoritos” sevillanos, su soberbia social, su alejamiento de los principios éticos que, en teoría, debieran defender, su implacable lucha por rivalizar con los señoritos de viejo cuño, no les permite esperar tantísimos años para poder disfrutar del nuevo escalafón social que disfrutan. En una sociedad simplista y vacía de contenidos éticos y morales como la actual, donde lo que más se valora es “el tanto tiene, tanto vales”, el acceso descarado de individuos a la política y a las parcelas de gobierno para lograr escalar posiciones económicas y sociales que no lograrían fácilmente a través de sus profesiones, han convertido la actividad del político, en un trampolín perfecto para la consecución de sus objetivos.
Actitudes como estas, están convirtiendo la política española en un lodazal, sólo apta para desenvolverse individuos sin principios ni escrúpulos morales, a los que les da igual la situación de crisis que padece el país, ni les importa, –aunque luego en las elecciones ejerzan de “rojos”- lo mal que lo estén pasado miles de trabajadores y desempleados españoles. Ellos sólo están pendientes de su bienestar personal y de las posibilidades económicas y sociales que les brinda el puesto que desempeñan, insaciables siempre en los límites de sus pretensiones, sin detenerse a pensar, lo más mínimo, si en sus intentos devoradores derriban el edificio utópico de la sociedad igualitaria. Pertenecen a una nueva élite que más que caminar, levitan, felices, sobre nuestras cabezas.
Conjunto de piezas que componen el tesoro de "El Carambolo"
Para los que se encuentren en la ciudad de Sevilla, hay una exposición, “El Carambolo, 50 años de un tesoro, que se ha prorrogado hasta el 28 de Febrero, y que pueden ver en el Museo Arqueológico de la ciudad, que no pueden dejar de viistar; es la muestra original del Tesoro del Carambolo, hallado casualmente en el cerro del mismo nombre, en el año 1958, y que desde el año 2000 no se mostraba al público.
La muestra, compuesta por las 21 piezas de oro de 950 gramos de peso procedentes del propio tesoro, acompañadas de otras muestras museísticas, hace un recorrido por la protohistoria andaluza, especialmente, la sevillana, y abre, de nuevo, el debate de si estas joyas son tartésicas o fenicias, a raíz de las nuevas excavaciones que se han efectuados en el conjunto del carambolo, y que han dado como resultado, la aparición de un santuario que se cree dedicado a Astarté y a Baal.
La exposición no entra en la discusión que se ha entablado entre los enemigos de situar a la mítica tartesos en Andalucía, y los que aseguran que sí; sólo se limita mostrar y documentar hallazgos y lugares donde se han encontrado, y sus paralelos cronológicos y coincidentes en otras partes del mundo.
La exposición bien merece la pena visitarla para contemplar la belleza y la perfecta elaboración de estas 21 piezas que componen la parte principal de la muestra, además, queda el añadido de que estás presenciando unas joyas que, ya fueran creadas para un rey, o bien, para sacerdotes, la realidad es que asombra ver la perfección con la que se trabajaba hace 2700 años.
Para finalizar, y aprovechando que el Guadalquivir pasa por esta tierra, planteo un interrogante: ¿tan difícil sería que una civilización que fue capaz de levantar los dólmenes de la Cueva de Menga y la del Romeral, en Antequera, o el de La Pastora, Matarrubilla, Ontiveros, en Sevilla, no hubiera podido ser el artífice de tal fabricación? ¿Por qué no pudo producirse una combinación de las dos civilizaciones y el resultado de este mestizaje fuera este tesoro? Ahí queda mi aportación y la intermediación a los dos argumentos extremos. Aprovechen y visítenla, se convertirán en unos adictos tartésicos.
Los sindicatos se echan a la calle. No los moviliza ni la justicia de la demanda que reivindican, ni la defensa de la clase trabajadora que dicen representar, ni siquiera, la vergüenza que debieran sentir por llevar dos años de feroz crisis callados, sin ninguna reacción ante el gran incremento de parados que padece el país. No seamos optimistas y creamos que, al fin, han recobrado la cordura. Nada más alejado de la realidad. Los sindicatos se lanzan a la calle impulsados por la pérdida de prestigio que están adquiriendo, temerosos de que la poca influencia que tienen sobre los trabajadores desaparezca; porque ese es el riesgo que tiene convertirse en “sindicatos oficialistas”, siempre al servicio del gobierno de turno que les mantenga el nivel de ingresos y las prebendas que las simples cuotas de afiliados no les permitiría.
La historia del sindicalismo –al menos en España- nunca ha estado sobrado de buena fama. Durante los años finales del franquismo siempre hubo un fuerte debate sobre el modelo de sindicalismo que se implantaría cuando llegara la democracia, y la verdad es que no hubo mucho acuerdo, pues ya, en aquel entonces, cuando tan fácil era coincidir, teníamos enormes divergencias. Estaban lo dos grandes, CC.OO. y UGT, controlados por dos partidos, el PCE y el PSOE, aunque en el caso de Comisiones convergían sectores comunistas de partidos a la izquierda del PCE, cristianos de bases e independientes, cosa que no ocurría en la UGT, convertida desde hacía mucho tiempo en correa de transmisión del partido.
La actividad sindical nunca fue bien vista en los sectores izquierdista, debido al carácter economicista y poco revolucionario que entrañaba; el sindicalismo, de siempre, nunca se ha planteado el cambio de las estructuras sociales, sólo mejorarlas y, como mucho, hacerlas mas aceptables; además, ya desde entonces, la mayoría de dirigentes sindicales que se conocían marcaban una pauta bien definida del burócrata oficial que reconocíamos en los funcionarios del sindicato vertical franquista, con lo que a muchos nos producía bastante repelús la actividad sindical y sólo la tocábamos de paso, dejándola en manos de aquellos que nacieron para ella.
Aquí no entro a cuestionar la labor de UGT, ya que es un sindicato afín al partido y al servicio de él, aunque Nicolás Redondo tuvo la suficiente dignidad y el compromiso histórico, como para plantarse ante el desenfreno derechista de Felipe González, y hacerle una huelga general. Lo que de verdad me inquieta es la actitud de CC.OO. que, desde la salida de Marcelino Camacho, todos sus continuadores en la secretaría general se han precipitado en una cuesta abajo, donde el afán de protagonismo y el desmedido intento de querer seguir manteniendo los ingresos gubernamentales, lo están convirtiendo en un movimiento regresivo y antisocial, lejos de los intereses reivindicativos de los trabajadores.
Así que cuidado. Esta semana se echan a la calle, no a contradecir a Zapatero ni a cuestionar los recortes que quiere introducir en el mundo del trabajo, ni a responsabilizarlo de la culpa que tenga en esta tragedia del paro que está llevando a miles de trabajadores al submundo del desempleo. Que no nos engañen. Los sindicatos salen a la calle porque ven que el intento de paralización social, después de los cuatro millones y medio de parados, la subida de impuestos, los recortes en prestaciones sociales, etc., es bastante descarado y cuesta mucho trabajo mantenerlo; por eso, en un gesto bastante torpe por complacer al mundo del trabajo, y con el beneplácito del presidente del gobierno, (que quede claro, esta movilización la hacen con su consentimiento) sacan a la calle a los desesperados de España, para que se desahoguen un rato y puedan aguantar otros dos años calladitos y quietos.