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lunes, 30 de septiembre de 2013

Recurriendo al voto del miedo












Desde que el PP gobierna el país, los mercenarios mediáticos  del PSOE andan creando un estado de terror que nos tiene con el alma en un puño.
Por si no resultaran bastantes demoledoras las medidas neoliberales que este gobierno de mentirosos aplica, cada día –mañana, dediodía, tarde, noche y madrugada- se encargan de repetirnos hasta la saciedad lo que la gente ya sabe: que el país se va al garete con tantas subidas de impuestos, con tantos recortes en la sanidad y la educación pública, con tantas reformas laborales y de las pensiones, etc.  
Así un día si y el otro también, tanto es el acoso al que nos tienen sometidos, que ya me parece una eternidad el mandato de Rajoy y maldigo hasta la muerte a todos aquellos desesperados, engañados, desilusionados, asqueados, arrepentidos y avergonzados, que un día dejaron de apoyar al santo de Zapatero, y votaron  al maligno gallego.
No obstante yo veo a la gente tranquila, a pesar del feo panorama y los malos augurios que los voceros del pesebre se encargan de pregonar. No sé si será el instinto de supervivencia lo que los hace inmunes, o tal vez la sabiduría popular, porque a esto de ser listo no hay quien le eche la pata al pueblo.
Ellos dirán que “¿qué problema hay en que Rajoy -abusando de su mayoría parlamentaria- acabe con el estado del bienestar si dentro de poco, un par de años como mucho, de nuevo votaremos al Partido Socialista, o lo que sea, y nos retornará al paraíso de donde estos pésimos gobernantes nos han sacado...?”
Que digo yo, que estos señoritos del PSOE no serán tontos y estarán apuntando en un cuaderno todo lo que se carga el PP, ¿verdad?. Pues si es así, nada que temer, todo solucionado. Dentro de dos años, esa porción de pueblo que baila al son que les toca estas dos grandes orquestas, volverá a votar al partido que nos puteó hace poco, y ellos, los que ahora se escandalizan de los recortes del PP, se lanzarán como auténticos Supermanes a colocarnos donde estábamos antes... Problema resuelto.
¿Comprenden ahora por qué la gente no teme las medidas de Rajoy? Ellos, como sabios que son, saben que sólo es cuestión de tiempo... Y de fe, añado yo, que soy un insufrible ateo. ¿Qué se apuestan conmigo que cuando lleguen al poder no tocan ni una coma, y "donde dijeron digo dicen Diego"?  El tiempo lo dirá.










sábado, 28 de septiembre de 2013

Amanecer: Fotografía




Amanecer en la costa de Almería
 
 
 
 
 
 
Aunque no lo veamos, cada día sale el Sol...
 
 
 
 









viernes, 27 de septiembre de 2013

Mohsen Emadi: "Disparo a la lluvia"








DISPARO A LA LLUVIA



Cuando cierras los ojos
mi yegua se yergue, la pantera merodea alrededor de la aldea
y los duendes se apedrean entre sí.
Pero tú
cada noche me ves como si hubiera asesinado a un dictador,
como si me persiguieran,
a veces abres los ojos y me ves de permiso preventivo
acaso resurgido de la tumba.
Pero mi yegua está en el establo, la pantera en mi mirada
y los duendes ocultos en mis bolsillos.
Afuera llueve y me miras,
no se sabe por qué mi yegua cocea la puerta y relincha,
la pantera me desgarra la vista y lloro,
meto la mano en el bolsillo y ningún duende se agita,
del bolsillo saco la frialdad metálica de un revólver
y disparo a la lluvia.
Cae la cortina del día,
te agarras la cabeza entre las manos,
tu corazón se acelera,
desconocidos arrancan la puerta
y se me llevan arrastrando mi cuerpo por las escaleras,
por el asfalto mojado, por los papeles.
En algún lugar en mitad de las palabras
la orden de disparar quema el papel.
Afuera llueve y me miras,
regreso de mi tumba como siempre.








jueves, 26 de septiembre de 2013

Félix María Samaniego: "El lobo y el perro"









El lobo y el perro (Fábula)



En busca de alimento 
iba un Lobo muy flaco y muy hambriento. 
Encontró con un Perro tan relleno, 
tan lucio, sano y bueno, 
que le dijo: «Yo extraño 
que estés de tan buen año, 
como se deja ver por tu semblante, 
cuando a mí, más pujante, 
más osado y sagaz, mi triste suerte 
me tiene hecho retrato de la muerte.» 
El Perro respondió: «Sin duda alguna 
lograrás si tú quieres, mi fortuna. 
Deja el bosque y el prado; 
retírate a poblado; 
servirás de portero 
a un rico caballero, 
sin otro afán ni más ocupaciones 
que defender la casa de ladrones.» 
«Acepto desde luego tu partido, 
que para mucho más estoy curtido. 
Así me libraré de la fatiga, 
a que el hambre me obliga, 
de andar por montes sendereando peñas, 
trepando riscos y rompiendo breñas, 
sufriendo de los tiempos los rigores, 
lluvias, nieves, escarchas y calores.» 
A paso diligente 
marchaban juntos amigablemente, 
varios puntos tratando en confianza, 
pertenecientes a llenar la panza. 
En esto el Lobo, por algún recelo 
que comenzó a turbarle su consuelo, 
mirando el Perro, dijo: «He reparado 
que tienes el pescuezo algo pelado. 
Dime: ¿Qué es eso?» «Nada.» 
«Dímelo, por tu vida, camarada.» 
«No es más que la señal de la cadena; 
pero no me da pena, 
pues aunque por inquieto 
a ella estoy sujeto, 
me sueltan cuando comen mis señores, 
recíbenme a sus pies con mil amores; 
ya me tiran el pan, ya la tajada, 
y todo aquello que les desagrada; 
éste lo mal asado, 
aquel un hueso descamado; 
y aun un glotón, que todo se lo traga, 
a lo menos me halaga, pasándome la mano por el lomo; 
yo meneo la cola, callo y como.» 
«Todo eso es bueno, yo te lo confieso, 
pero por fin y postre tú estás preso: 
Jamás sales de casa, 
ni puedes ver lo que en el pueblo pasa.» 
«Es así.» «Pues amigo, 
la amada libertad que yo consigo 
no he de trocarla de manera alguna 
por tu abundante y próspera fortuna. 
Marcha, marcha a vivir encarcelado; 
no serás envidiado 
de quien pasea el campo libremente, 
aunque tú comas tan glotonamente 
pan, tajadas y huesos; porque al cabo, 
no hay bocado en sazón para un esclavo.»







miércoles, 25 de septiembre de 2013

Hoy te quiero menos que ayer y mucho más que mañana











Perdonen mi ignorancia, pero ¿septiembre es el mes de las bodas?
Yo sabía que en este mes comenzaba la vendimia y el pisado de las uvas, la recolección de las almendras y la zarzamora, etc., pero esto de los casamientos...
 Nunca vi tantas en mi vida, y eso que soy una persona que no suele fijarse en estos tipos de eventos que me suponía más que superados, pero no, se ve que el personal es masoca e insiste en estrellarse. Dos años para casarse y tres semanas y media para separarse.
Ya sé que la mayoría de ellos piensan que la suya será definitiva, que los anormales son los otros, pero luego llega la cruda realidad y pocos son los que soportan el traumático cambio adquirido.
¡Y yo que creía que después de mí, el noviazgo y el matrimonio se convertirían en piezas de museo!
A la vista de los resultados, habrá que reconocer el fracaso del trotskismo español en su intento obsesivo de instaurar como arma política, en plena transición, su atractiva liberación sexual que a la mayoría de los tíos nos parecía algo alucinante.
Después de tanto destrozarnos la vista leyendo a la Vera Schmidt y al Wilhelm Reich, de tanto revolcón en la cama, de tanto lastre represivo arrojado -supuestamente- por la borda, uno suponía que lo que vendría luego sería el normal apareo animal de los individuos, al margen de convencionalismos esquemáticos y sociales.
Pero he aquí mi sorpresa que con el paso del tiempo descubro que la cosa sigue igual y, si me apuran, se agrava. Los jóvenes se hacen novios cada vez más temprano (hablo, no de intercambiar sexo, sino de comprometerse), y aún son mayoría los que determinan pasar por vicaría antes de vivir juntos.
He de reconocer que en este tipo de eventos juega más la parte folclórica que la amorosa, y sorprende comprobar cómo han aumentado la suntuosidad, la pompa, los fuegos de artificio, máxime desde que el pueblo –queriendo remedar a su envidiada clase pudiente-, ha accedido al teatro de la representación  fantasmal. Ellos de chaqué, dejando ver por encima de la camisa unos enrojecidos cuellos de faena que les delata. Ellas con grandes pamelas, pequeños bolsos y embutidas en diminutos y vertiginosos zapatos que ponen a pruba su nula experiencia. Todos se sientes protagonistas importantes, y allá que se lanzan, al asalto del personaje que ese día les toca representar, caminando como pueden y saben, deseosos de llegar al convite y aflojarse los silicios.
Porque esa es otra. Ahora, todo dios se casa en iglesias de renombre: en la Catedral; en el Salvador; en la Macarena, en la capilla de los Marineros; en el Gran Poder; en la Anunciación, etc. Ya nadie lo hace en la del barrio porque casarse ahí rebaja el nivel del acto. Todo está medido, predeterminado: la iglesia, el vestido, el convite, el reportaje fotográfico, el viaje... Menos el futuro que los ha de recibir. En este no hay quien intervenga y siempre acaba imponiendo los designios que nos tiene reservados.
Hacía tiempo que no me acercaba al centro de la ciudad y la verdad es que daba la impresión de que hubieran pasado cientos de años. Nunca antes había paseado entre tantos replicantes.          







martes, 24 de septiembre de 2013

Juan Luis Panero: Poesía









“Después de tanto pelear y reírme de la muerte,
heme aquí, al final, en sus brazos”.

Rafael Lozano



“Frente a mí, imperturbables, desveladas,
pasan, en silencio, vida y muerte,
evitando, con un rictus cansado,
este fantasma insomne, este papel en blanco,
esta hoguera apagada que perdura”.

Juan Luis Panero





AUTOBIOGRAFÍA

Una casa vacía, otra derrumbada,
un niño muerto al que le cuentan cuentos,
despedidos fantasmas que se desvanecen,
ceniza y hueso, piedras derrotadas.
Cuartos alquilados, repetidos espacios fugaces,
las huellas de los cuerpos en las sábanas,
una pesada resaca sin destino,
voces que nadie escucha, imágenes de sueños.
Innecesarias páginas, gaviotas en la ventana,
mar o desierto, blancos despojos,
signos y rostros en la pared de la memoria.
Sucias pupilas de sol en México, tercos
los ojos redondos de la calavera
contemplan pasado, presente, futuro,
sombras tenaces, metáforas gastadas.
Miro sin ver lo que ya he visto,
humo disforme que se esfuma,
invisible mortaja bajo nubes fugaces.
Humo en la noche y la nada instantánea.

 


EPITAFIO FRENTE A UN ESPEJO

Dura ha de ser la vida para ti,
que a una extraña honradez sacrificaste tus creencias,  
para ti, cuya única certidumbre es tu recuerdo
y por ello, tu más aciaga tumba.
Dura ha de ser la vida, cuando los años pasen
y destruyan al fin la ilusa patria de tu adolescencia,
cuando veas, igual que hoy, este fantasma
que tiempo atrás te consoló con su belleza.
Cuando el amor como un vestido ajado
no pueda proteger tu tristeza
y motivo de burla, de piedad o de asombro,
a los ojos más puros sólo sea.
Duro ha de ser para tu cuerpo ver morir el deseo,
la juventud, todo aquello que fuiste,
y buscar sin pasión tu reposo
en la sorda ternura de lo débil,
en la gris destrucción que alguna vez amaste.
«Es la ley de la vida», dicen viejos estériles,
«y nada sino Dios puede cambiarlo», repiten,
a la luz de la noche, lentas sombras inútiles.
Dura ha de ser la vida, tú que amaste el mundo,
que con una mirada o una suave caricia soñaste poseerlo,
cuando la absurda farsa que tú tanto conoces
no esté más adornada con lo efímero y bello.
Dura ha de ser la vida hasta el instante
en que veles tu memoria en este espejo:
tus labios fríos no tendrán ya refugio
y en tus manos vacías abrazarás la muerte.



EL HOMBRE INVISIBLE

Se mira en el espejo que ya no le refleja,
todo, menos él, aparece en la fría superficie,
la habitación, muebles y cuadros, la variable luz del día.
Así aprende, con terror silencioso, a verse,
no en los gestos teatrales —aún rasgos humanos— de la muerte,
sino en los días de después, en el vacío de la nada.
Inútil cerrar los ojos, estúpido romper el terco espejo,
buscar otro más fiel o más amable.
Es él sólo, el hombre invisible, el que desaparece,
es sólo él, una huella borrada,
que no contempla a nadie, porque es nadie,
la nada en el cristal indiferente de la vida.



ESPEJO NEGRO

Dos cuerpos que se acercan y crecen
y penetran en la noche de su piel y su sexo,
dos oscuridades enlazadas
que inventan en la sombra su origen y sus dioses,
que dan nombre, rostro a la soledad,
desafían a la muerte porque se saben muertos,
derrotan a la vida porque son su presencia.
Frente a la vida sí, frente a la muerte,
dos cuerpos imponen realidad a los gestos,
brazos, muslos, húmeda tierra,
viento de llamas, estanque de cenizas.

Frente a la vida sí, frente a la muerte,
dos cuerpos han conjurado tercamente al tiempo,
construyen la eternidad que se les niega,
sueñan para siempre el sueño que les sueña.
Su noche se repite en un espejo negro.
 
 


A LA MAÑANA SIGUIENTE CÉSARE PAVESE NO PIDIÓ EL DESAYUNO

Sólo bajó del tren,
atravesó solo la ciudad desierta,
solo entró en el hotel vacío,
abrió su solitaria habitación
y escuchó con asombro el silencio.
Dicen que descolgó el teléfono
para llamar a alguien,
pero es falso, completamente falso.
No había nadie a quien llamar,
nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo.
Bebió el vaso, las pequeñas pastillas,
y esperó la llegada del sueño.
Con cierto miedo a su valor
—por vez primera había afirmado su existencia—,
tal vez curioso, con cansado gesto,
sintió el peso de sus párpados caer.
Horas después —una extraña sonrisa dibujaba sus labios—
se anunció a sí mismo, tercamente,
la única certidumbre que al fin había adquirido:
jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.



 ACERCA DEL INCESTO
                                   (Recordatorio de Georg Trakl)

Buscó los labios de su hermana,
sus dientes, con irritante terquedad,
un ligero temblor, un breve escalofrío,
entrechocaban -quizá fuera la droga-
y su figura fue borrándose, disuelta
en la penumbra familiar del cuarto.
Años después,
golpeaban a lo lejos los cañones,
sobre sus sábanas de loco vio alzarse un cuerpo,
su húmedo olor, la longitud del tacto.
Buscó, sin dedos, la boca deseada,
la carne herida del amor y el delirio,
la claridad oscura de la cocaína,
sus ojos y aquellos ojos y algo más.
Besó sus labios en sus propios labios
y sintió arder la sal de su saliva.
Lejos, muy lejos, terriblemente lejos,
una mujer aullaba en el último espasmo.
Con asombro, la muerte dio constancia
de algo que jamás pudo imaginarse:
un estertor sin ruegos y sin llanto,
la agonía de un muerto, el terror de la vida.



OCURRE A VECES, EN LAS CALLADAS HORAS DE LA NOCHE

Ocurre a veces, en las calladas horas de la noche,
al filo mismo de la madrugada,
tras el telón caído de la euforia y del vino.

Unos ojos parpadean, se abren,
nos miran con su última transparencia
y un instante a nuestro lado
su doloroso transcurrir, su apretado paisaje de ternura
muestran, como un mendigo o un esclavo,
la humillada quietud de su tristeza.

Entonces, cuando no hay una sola palabra que decir,
con la avidez que lleva en sí lo fugitivo,
besar, unirse en la húmeda tibieza,
en empapada, áspero de arcilla de otra boca,
donde nada al fin y todo nos pertenece.

Después, igual que el viento
agitando fugaz unas cortinas
la claridad de la mañana nos muestra,
desvelar un instante en la memoria
aquello que una noche, una mirada,
la destruida posesión de unos labios, nos dio.

Lo que ahora ciego tropieza, resbala
por la gastada pared del corazón,
aferrándose terco hacia la muerte,
desplomándose sordo hacia el olvido.


LO QUE QUEDA DESPUÉS DE LOS VIOLINES

Cuando te olvides de mi nombre,
cuando mi cuerpo sea sólo una sombra
borrándose entre las húmedas paredes de aquel cuarto.
Cuando ya no te llegue el eco de mi voz
ni el resonar cordial de mis palabras,
entonces, te pido que recuerdes que una tarde,
unas horas, fuimos juntos felices y fue hermoso vivir.
Era un domingo en Hampstead, con la frágil primavera
de abril posada sobre los brotes de los castaños.
Pasaban hacia la iglesia apresuradas monjas
irlandesas, niños, endomingados y torpes, de la mano.
Arriba, tras los setos, en la verde penumbra
del parque dos hombres lentamente se besaban.
Tú llegaste, sin que me diera cuenta apareciste y empezamos a hablar
tropezando de risa en las palabras, titubeantes
en el extraño idioma que ni a ti ni a mi pertenecía.
Después te hiciste pequeña entre mis brazos
y la hierba acogió tu oscura cabellera.
A veces las cosas son simples y sencillas
como mirar el mar una tarde en la infancia.
Luego la escalera gris, larga y estrecha,
la alfombra con ceniza y con grasa,
tus pequeños pechos desolados en mi boca.
Sí, a veces es sencillo y es hermoso vivir,
quiero que lo recuerdes, que no olvides
el pasar de aquellas horas, su esperanzado resplandor.
Yo también, lejos de ti, cuando perdida en la memoria
esté la sed de tu sonrisa me acordaré, igual que ahora,
mientras escribo estas palabras para todos aquellos
que un momento, sin promesas ni dádivas, limpiamente se entregan.
Desconociendo razas o razones se funden
en un único cuerpo más dichoso
y luego, calmado ya el instinto
y rezumante de estrenada ternura el corazón,
se separan y cumplen su destino,
sabiendo que quizá sólo por eso
su existir no fue en vano.



PIERRE DRIEU LA ROCHELLE DIVAGA FRENTE A SU MUERTE

Al final pienso que tenía razón
-todo el absurdo tinglado del poder,
el cuchillo implacable de la inteligencia,
las sórdidas, políticas palabras,
los arañados proyectos imposibles-,
sí, tenía razón ese día. Me acuerdo bien
cuando pensé, echado junto a ella,
que lo único real era una buena puta,
una piel cálida, unos labios silenciosos, unas manos expertas,
en aquel burdel, cerca de Neuilly, al amanecer.
Por eso, porque creo que tenía razón, soy más culpable
-libros, declaraciones, ideas, lealtades,
el secreto de todo, el revés de la nada-,
cuánto tiempo perdido para llegar a esto,
para recordar, ya sin solución, sus largos muslos,
el sabor espeso de su boca, los rozados pezones.
Llegaba una luz gris sobre la cama,
sobre su culo memorable, inmóvil,
sí, tenía razón, aquella puta
cuyo nombre nunca supe o tal vez he olvidado,
el humo de un cigarrillo, eso es todo, yo tenía razón,
y si no la tenía, ¿qué importa ahora?
 

Y DE PRONTO ANOCHECE
 

“Ed é subito sera”
Salvatore Quasimodo

Vivir es ver morir, envejecer es eso,
empalagoso, terco olor de muerte,
mientras repites, inútilmente, unas palabras,
cáscaras secas, cristal quebrado.
Ver morir a los otros, a aquellos,
pocos. que de verdad quisiste,
derrumbados, deshechos, como el final de este cigarrillo,
rostros y gestos, imágenes quemadas. arrugado papel.
Y verte morir a ti también,
removiendo frías cenizas, borrados perfiles,
disformes sueños, turbia memoria.
Vivir es ver morir y es frágil la materia
y todo se sabía y no había engaño,
pero carne y sangre, misterioso fluir,
quieren perseverar, afirmar lo imposible.
Copa vacía, tembloroso pulso, cenicero sucio,
en la luz nublada del atardecer.
Vivir es ver morir, nada se aprende,
todo es un despiadado sentimiento,
años, palabras, pieles, desgarrada ternura,
calor helado de la muerte.
Vivir es ver morir, nada nos protege,
nada tuvo su ayer, nada su mañana,
y de pronto anochece.

 

NO HAY PALABRAS

Tocas un cuerpo, sientes su repetido temblor
bajo tus dedos, el cálido transcurrir de la sangre.
Recorres la estremecida tibieza,
sus corporales sombras, su desvelado resplandor.
No hay palabras. Tocas un cuerpo; un mundo
llena ahora tus manos, empuja su destino.
A través de tu pecho el tiempo pasa,
golpea como un látigo junto a tus labios.
Las horas, un instante se detienen
y arrancas tu pequeña porción de eternidad.
Fueron antes los nombres y las fechas,
la historia clara, lúcida, de dos rostros distantes.
Después, lo que llamas amor, quizá se torne forzada promesa,
levantado muro pretendiendo encerrar,
aquello que únicamente en libertad puede ganarse.
No importa, ahora no importa.
Tocas un cuerpo, en él te hundes,
palpas la vida, real, común. No estás ya solo.









lunes, 23 de septiembre de 2013

La Luna de la cosecha: Un espectáculo visual de la naturaleza









Los pasados días 18, 19 y 20 de septiembre hemos podido presenciar unas de las noches más  espectaculares del año, la visión de la Luna de la cosecha, también llamada Luna de los vinos, un fenómeno natural que se produce los días previos al equinoccio otoñal, en el cual la Tierra está iluminada las 24 horas, ya que la Luna Llena aparece antes de la puesta del Sol y se oculta poco después de que éste vuelva a salir por la mañana.
Antiguamente los agricultores aprovechaban esta luz para prolongar el día de trabajo en el campo más allá del atardecer y seguir recogiendo su cosecha, de ahí proviene el nombre de esta Luna.
El tamaño es un efecto óptico que no acaba de ser explicado ni por astrónomos ni por psicólogos, pero una luna baja en el horizonte parece más grande de lo que realmente es. El color naranja es un efecto real de la dispersión de la luz.
Si no han tenido la oportunidad de verla, aquí les dejo una serie de imágenes publicadas en distintos medios de comunicación. Disfruten de su belleza.

















viernes, 20 de septiembre de 2013

Oscar Hanhn: "Sociedad de consumo"








SOCIEDAD DE CONSUMO

 

Caminamos de la mano por el supermercado
entre las filas de cereales y detergentes

Avanzamos de estante en estante
hasta llegar a los tarros de conserva

Examinamos el nuevo producto
anunciado por la televisión

Y de pronto nos miramos a los ojos
y nos sumimos uno en el otro

y nos consumimos








 

jueves, 19 de septiembre de 2013

Escultura de Abd al-Rahman I en Almuñécar (Granada)





Escultura de Abd al-Rahman I, primer emir de al-Andalus





 Visitando el pueblo granadino de Almuñécar nos sorprendió encontrar, cuando caminábamos por el paseo marítimo, una escultura de considerable altura del primer emir de al-Andalus, personaje relevante de nuestra historia que puso las bases para crear el fabuloso estado que -con el paso del tiempo-, se  consolidó en tierras de la vieja Iberia.
Es obra del escultor granadino Miguel Moreno, erigida en el mes de octubre de 2005, año en el que se cumplía el 1250 aniversario de su llegada a estas costas.

Abd al-Rahman I, único superviviente Omeya tras la matanza realizada por los abasíes, arribó a las costas de Almuñécar el 15 de agosto de 755.
En 756 fue proclamado primer emir de Córdoba –completamente independiente de Bagdad-, iniciando una dinastía en al-Andalus que alcanzaría momentos de gran esplendor.
Su reinado duró 32 años, parte de ellos, luchando  contra los abasíes que se resistían a su proclamación, y contra los sirios colaboracionistas de Bagdad.

No es habitual encontrarse con homenajes de esta índole en mi tierra. Aquí, todo lo relacionado con el pasado andalusí, o con los personajes destacados de esa época, es considerado despreciable, inasimilable, vergonzoso, teniendo un tufo “moruno” que los vencedores cristianos se encargaron de inocular a través de los pobladores traídos de sus territorios,  además de la gran represión ejercida contra la escasa población autóctona que logró quedarse.
Como muestra, un botón: nuestros reyes pasaron ocho siglos en al-Andalus, y aún se les sigue llamando mandatarios moros o árabes, mientras que los borbones –que sólo llevan en la tierra 300 años-, son españoles de toda la vida, incluida la consorte Sofía.
Así que la visión de tamaño personaje me llenó de satisfacción, más aún cuando descubrí que los gestores que gobiernan actualmente el ayuntamiento de Almuñécar son miembros del PP. No es habitual que este partido respete nomenclaturas y símbolos de ciertos pasados, por eso me congratulo que la alcaldesa de esta localidad haya respetado la escultura que el alcalde de 2005, miembro del Partido Andalucista, había levantado en homenaje a tan significativo personaje.
Debería cundir el ejemplo y sin necesidad de llevar chilaba, ir recuperando la normalidad histórica y asumir que el período andalusí surgido en esta tierra fue un  fenómeno de extraordinaria importancia económica, social, técnica y cultural, no sólo para la atrasada Iberia, sino para el resto de Europa.
Sería bueno que en los libros de historia se considerara a estos personajes como lo que son, nativos de su tierra -ni moros ni árabes-, y que los niños del estado conocieran, respetaran y amaran sus nombres y sus hechos, de la misma manera en que lo han logrado con los reyes godos, los austrias y los  borbones.
Hay que normalizar de una vez el país normalizando la historia.









miércoles, 18 de septiembre de 2013

Las acciones del SAT ¿Asaltos o actos de justicia?











Vivimos momentos de intensa confusión. A los ladrones de guante blanco,  a los parásitos antisociales (lease políticos, curas, militares, policías, etc.), a los saqueadores de las arcas del estado que no tienen ningún recato en tirar millones de euros por las alcantarillas, se les justifica, ensalzan, absuelven y, más de uno, los comprenden y envidian, mientras a los actores de simples acciones testimoniales -que sólo tratan de llamar la atención de una narcotizada sociedad a la deriva-, se les calumnia, recriminan, ofenden y  llaman lo que callan de los otros.
Llamar bandoleros, asaltantes, cuatreros, chorizos, rufianes, y otro montón de lindezas a los activistas del SAT, por "apropiarse" de unos cuantos carros de alimentos y otros tantos de material escolar, que luego repartirían entre la gente necesitada, es el eufemismo más cínico y repugnante que esta sociedad enferma se puede permitir. 
Después de saber cómo nos saquean los políticos; lo que nos cuesta mantener la casa real; o a un ejército y policía que no nos sirve para nada y que cuando actúan, ya sabemos para qué; después de los muchos Bárcenas que sufrimos, de los muchos Urdangarín que padecemos, de los casos Gürtel, Palau de la Música y Filesa,  para la financiación ilegal de los partidos, de la desvergüenza de los ERE, del golferío de los dos sindicatos mayoritarios, que se inflan de mariscadas con el dinero de los parados, etc., llamar delincuentes, bandidos, truhanes, etc. a los miembros del SAT, es para arañarse hacia arriba... Por no soltar una palabrota que llene de inmundicia toda la página del blog.
¿Habráse visto mayor hipocresía? ¡Qué fácil es descalificar con el estómago lleno! 
Yo comprendo que quienes hacen ésto deben de tener contento al amo que los "mantiene" porque todos los meses tienen que  pagar la hipoteca del par de viviendas que poseen,  el buen colegio de sus hijos, las actividades extraescolares, la tarjeta de El Corte Inglés de la santa, el pisito y los antojos del querido o la querida, etc., pero de ahí a lo que llegan a escupir desde las páginas del periódico que casi nadie lee, o desde esas tertulias radiofónicas o televisivas que me recuerdan más a un lavadero de pueblo que a una opinión ecuánime y seria, va un largo trecho. Después que no se quejen cuando algunos les llamamos sicarios, mantenidos, voceros, mamporreros, lameculos, peseteros, etc. Después que no se quejen y soliciten el respeto que ellos no tienen hacia otros.       







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